         UN NEGOCIO ARRIESGADO

         DIANA PALMER


         Resumen
         Amelia Glenn se present en la sala de reuniones de Worth Carson ataviada tan slo con un impermeable y un traje de bailarina. Como consecuencia. Worth
hizo que la despidieran de su trabajo. Lo ltimo que ella esperaba era que l le ofreciera un empleo como acompaante de su abuela, con l nico propsito de conquistarla!
         
         
         Captulo Uno
         
         Amelia se abroch el impermeable y trat de no rer al salir del ascensor en el piso catorce del edificio de oficinas de Chicago.
         Si sus compaeros de trabajo de la empresa de equipo agrcola pudieran verla as. Por la forma en que se estaban desarrollando las cosas en su aburrido 
trabajo ltimamente su aventura era risas ms diversin que un favor pedido por una amiga.
         Al mover las manos, las pulseras tintinearon en sus muecas y tuvo que permanecer inmvil hasta fue su sonido ces, consciente de las miradas curiosas de 
dos hombres que haban entrado con ella en el ascensor. Si supieran lo que llevaba puesto bajo el impermeable!
         Recorri el pasillo en busca del despacho 1411, dnde deba entregar un mensaje especial. Kerrie se encargaba por lo general de ese tipo de cosas, pero 
estaba enferma y Marla Sayers, su amiga, le haba pedido que la supliese. El novio de Marla pensaba gastar una broma a un compaero de trabajo. Slo se trataba de 
un mensaje y Amelia tena el cuerpo adecuado para ello, o al menos eso le haban dicho.
         Era esbelta y bien proporcionada, y posiblemente hubiera encontrada trabajo como modelo sin muchas dificultades. Su pelo negro y liso se agitaba al andar 
y sus brillantes ojos marrones estaban enmarcados por largas pestaas que suavizaban los rasgos perfectos de su cara. Poda ser tomada por una quinceaera.
         Le extra no encontrar a nadie en recepcin. Quiz hubieran salido a comer. Amelia se dirigi hacia una puerta. Se amul de valor ya que nunca haba hecho 
una cosa as y, con la mejor de sus sonrisas, abri la puerta.
         Era evidente que haba interrumpido una reunin de trabajo.
         Un hombre alto, de mirada fra y en mangas de camisa, estaba inclinado frente a una grfica sobre una enorme mesa de roble, junto a l se encontraban dos 
hombres de menor estatura, muy atentos a cada palabra que se pronunciaba. Amelia nunca baha imaginado que Worth Carson fuese tan alto, pero era tan impresionante 
como le haba descrito el novio de Marla. Todo un hombre de negocios, fro como el hielo, no haba nada en el que fuese atractivo para una mujer. S, le habra reconocido 
en cualquier parle. No era nada atractivo. Tena una nariz enorme, cejas pobladas y mandbula prominente, rasgos ms propios de un boxeador que de un ejecutivo.
         -Qu deseas?-pregunt el hombre alto con frialdad.
         Sus ojos eran tan negros como el pelo que le caa sobre la frente
         Amelia le sonri con malicia.        
         -Traigo un mensaje para usted, seor-seal ella y se quit el impermeable.
         Los dos hombres que estaban alrededor de la mesa la contemplaron con la boca abierta de asombro. El ms alto haba adoptado una expresin de disgusto.
         Amelia tena una voz aceptable, nada extraordinaria pero aceptable. Empez a bailar con su extravagante atuendo mientras entonaba una meloda de cumpleaos.
         El hombre alto y moreno no pareca muy contento. De hecho, pareca estar a punto de tirarla por la ventana. Amelia esboz una sensual sonrisa y moviendo 
las caderas provocativamente, se arroj a l con los brazos abiertos, lo cual acentuaba la suave curva de sus senos, cubiertos por un sujetador metlico
         -Feliz cumpleaos, querido -aadi al final de la cancin y se puso de puntillas para besarle en la boca con el mayor entusiasmo que le fue posible. l 
contuvo el aliento. Su boca estaba dura y un tanto fra y no respondi. Dej que la caricia se prolongase un instante ms y luego con sus enormes manos la agarr 
de la cintura desnuda para alejarla de l. La solt inmediatamente como si el contacto no hubiera sido de su agrado.
         -Qu clase de broma es sta? . -pregunto con un tono glido-
         -Es una felicitacin de cumpleaos -respondi ella tratando de no manifestar sus sentimientos.
         La mayora de las personas respondan de buen grado al espritu de esa clase de mensajes, pero era obvio que aquel hombre no haba apreciado la broma de 
su socio. Casi senta pena de l. Pero tena que decrselo. Era parte del trato.
         -De quin? -insisti l haciendo caso omiso de la expresin divertida de sus compaeros.
         -De Andrew Fledham, su compaero, le indic ella,
         -Entonces ha metido la pata hasta el fondo, porque hoy no es mi cumpleaos
         -Y por qu no lo ha dicho antes? -exclam furiosa-. Estoy segura de que no cree que me dedico a andar por las calles vendiendo suscripciones a revistas!
         -A m no me interesan ese tipo de cosas -indic l tajante.
         -Por qu no? Me parece que necesita unas -replic ella-. Est hecho de hielo, verdad?
         -El que est hecho de hielo o no, no le importa - le dijo l creciendo en apariencia al menos cinco centmetros-- y si no esta fuera de aqu antes de que 
pasen tres minutos, har que la arresten por su comportamiento.
         -No soy una prostituta -argument ella, ponindose el impermeable-, pero si lo fuera, cario, no tendras dinero suficiente para pagar por m.
         -No estoy tan desesperado -la corrigi l-- Fuera!
         Le taladr con la mirada, pero l se limit a cruzarse de brazos y sostuvo su mirada. Ella baj los ojos. Nunca haba conocido a alguien tan desagradable 
como aquel gigante y no quera volver a verle. A partir de ese momento. Marla tendra que entregar sus propios mensajes!
         -Cuando sea su cumpleaos, seor Polo Norte, espero que la tarta le explote en la cara,  le espet desde la pueda.
         -Y usted procure no ser la que salga de ella -Fue la rplica que recibi.
         -No podra hacerlo -sali dando un portazo; las manos le temblaban cuando se abroch el impermeable.
         La recepcionista ya estaba all con varios vasos de plstico llenos de humeante caf. Le sonri con amabilidad.
         -Quiere ver al seor Carson? -pregunt- He salido un instante a por estos vasos de caf.
         En ese momento Amelia reconoci el nombre del edificio.
         -El edificio Carson... por casualidad es...? 
         -S, lo es. Recibi ese nombre en honor del desaparecido Angus. Quiere ver al seor Carson?
         -Ya lo he hecho -replic Amelia con una sonrisa-- Pobre de su esposa.
         -Su esposa? -repiti la recepcionista sin comprender.
         Amelia ya estaba delante de la puerta de entrada, pero se volvi.
         -No est casado?
         -Por supuesto que no. No hay una mujer lo suficientemente valiente como para hacerlo -fue la respuesta que recibi.
         -Ya s a qu te refieres. Hasta luego.
         
         
         Captulo Dos
         
         Amelia estaba furiosa cuando volvi a la oficina de Marla. Sudaba copiosamente debido al impermeable que llevaba sobre su atuendo de bailarina.
         -Y bien? -pregunt la amiga levantando la mirada sonriente.
         -Wentwonth Carson -empez mientras se diriga al armario en busca de su traje sastre y su camisa-, es un besugo. Marla que conoca a la chica desde su llegada 
a Chicago un ao antes, nunca la haba visto tan furiosa.
         Andy me dijo que tena muy buen sentido del humor.
         -Debe de haberse confundido de hombre.
         -Cario, cunto lo siento -exclam Marla sin poder contener la risa-. Andy no tena la intencin de...
         -No es su cumpleaos.-coment Amelia mientras se pona su falda-. Me ha acusado de ser una prostituta. Me ha echado de su oficina. Le odiol
         Haca rato que Marla se haba tapado la cara con las manos y sus hombros se agitaban convulsivamente.
         -Qu has hecho?
         Le he besado.
         La risa se transform en autnticas carcajadas.
         -Lo cual le ha enfurecido, por supuesto-aadi Amelia. Sac de su bolso un cepillo y empez a arreglarse el pelo-. No he podido resistir la tentacin. Parece 
tan arrogante. Yo que l, hubiera intentado disfrutar lo ms posible del momento, supongo que nunca ha sido besado por una mujer que estuviese dispuesta a ello sin 
esperar un buen fajo de billetes a cambio.
         Marla empez, por fin, a recuperar el aliento.
         Te ha impresionado. Cunto lo siento! Si Kerrie no se hubiera puesto enferma, verdad, no habras tenido que pasar por este mal trago.
         -Por nada del mundo volver a acercarme a ese hombre-murmuro-. Es un... un... un
         -Besugo?
         -Andy se morir de risa cuando se entere, suspiro Marla-. Espero que Wentworth Carson sea un hombre comprensivo, de lo contrario, el pobre Andy tendr que 
buscar un nuevo trabajo.
         -Qu es lo que le ha impulsado a una broma como esa?pregunt Amelia-. No tiene ningn sentado del humor y adems no es su cumpleaos.
         -Quiz Andy no lo supiera -respondi Marla tratando de justificarle. Mir a su amiga, ya vestida con su ropa formal y el pelo recogido en un moo. Nadie 
que la viera as la creera capaz de algo como lo que acababa de hacer.
         -No quiero volver a pasar un da de descanso como este-coment Amelia.
         -Un milln de gracias por ayudarme -le dijo Marla dndole un abrazo afectuoso. Andy se sentara encantado, a pesar de que t no lo ests.
         -Eso espero. Dile que nunca volver a hacer un sacrificio como ste -movi una mano en seal de despedida desde la puerta.
         Durante todo el trayecto de vuelta a casa, no pudo dejar de pensar en Wentworth Carson. "Es un hombre horrible y malhumorado", se dijo furiosa, "adems, 
debe ser el peor amante del mundo. Ni siquiera saba besar. Claro que l no haba hecho ningn esfuerzo por corresponderla. Se ruboriz al recordar la firmeza de 
su boca cerrada. Pareca ser un hombre solitario, pero eso no justificaba su comportamiento.
         Se dirigi al fregadero de la cocina de su pequeo apartamento situado en una zona residencial cercana al lago. Se trataba de un garaje reformado, pero 
tena la ventaja de estar en una verdadera casa, a cuyos dueos poda acudir sin ningn problema en caso de necesitar alguna ayuda. Dispona, adems, de telfono 
propio e incluso comparta el gato de la familia, que la visitaba cuando preparaba pollo. Se puso una cmoda bata de estar en casa y se preparo un sndwich de atn. 
De pronto, alguien llam a su puerta.
         Frunci el ceo. Nadie aparte de Marla la visitaba y ella ahora sala con Andy casi todas las noches. Podra ser uno de los Kennedy. Sus caseros nunca la 
molestaban. Quiz se tratara de un vendedor ambulante. Sonri pensando en la forma de deshacerse de l. Su vida social era tan aburrida, que hasta los vendedores 
eran una molestia bienvenida. Se diverta pensando en la forma de librarse de ellos con tacto.
         El ltimo haba sido un vendedor de suscripciones para una revista de actividades subacuticas. Haba prometido llamarle tan pronto como le terminaran de 
construir una piscina cubierta en la sala. El vendedor se haba marchado sin saber si retirarme tranquilo, o. llamar a un manicomio para que fueran a por ella.
         Abri la puerta tanto como la cadena de seguridad se lo permita... despus de todo ya era de noche.., y se enfrent a su enemigo.
         Sus ojos azul plido le contemplaron por la rendija.
         -No doy representaciones privadas -inform a Wentworth Carson.
         -Gracias a Dios! -replic l-. Va a abrirme la puerta, o tendr que echarla abajo?
         Cielo santo, era demasiado alto y fuerte! Los Kennedy la echaran si l derribaba la puerta...
         Con un suspiro de disgusto, abri la puerta y le dej pasar. Llevaba un traje azul oscuro y una camisa blanca abierta, lo cual permita ver la oscura junta 
de vello negro que cubra su pecho y su cuello moreno. No pareca el mismo hombre que haba visto esa maana en su oficina.
         l la observ con el ceo fruncido.
         -Es usted Amelia Glenn? --pregunt como si no lo creyese.
         -Usted duda alguna vez de algo, seor Carson? -pregunt ella a su vez con una falsa sonrisa-. No puedo creerlo!
         -Me parece ms madura -coment l.
         -Querr decir que parezco ms vieja -contest furiosa-. De hecho, cumpl veintiocho aos el mes pasado. Tal ves la mitad de los que usted tiene? -inquiri 
insidiosa.
         -Tengo cuarenta aos -fue la respuesta de l.
         -Soy doce aos menor que usted -le corrigi ella con suavidad-. Me siento una nia a su lado.
         Amelia se pregunt si sonrea alguna vez. Carson se meti las manos en los bolsillos del pantaln y la contempl abiertamente.
         -La seorita Sayers me ha informado de que usted no trabaja para ella.
         -As es -se dirigi a la cocina-, le invito, si le gustan los sndwiches de atn-le dijo con tono irnico.
         l cerr la puerta y la sigui. Se sent frente a la mesa de cocina.
         -Se trata de la hospitalidad surea, o es que parezco un poco desnutrido?
         Desnutrido? Nunca me atrevera a invitarle a cenar en un restaurante. Tiene aspecto de comer como un buey.
         -Procuro llevar una dieta equilibrada -contest l con franqueza-, pera aun as tengo que ir a un gimnasio para no parecer un barril de cerveza ambulante.
         Amelia volvi a rer e inmediatamente se ruboriz.
         -Lo siento.
         -No tiene importancia. Cmo se gana la vida?
         Amelia sirvi dos tazas de caf despus de preguntarle con la mirada si quera y obtener una respuesta afirmativa.
         -Soy oficinista de una empresa de material agrcola.
         La cara de l adquiri una expresin de incredulidad.
         -Pues lo soy -gru ella-. Es que aparento ser otra cosa?
         -Esperaba de usted un trabajo ms interesante -respondi l con una ligera sonrisa.
         -Crec trabajando en una imprenta. El trabajo ms interesante que he desempeado en mi vida ha sido el de esta tarde, y slo lo he hecho por ayudar a Marla.
         -Andy Fledham trabaja conmigo desde el mes pasado -le indic l mientras ella se sentaba y dejaba una bandeja de sndwiches encima de la mesa-. No me conoce 
muy bien todava, pero ya aprender. Voy a pagarle con la misma moneda y usted va a ayudarme.
         -Cmo? -pregunt ella atnita.
         -Su madre es de Boston -contest l pasando un dedo por el borde de su taza-. Es una venerable dama de modales impecables y se rene con l una vez al mes 
en La Pierre para celebrar una cena forma!.
         -Oh, no! No puedo hacerlo. No frente a todas esas personas...Marla nunca me lo perdonara!
         -Dnde est su espritu de aventura, seorita Glenn?
         -Escondido debajo de la mesa. No puedo! Es ms, no lo har!-neg terminante.
         -Qu pasara si yo hiciera que un hombre desnudo fuera a su sagrado recinto de trabajo para dedicarle un numerito? -pregunt l con tono agradable.
         -No puede hacerme eso! -respondi ella, ruborizndose como un tomate-. El seor Callahan me despedira en el acto!
         -Est segura de que lo hara? -insisti l con una significativa mueca.
         -No se atrever
         -Pngase su ropa de trabajo, Cleopatra, y presntese maana en La Pierre a las siete de la tarde; pregunte por Carlos cuando llegue all. Ya estar todo 
arreglado. De no ser as -aadi en actitud displicente-, al da siguiente tendr en su oficina un visitante muy desagradable para usted.
         -Me morira de vergenza! -exclam ella con la cara escondida entre las manos.
         -Vaya! Es usted un poco paradjica -le indic riendo-. Tena la impresin de que esta maana lo haba pasada realmente bien.
         -Yo no le he puesto en evidencia. No puede hacerme eso!
         -Es cierto -reconoci el.
         Se reclin en su silla con un irresistible gesto masculino. Amelia jams haba conocido a un hombre tan sensual y de tales dimensiones. En otras circunstancias, 
estara fascinada.
         -Le gusto, seorita Glenn? -pregunt riendo-, o est buscando el sitio mejor para clavarme un pual?
         Amelia levant la cabeza para demostrarle que no se senta intimidada.
         -Slo me deca lo sorprendente que es que esa silla no se haya derrumbado bajo su peso.
         -De verdad? No soy tan grande -respondi con una risa franca.
         -No -respondi ella con fingida sinceridad-, slo es una montaa pequea, eso es todo.
         l se limit a hacer un leve gesto y a observarla, hacindola desear salir huyendo. La atemorizaba.
         -No estoy incluida con el men -le dijo con atrevimiento. Qu lstima! -murmur l-. 
         Amelia levant su taza de caf e hizo ademn de arrojrsela a la cara.
         -Yo no lo hara, tendra que pasar la noche limpiando la cocina.
         La joven suspir disgustada.
         -No me gusta usted.
         -De no haber aprendido tanto acerca de las de su sexo, quiz me sintiera tentado a obligarla a que se sienta atrada por m -le dijo en voz baja. Pero, 
para su fortuna, ya he perdido el inters por eso. Una noche fuera de casa de vez en cuando es suficiente en estos das.
         Hablaba como si las mujeres no tuvieran ya secretos para l y Amelia sinti enorme alivio. Un hombre como l, con su experiencia, la hara papilla.
         -Le doy las gracias por concederme esa merced -le indico ella, pasndole la bandeja de sndwiches -l cogi uno y Io mir con inters-. Busca algo?
         -Arsnico -replic l con rudeza.
         -Gast lo ultimo que me quedaba en un conductor de autobs que me hizo bajar a un kilmetro de mi lugar de destino -coment ella riendo-. Le aseguro que 
no tiene nada.
         Lo mordi con apetito y comento:
         -No est mal. Nunca hubiera imaginarlo que el atn pudiera ser tan sabroso.
         -Es porque he aadido pimientos -le indic eIIa-. Mi padre me ense la receta. l es quien normalmente cocina en casa. Mi madre es una psima cocinera.
         -A qu se dedica ella?
         -Es linotipista de pap, que a su vez administra una imprenta. Realiza muy bien su trabajo, pero no le gustan las actividades domesticas. Yo tuve que aprender 
a cocinar cuando todava era una nia para no morirme de hambre -Amelia termin su sndwich y tom un sorbo de su caf-. Cunto tiempo lleva en el negocio de la 
construccin?
         -Creo que nac ya construyendo -respondi l despus de terminar su segundo sndwich-. Mis padres murieron cuando yo todava era un nio. Mi abuela me recogi 
y me anim a buscar una profesin que fuera rentable y me gustara -esboz una ligera sonrisa-. Me encantaba construir cosas y ella insisti en que llamar a un primo 
que era arquitecto y le pidiese que me metiera en el negocio. Logr convencerle de que me contratan y trabaj para l mientras estudiaba. Cuando me gradu, me nombr 
ejecutivo de su empresa, adopt una acritud ensoadora-. No tena familiares cercanos y no se llevaba bien con los ms distantes. A su muerte yo hered la compaa. 
La he hecho crecer. Ahora es tan grande que tengo que contar con una junta de directores que obstaculizan cualquier decisin que tomo.
         -Me alegro de no ser nadie -suspir ella-. Me desagradara estar en una situacin como sa.
         -Yo disfruto con mi trabajo -murmur l con ojos brillantes-. Me agrada el reto. Me mantiene activo.
         A su edad, estaba segura de que no le vendra mal tener una familia.
         Le analiz durante largo rato, pero no percibi la abierta curiosidad que haba en sus ojos.
         -Y bien? -pregunt l-. Dgalo.
         Amelia se movi inquieta en su silla, sintiendo su desnudez bajo la bata, como si l hubiese extendido una mano para tocarla. Hasta ese momento, no se haba 
preocupado de su atuendo, pero ahora deseaba estar vestida.
         -Slo me preguntaba por que no esta casado.
         -Porque no quiero hacerlo -respondi l. Sus ojos negros brillaron con malicia-. Es que ha pensado que soy de los del otro bando? Te aseguro que no lo 
soy. Al menos, no en el sentido en el que usted piensa -aadi al ver su nerviosismo. Termin su caf-. Va a ir al La Pierre o hago una llamada telefnica?
         -Ir, pero nunca se lo perdonar, respondi ella sintindose derrotada.
         -No tiene importancia. Nunca volveremos a vernos -se puso de pie-. Gracias por los sndwiches.
         Amelia le acompa a la puerta, esperando que se marchara inmediatamente, pero no fue as. Se volvi de pronto y cogindole la barbilla con sus enormes 
manos la hizo mirarle a los ojos.
         -Antes de irme quiero dejar algo muy claro... -murmuro e inclin la cabeza.
         Pos sus labios con ligereza sobre los de Amelia. El clido asalto la oblig a abrir la boca y l la explor minuciosamente. Al cabo de unos cuantos segundos, 
Amelia era suya, una vctima con el corazn agitado. Ya haba sido besada antes, pero nunca de esa forma. Ella quera que el beso se prolongara para siempre. Sus 
ojos estaban cerrados y tena los puos apretados con fuerza. Su cuerpo temblaba a pesar de que l no la haba tocado. Sabore la lenta presin de sus labios y los 
prob durante un alocado segundo con una curiosidad sensual que jams haba experimentado con un hombre.
         -Pequea mentirosa -le dijo l levantando un poco su cabeza-. Lo de esta maana no fue ms que una bravata, no es as? Ni siquiera sabes besar!
         Estuvo a punto de decirle "ensame", de extenderle los brazos, pero recobr la cordura en el momento oportuno. Se apart de l, con una mirada nerviosa, 
pero fija en su cara.
         -Ya ha terminado? -pregunt con los labios hinchados por la presin de su boca.
         -S -la observ esbozando una sonrisa enigmtica-. Es curioso cmo ocurren las cosas. Siento que pertenezcamos a mundos tan distintos. Me habra gustado 
ensearte. Una mujer inocente de veintiocho aos es todo un reto.
         -Vyase al diablo! Har su despreciable trabajo, pero mantenga a su exhibicionista lejos de mi firma. No puedo perder mi puesto.
         -A las siete en punto -replic l. Abri la puerta no sin antes dirigirle una ultima mirada apreciativa- Haras una excelente carrera como bailarina extica 
-le dijo en voz baja-. Nunca haba visto un cuerpo ms bonito.
         Despus de que l se fuera, paso ms de un minuto antes de que ella cerrara la puerta. Y ella que haba pensado que era uno hombre fro! Ms bien pareca 
uno volcn a punto de entrar en erupcin.
         
         Captulo Tres
         
         El seor Callahan era un hombre de unos sesenta aos, calvo y de ojos muy linos, usaba gafas y tena la mitad de la estatura de Amelia. Cuando estaba alterado, 
poda maldecir peor que un marinero en puerto y su compasin se quedaba al otro lado de la puerta de su despacho. No conceda permisos y odiaba las enfermedades. 
De haber otro trabajo disponible, Amelia lo habra aceptado al instante. Pero, dada la escasez de ofertas laborales, no tena mas remedio que hacer lo que se le 
peda. Peor seria tener que volver a Seagrove, pequeo pueblo cercano de Savannah, Georgia, a ayudar a sus padres con la imprenta. Eso la hara ver de nuevo a Henry, 
que todava esperaba que volviera a casa y se casara con l una vez libre del afn de vivir en una ciudad grande. Henry era el editor del nico peridico de la localidad. 
Escriba una columna sobre apicultura. Era un hombre amable, de la misma edad que Amelia y ella se deca que quizs algn da capitulara y volviera a su lado. No 
obstante, Henry era su ltimo recurso; mientras tanto luchaba para conseguir un puesto en la gran ciudad. No sabia porque haba elegido Chicago. Tal vez porque su 
madre estuvo asignada en una base naval cerca de Chicago durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo oportunidad de visitar la ciudad. Amelia la haba odo contar varas 
historias emocionantes sobre la Ciudad de los Vientos. Ya haca un ao que viva all. Buscaba la emocin y la aventura y haba encontrado al seor Callahan.
         Gruo al llenar otro pedido. Luego, pens en lo que tendra que hacer esa noche y volvi a gruir. A la hora de la comida llam a Marla para pedirle el 
atuendo de bailarina.
         -Para qu? -pregunt Marla.
         -No dispongo de tiempo para explicaciones -contest Amelia-. Me lo puedes prestar o no? No puedo decirte de qu se trata, as que no preguntes, solo se 
trata de ese hombre...
         -Bueno... Fue a verte, no es as? No pude negarme a darle tu direccin, pero pens que te mandara una carta. Qu tiene l que ver en el asunto? Oh, Amelia, 
dmelo.
         El seor Callahan sali de su oficina y al verla hablando por telfono la mir furioso.
         -S, seor -dijo Amy con toda tranquilidad-, est en lo cierto, nuestro nuevo esparcidor de estircol satisface todas sus necesidades.
         -Qu? -exclam Marla.
         -Si nos manda su pedido por correo.., ah, solo peda informacin. No quiere hacer todava su pedido? Pero nos tendr en cuenta? Qu amable por su parte!
         -El seor Callahan, supongo -dijo por fin Marla riendo-. Te ver mas tarde, querida.
         -Si, seor. Por supuesto. Adis - Amelia cort a comunicacin y dedic una amplia sonrisa al seor Callahan.
         -Haces muy bien de relaciones pblicas. Muy bien.-sigui su camino y Amelia luch por no dejar escapar un suspiro de alivio.
         Como era de esperar, Marla estaba intrigadsima cuando Amelia lleg a su oficina ms tarde.
         -Qu vas a hacer y dnde? -Exigi Marla-. Tienes que decrmelo. En qu lo te ha metido ese hombre?
         -No puedo decrtelo.
         -Soy tu amiga -la incit Marla.
         -Lo s.
         Se puso el traje de bailarina y el impermeable encima.
         -A dnde vas? -insisti Marla.
         -A cenar.
         -Dnde?
         En ese momento empez a sonar el telfono; Marla corri a contestarlo y Amelia se dirigi hacia la puerta.
         -Por supuesto que te comprendo -deca Marla-- S, estoy segura de que el tiempo es mejor ah. Siento que ests enferma.
         Amelia movi una mano en seal de despedida. Una vez en la calle, cogi un taxi para ir al restaurante francs. Nerviosa y furiosa, entr y pregunto por 
Carlos.
         -Perdn?-pregunto la recepcionista asombrada.
         -Quiero hablar con Carlos -repiti Amelia-. Est esperndome.
         -Para que? -exclam la recepcionista mirando extraada el impermeable.
         -Estoy desnuda -le indic Amelia con una sonrisa-. Se supone que debo asustar a alguien. Ahora, quiere llamar a Carlos?
         -Por supuesto -replico la recepcionista y se retiro.
         Amelia se apart un mechn de pelo de los ojos. Por qu tena que sucederle eso? Mir a su alrededor. Aquel lugar le pareca odioso; odiaba a Wenworth 
Carson. Odiaba a todo el mundo, las cosas le iban tan bien ltimamente. Pareca que Carlos nunca iba a llegar. Minutos ms tarde, Amelia sinti unos pasos que se 
acercaban. Se dio la vuelta y vio a un polica muy serio que se acercaba a ella.
         -Est bien, seora -dijo el polica sacando las esposas-, queda usted detenida.
         -Yo! -exclam Amelia- Estoy aqu para realizar un encargo, djeme explicarle! -empez a desabrocharse el impermeable, pero el polica le coloc las manos 
en la espalda y la espos
         -No lo har -le indic el polica-. No voy a permitir un striptease! Ustedes los estudiantes son una verdadera molestia. Gracias por llamarme, Dolores. 
Yo me har cargo de ella. Vamos, cario.
         -Gracias, Dolores -le espet Amelia-- Algn da te pagar el favor. Dime cules son tus colores favoritos, te mandar flores con una bomba.
         -Amenazas y actos terroristas -murmur el polica mientras la llevaba hasta su coche-. Estoy seguro de que podran caerte diez aos.
         Amelia empez a decirle algo cuando un fotgrafo se acerco a da y dispar la cmara.
         -brete la gabardina, querida, brela! Permteme tomar una buena foto! -grit el fotgrafo mientras el polica la haca subir al coche-patrulla.
         Amelia se reclin en el asiento y cerr los ojos: "hay das en que seria mejor no salir de la cama, se dijo cansada.
         Por fin todo qued aclarado, pero para ello tuvo que llamar a una muy alterada Marla, quien se vio obligada a ir a la comisara para dar explicaciones.
         -Me morir! Voy a morirme! -gimi Amelia cuando al fin se encontraron en su apartamento-. Arrestada, he sido arrestada! Y por exhibirme desnuda...matar 
a ese hombre! Le matar a sangre fria!
         -Cuenta con mi ayuda -la apoy Marla-. Imagnate lo que les habra ocurrido a Andy y a su pobre madre-frunci el ceo-. Menos mal que Andy tuvo que irse 
a casa. Su madre se puso enferma esta maana
         -Qu? -exclam Amelia atnita
         -Andy se fue a casa.
         -Pero a me dijo que fuera al La Pierre esta noche -exclam-. Me dijo que preguntara por Carlos... y all estaba un fotgrafo. Me hizo una fotografa!
         -Sabes si se trataba de un fotgrafo de prensa? -inquiri Marla
         -Me morir -respondi Amelia, escondiendo la cara entre alas manos.
         -Bueno, duerme bien y maana todo te asunto sin importancia -Marla la abraz- te parecer diferente.
         -T crees? -pregunt Amelia con tono lastimero.
         -Ya lo veras.
         Al da siguiente, lo primero que hizo fue comprar el peridico y nada ms abrirlo vio su cara en la primera plana. La nota que estaba al pie de a foto deca. 
Quin ha dicho que los actos de nudismo haban pasado de moda? Esta joven fue arrestada sin ropa anoche en el Chez Pierre por intentar exhibirse desnuda frente 
a los selectos clientes. Mala suerte.
         Verdad, hermosa?
         Cerr el peridico y en ese momento el telfono empez a sonar. Ya sabia por adelantado de quien se trababa.
         -Hola, seor Callahan -contest con el tono ms animado que pudo.
         -Est despedida! -le grit y colg.
         Amelia se sent frente a una taza de caf.
         Despus de vestirse, llam a Marla.
         -Quiero la direccin del seor Wentworth Carson.
         -Querida... -empez Marla.
         -Llama a Andy y averigua dnde es. No puedo hacerlo en su oficina. Le matar en su casa.
         -Pero querida...
         Varias horas despus, Amelia se encontr recorriendo con su coche la larga entrada de una casa en Lincoln Park. Era una zona residencial y no le sorprendi 
la enorme casa que descubri al trmino de la avenida. Aparc su viejo Ford frente a la entrada
         Contempl durante un momento el Rolls Royce blanco, junto al que pas antes de subir los escalones.
         Se haba puesto un traje sastre gris con una camisa blanca y accesorios del mismo color. Llevaba el pelo recogido y un poco de maquillaje. Quera impresionar 
a Wenworth Carson.
         Llam. Un anciano le abri.
         -Si, seora, puedo ayudarla?
         -Vengo a ver a Wentworth Carson - le indic tranquila.
         -El seor Carson est en su despacho.  Puedo anunciarla?
         -No -le dijo pasando a su lado-. Yo misma me anunciar.
         -Dnde est el despacho, por favor?
         El anciano titube, pero su gesto fue innecesario. Wentworth Carson no tard en aparecer en la puerta de una elegante habitacin. Con las manos metidas 
en los bolillos del pantaln, se dirigi hacia Amelia.
         -Seorita Glenn -exclam con toda cortesa. -Seor Carson -replic ella en el mismo tono. -Qu la trae por aqu y cmo ha conseguido mi direccin?
         -Esas preguntas no tienen ninguna importancia -cogi el peridico que llevaba debajo del brazo y se lo entreg.
         -Pero,  qu es lo que hiciste, mujer? -pregunt despus de leerlo.
         -Fui al La Pierre para sorprender a Andy.
         Carson trataba de contener la risa
         -Y todo fue en vano, verdad? l no se present -levant la mirada--. Cmo no te fijaste en la marquesina?
         -Qu?
         -No te fijaste en la marquesina? -- le entreg el peridico.
         Claramente se lea: Chez Pierre.
         Amelia estaba furiosa. Encima se haba equivocado de restaurante!
         -Andy estaba en casa con su madre.
         -Lo s. No le esperaba en la oficina y no me llam hasta muy tarde. No pude avisarte.
         -Me arrestaron. Me llevaron a la crcel. Me ficharon. Tomaron mis huellas dactilares. Pensaron que estaba desnuda. Trat de explicarles que no era as, 
pero no quisieron escucharme. Me encerraron! -cada vez abra ms los ojos mientras hablaba-. Mi padre est suscrito a este peridico -lo levant en alta-. Quiere 
saber qu ocurre en la ciudad donde vive su hija. Vaya impresin se va a llevar! En mi casa ni siquiera me atreva a llevar pantalones cortos en pblico.
         l no pudo evitarlo. Se ech a rer con ganas, lo cual slo empeor las cosas. Amelia tir el peridico al suelo mientras el anciano mayordomo trataba de 
mantener a compostura.
         -El seor Callaban me ha llamado esta maana. Estoy despedida. Ahora tended que volver a casa. El personal de la oficina de correos ver el peridico,  
lo mismo que el cartero y ste se lo dir a su esposa, ella se lo dir a las seoras de su iglesia... -los labios le temblaban mientras las lgrimas estaban a punto 
de deslizarse por sus mejillas--. Le odio. He pedido a Marla que me d su direccin para venir a decirle cunto le odio. Me gustara verle fulminado por un rayo! 
-se dio la vuelta con el fin de salir, pero una voz temblorosa la detuvo,
         -Qu sucede, Worth?
         La voz era de una persona de la misma edad que la del mayordomo, pero de mujer. Entre las lgrimas, Amelia vio que una anciana se diriga hacia ellos desde 
el otro extremo de ha casa. Apenas poda andar y eso que se apoyaba en un bastn. Se par al llegar al pasillo y sonri
         -Hola -dijo muy bajo.
         -Ho... la -consigui decirle Amelia. Esbozando una ligera sonrisa.
         -No pude evitar escucharla -se disculp la anciana-. Pocas veces oigo a Worth hablar deesa forma y me ha despertado. Eres la joven de ha que se rea anoche? 
No tienes aspecto de ser una bailarina extica
         -Slo soy una asesina en potencia -respondi Amelia con una mirada furiosa hacia Wentworth Carson.
         -La verdad es que no me pastara morir asesinada. Quieres un poco de t, querida?
         -Abuela, estoy segura de que la seorita Glenn tiene muchas cosas que hacer, por ejemplo las maletas -le dijo el hombre alto como si la idea de verla fuera 
de la ciudad le gustara bastante.
         -Si, une apetece tomar una taza de t -respondi la joven dirigindole una mirada furiosa.
         -Entonces ven a tomarlo conmigo -he indic la anciana-. Soy Jeannette Carson. Wortt es mi nieto.
         -Pues no se parecen mucho-respondi Amelia.
         Con una mirada despectiva en direccin de Worth, sigui a la viejecita hacia una elegante habitacin decorada en tonos rosas.
         -Yo soy Amelia Glenn.
         -Me alegro mucho de conocerte, querida. Como podrs ver, adoro el color rosa. Me parece realmente hermoso -le dijo Jeannette Carson.
         Se sent frente a una mesita y toc una campana. Una joven vestida con uniforme apareci inmediatamente y la anciana le pidi el t.
         -Ella es Carolyn -coment-. Worth no ha conseguido todava deshacerse de ella, pero a juzgar por su comportamiento no tardar mucho. Prefiere tenerme rodeada 
de hombres. Sabe que me desenvuelvo mejor entre mujeres, pero cree que los hombres me pueden ayudar ms- la anciana ri y levant la cara con expresin indignada-. 
Adems, ya nunca trae chicas jvenes as es que me sorprendi mucho que me hablara de ti.
         -Oh, Worth y yo somos buenos amigos -dijo Amelia con una sonrisa irnica mirando al hombre que se haba unido a ellas-. Verdad?
         -Usted y yo amigos? No lo permita Dios!
         -No se preocupe, lo seremos. Ya se acostumbrar a mi-le dijo con una gran sonrisa.
         -Usted misma tiene la culpa de todo lo que la pasa, seorita Glenn -coment l-. Ya debera haber aprendido a leer.
         -De no haber sido por usted, nunca habra ido a aquel restaurante
         -Usted empez todo -le record con una sonrisa desafiante.
         -Os importa explicarme de qu estis hablando? -intervino Jeannette, mirndolos a los dos alternativamente
         -La seorita Glenn fue arrestada ayer... -Worth hizo una pausa intencionadamente por exhibirse desnuda, no fue as?
         -Fui arrestada por llevar un traje de bailarina debajo de un impermeable -le corrigi furiosa y seal a la seora-siguiendo las instrucciones del seor 
Carson.
         -T enviaste a esta joven a un restaurante elegante con un traje de bailarina puesto? -pregunt la anciana asombrada.
         -Ella se presento en mi oficina vestida del mismo modo para felicitarme por mi cumpleaos y me bes.
         -No seas ridculo, Worth, todava falta mucho para el da de tu cumpleaos -respondi Jeannette.
         -Ya lo s -exclam l-. Uno de mis empleados quera gastarme una broma. De hecho, un ex-empleado.
         -Vamos, vamos, Wentworth. Es que va a despedirle? -pregunt Amelia.
         -Worth -le corrigi l disgustado- . Nadie me llama Wentworth.
         -Quiz se me ocurran otros modos ms interesantes de llamarle- dijo Amelia con dulzura-. Querr orlos en otra ocasin?
         -Es poco probable que nos volvamos a ver. Estar fuera de la ciudad.
         -Fuera de la ciudad? -pregunt Jeannette intrigada-. Por que?
         -Se ha quedado sin trabajo -le indic Wentworth.
         -Entonces debes ofrecerle otro, querido. Es lo menos que puedes hacer ya que ha perdido el que tena por tu culpa.
         -No ha sido culpa ma y no puedo ofrecerle nada -respondi con una sonrisa de satisfaccin.
         -En ese caso, puede trabajar para m. Necesito una secretaria.-dijo la anciana-. Alguien que me lleve y me traiga de la ciudad. T nunca ests aqu durante 
el da para hacerlo.
         Worth se movi en su asiento como si no pudiese creer lo que deca su abuela.
         -Una secretaria
         -As es -replic Jeannette can expresin decidida.
         El parecido entre ellos era tanto, que Amelia no pudo reprimir una sonrisa.
         -Yo no he venido aqu en busca de trabajo -le dijo Amelia con toda sinceridad-. Slo he venido a matar a su nieto.
         -Me ensuciaras la alfombra-le dijo Jeannette con una sonrisa mientras servan el t-. En lugar de eso, acepta mi oferta. Incluso puedes vivir aqu si lo 
prefieres.
         -Dios mo, no! -exclam Worth en voz baja.
         -Wentworth! -le reprimi su abuela.
         El hombre se levant bruscamente y abandon el saln murmurando algo entre dientes.
         -Ahora que se ha marchado, podremos hablar mejor de negocios-coment la anciana sonriendo--. Tengo setenta y cinco aos, mi genio es tan malo como el de 
mi nieto, soy muy orgullosa y exigente pero nunca pido nada que no pueda exigir--se ech hacia atrs con la taza en la mano-. Estoy recuperndome de una fractura 
en la cadera y me cuesta mucho trabajo moverme. Worth me mantiene prcticamente prisionera. Quiero salir y t puedes ayudarme.
         -Usted no me conoce--exclam Amelia.
         -En mis tiempos fui una de las mejores periodistas de Chicago. Todava hoy soy una excelente analista del carcter de las persona. Es posible que no te 
conozca bien en este momento, pero no tardare en hacerlo. Ahora... -mencion una cifra muy superior a la que Callahan le pagaba-. Te parece un sueldo apropiado? 
si quieres puedes vivir aqu.
         -Lo hara aunque slo fuera por molestar a su nieto, pero tengo un apartamento en el que vivo, alquilado por un ao -confes Amelia-. Adems, me gusta tener 
intimidad, y sta desaparece en buena parte cuando se vive con otras personas.
         -Qu edad tienes, pequea?
         -Veintiocho.
         -Tus padres?
         -Viven los dos. Tienen una imprenta en Georgia.
         -Y hay algn hombre en tu vida? Jeannette tena la vista fija en su taza.
         -No, a menos que tenga en cuenta a Henry. Es el editor del peridico de mi pueblo y se casara conmigo ahora mismo si yo se lo dijera, siempre y cuando 
eso no perjudicara su trabajo, claro.
         -Nos llevaremos bien --le dijo Jeannette tiendo.
         Amelia tambin lo crea, pero cuando sali dos horas ms tarde, Wentworth Carson la estaba esperando con las manos metidas en los bolsillos y un gesto indescriptible.
         -Me parece que ests furioso -se burl Amelia.
         - Yo no tengo la culpa de que haya perdido su trabajo -le dijo l con brusquedad-. Me gusta mi vida tal como es. No quiero verla por aqu. Dgale a mi abuela 
que no acepta su oferta.
         -Me gusta su abuela -respondi ella tajante-. Se parece mucho a mi madre. Fuerte, orgullosa y sincera. Trabajar para ella.
         -A cambio de qu?? -pregunt l con una expresin desconfiada.
         -Es que cree que alguien puede aprovecharse de ella? -pregunt a su vez la joven sin responderle.
         -Tiene un gran corazn. Le gustan los descarriados.
         -Yo no soy ninguna descarriada.
         -Vuelva a su casa.
         -No puedo.
         -Por qu?
         -Porque tendra que casarme con Henry! -exclam ella-, si es que todava est dispuesto a aceptarme despus de saber visto el peridico de esta maana. 
Mi reputacin est destrozada.
         -Y por qu no quiere casarte con Henry?
         -Porque lo ms emocionante que me ha dicho es: "Amy tienes la nariz chata."
         -No es un hombre muy apasionado.
         -No.
         Sus ojos negros a recorrieron de arriba abajo.
         -Es usted una mujer apasionada?
         -Eso es algo que a usted no le importa. Voy a trabajar para su abuela, no a tener una relacin con usted -le contest con firmeza.
         -Usted le gusta -le dijo l esbozando una sonrisa-. Se pasar los das alabndola y las noches buscando la forma de casarnos.
         -Puede sentirse a salvo -asegur ella, dirigindose a su viejo Ford-. No me gustan los hombres maduros.
         -Slo tengo cuarenta aos -seal l tajante.
         -Para m es demasiado viejo-replic ella enfrentndose a l con decisin-. Quiero alguien con quien jugar.
         l se ech a rer y fue entonces cuando Amelia se dio cuenta de la manera en que l habla interpretado sus palabras.
         -Bisbol! -exclam horrorizada-. Tenis, natacin y correr. No.., no... no lo que usted esta pensando!
         l ri con ms fuerza y ella no dijo ms. Se subi a su coche y se alej lo ms deprisa que pudo. Worth todava rea cuando ella mir por el espejo retrovisor.
         
         Captulo Cuatro
         
         Amelia se present a trabajar a la maana siguiente a las ocho y media en punto. Se haba puesto un traje gris que hacia resaltar el azul plido de sus 
ojos, la camisa hacia juego con la chaqueta, llevaba recogido el pelo en un moo. No le dara a Wentworth Carson ningn motivo para que se quejara de su aspecto.
         Cuando leg frente a la casa, un jardinero de edad avanzada y baja estatura le dijo que llevara el coche al garaje. Volvi a encender el motor con cierta 
dificultad. El viejo Ford amarillo tena la costumbre de no querer arrancar cuando estaba caliente.
         Se sinti inquieta al aparear junto a un Rolls Royce y un Mercedes, y baj de su coche con cuidado para no manchar ni uno de los dos elegantes automviles. 
Era evidente que Wentworth no quera que su destartalado coche fuera visto delante de su casa. Eso la irrit.
         Estaba llena de resentimiento cuando al fin lleg a la puerta principal. Nunca hara su presentacin por la puerta de servicio.
         La criada le abri.
         -Pase usted. La seora Carson todava est dormida, pero el seor Worth quiere desayunar con usted en el comedor. Sgame, por favor.
         Desayunar con Worth, se dijo. Qu ms poda desear una empleada?
         ste se encontraba ya en la cabecera de la mesa con una taza de caf y un plato de rebanadas de pan tostado frente a l. Levanto la vista cuando ella entro. 
Amelia le dirigi una mirada fra e inexpresiva.
         -Ahora es usted la que parece un bloque de hielo -le espet el.
         -No soy de hielo -replic ella --. y no quiero desayunar.
         -S, es demasiado obvio que son pocas las veces que come. Va a trabajar aqu, necesitar estar bien alimentada. Mi abuela y yo hemos llegado a un acuerdo 
sobre usted.
         Amelia se sent y le mir llena de sospechas.
         -No tengo secretaria privada y dado que estar aqu todo el da, todos los das... -su tono era ironico-y dado que ella  slo necesitar sus servicios unas 
horas al da, hemos decidido compartirla.
         -Y s no acepto? -pregunt ella con un estremecimiento.
         --No est en posicin de elegir -le record-. A menos que quiera volver a su pueblo y casarse con Henry.
         -Eso seria todava peor que trabajar con usted.
         -Debo sentirme halagado? -pregunt l muy seco. Levant su cara y pareci relajarse un poco al observar el rostro de ella-. Debe llevar mucho maquillaje 
-dijo distrado.
         -Qu? -exclam ella sorprendida.
         -Sus rasgos -le dijo-. Son demasiado perfectos para ser alas U tala
         -Uso agua y jabn -seal-. Nada ms. No me gustan las cosas artificiales.
         --A mi tampoco -replic l, sus dedos bronceados jugaban con su cucharilla de caf.
         Llevaba puesta una chaqueta azul con camisa blanca y una corbata moteada Era el atuendo ms adecuado para un hombre de negocios. Tena unos fuertes msculos 
y Amelia poda ver como se flexionaban por debajo de su chaqueta. Su pelo pareca todava hmedo a la luz del da y haba una ligera sombra en su cara afeitada, 
lo cual denotaba que necesitaba hacerlo con frecuencia. Su boca le fascinaba. Segua recordando cmo la haba sentido sobre la suya, su experiencia. Era el tipo 
de hombre que siempre tener a su alcance a la mujer que quisiera, en secreto se aIegr de que su resistencia no fuera que ser puesta a prueba ante el.
         -Es muy frgil -murmur la joven mientras se serva caf.
         - Qu?
         -Su abuela -replic-. Cmo se ha roto la cadera?
         -Aprendiendo a bailar break dance.
         Amelia casi se atragant con el caf.
         -S -le explic l tranquilo-. Tiene algunas cintas de video con los pasos del baile y trataba de imitar una vuelta un poco complicada cuando se cay y 
se golpe con una piedra de la chimenea.
         -Pero tiene setenta y cinco aos! -exclam Amelia.
         -Pero le gusta el rock duro -continu l-. Le gustan las pelculas de accin, flirtea con todos los hombres y bebe ms que yo cuando le viene en gana.
         Amelia apenas poda creer lo que oa.
         -Una dama excepcional -comento.
         -Lo es, pero su corazn est dbil y no quiero perturbarla-aadi con mirada fra-. -No la conozco, pero lo har y, si encuentro algo que no concuerde con 
la informacin que he recibido de usted, la echar de aqu a patadas si es preciso.
         -Mi madre dice que hay que tomarse las cosas con filosofa, le dijo con una sonrisa.
         -Ra mientras pueda -contest l con un tono amable-. Ha terminado ya de desayunar? Me gustara que empezramos.
         -Que empezaremos a qu?
         -A trabajar, por supuesto. Iremos a ver el posible lugar de emplazamiento de una nueva construccin. Quiero que venga conmigo para que tome algunas notas.
         -Pe... pero, y la seora Carson...?
         -La abuela no se despertar hasta dentro de varias horas. Estuvo viendo pelculas de vdeo hasta las cuatro de la maana -le indic, ponindose de pie.
         -Pero me pidi que estuviese aqu a Ias ocho y media -protest ella.
         -Ya le dije que asumira el papel de casamentera-la record.
         Ella le mir de arriba abajo, tratando de adoptar una expresin disgustada.
         -Lo siento mucho, Wentworth, pero usted no es mi tipo. No me gustan los hombres grandes.
         -No? -pregunt l con una sonrisa maliciosa. Le tendi una mano y la hizo ponerse de pie con gentileza. Luego, la cogi de la cintura y la levant para 
poder mirarla a los ojos sin agacharse-. Esta complexin tiene sus ventajas. No se discute mucho-ella tena las manos sobre sus hombros. Su proximidad la perturbaba 
tanto que senta los latidos de su corazn. Sus ojos eran impresionantes. Su nariz tena un abierto aire romano, tan recta y grande. Su frente era amplia y su boca 
fina, haba un hoyuelo en la barbilla. Nunca le haban gustado las barbillas con hoyuelos, pero esta era realmente atractiva.
         -Es de ascendencia italiana? -pregunt sin pensarlo.
         -S. Mi abuelo era italiano.
         -Tiene un aire... tan romano.
         -Ya me lo han dicho ms de una vez -respondi con una sonrisa que hizo que el hoyuelo de su barbilla resaltara mas.
         La atrajo ms a su cuerpo hasta hacer que su cabeza quedara al lado de la suya. En esa posicin, Amelia poda percibir en su aliento el aroma del caf.
         -Por qu ha aceptado el trabajo?
         La inquietaba. Poda sentir su aliento contra sus labios y la fuerza de acero que le permita tenerla levantada del suelo con tanta facilidad.
         -Lo... lo necesito -murmuro.
         -Existen otros trabajos en Chicago -la record.
          -Qu podra encontrar sin recomendaciones?
         -Nada en realidad -acept l antes de alejarla un poco. Pero al retirar la mirada de sus ojos-. Sus ojos eran azules ayer. Hoy grises.
         -De verdad?
         -La pongo nerviosa, seorita Olean? -la incit con voz melosa.
         -No juegue conmigo -le dijo ella en un murmullo.
         -No quera alguien con quien jugar? -la record-. Me lo dijo ayer antes de que se alejara en ese trasto amarillo que utiliza como coche.
         -Mi coche no es un trasto y no me refera a esta clase de juegos.
         -No? Hoy en da la mayora de las mujeres quieren jugar a hacer el amor -le dijo dejndola en el suelo, despus de acercar su boca a la suya.
         -Yo no pertenezco a esa mayora -le indic intentando liberarse-. Sulteme.
         -Le doy miedo?
         -Yo no pertenezco a su mundo, Worth -respondi mirndole a los ojos-. No me haga esto. No soy ninguna amenaza ni para usted ni para su abuela.
         -No estoy seguro de esto ltimo, Amy -le dijo en voz baja. Inclin la cabeza un poco ms y con los labios acarici los de Amelia. Luego, levant la cabeza 
y vio la expresin confusa de la joven.
         -Dnde vamos a ir y qu quiere que haga? -pregunt ella.
         -Al sector norte quiero ver un terreno en el que es probable que realice un proyecto. Necesito que tome algunas notas. No me acostumbro a llevar magnetfono. 
sos malditos aparatos no me inspiran la menor confianza.
         -No tengo bolgrafo ni papel para tomar notas... 
         - Venga conmigo.
         Amelia le sigui, sintindose una enana a su lado.
         La llev a una estancia que tena las paredes forradas de madera, una chimenea de piedra y una mullida alfombra. En el centro se encontraba una gran mesa 
de roble. Aquel despacho la intimidaba tanto como su dueo.
         Worth abri un cajn y sac una libreta y un bolgrafo. Amelia los guard en su bolso mientras l la observaba con mirada inescrutable. La joven record 
que l no quera que es tuviera all, y se valdra de cualquier pretexto para librarse de ella. Cuando llegaron al garaje, Worth se dirigi al Mercedes y ella lo 
mir de soslayo. Esperaba que utilizara el Rolls Royce.
         -El RolIs es de mi abuela -le explic l, abrindole la puerta. Le gusta todo lo que sea elegante. Yo prefiero algo ms discreto y eficiente -lanz una 
mirada de conmiseracin al Ford Amelia.
         -El jardinero me ha dicho que lo deje aqu -le aclar ella en tono glido-. He pensado que usted no quiere que est delante la casa porque podra extraarles 
a algunos de sus amigos.
         -La mayora de mis amigos estn muertos o fuera del pas -coment l, acomodndose a su lado-. Me importa un bledo el lugar en el que lo deje.
         -Lo siento -contest ella, inquieta.
         De soslayo, estudi su perfil. No era un dechado de belleza, pero su cara irradiaba fuerza y decisin.
         -Es hija nica? -pregunt l mientras conduca.
         -S y usted?
         -Tuve un hermano menor que yo -respondi. Lo mataron en Vietnam a un kilmetro de donde yo me encontraba.
         Amelia contempl su bolso.
         -Debi de ser un golpe muy fuerte para su abuela.
         -Le llor durante largo tiempo. Jackie era un joven muy alegre. Bromeaba con ella, le regalaba flores. Siempre estaba haciendo algo emocionante. Nunca he 
podido sustituirle ante ella, yo apenas tengo tiempo de divertirme.
         -Puedo imaginrmelo tratando de bailar break dance -murmuro ella.
         -Qu lo que quiere construir? -Amelia cambi de tema.
         -En el terreno que vamos a ver? Un asilo.
         -Otro? Chicago ya est lleno de ellos.
         -No en esta parte de la ciudad -replic l-. Este ser para personas de edad muy avanzada y, su precio estara muy por debajo del de los dems.
         -No me diga que tiene un punto dbil -brome la chica.
         -Lo hago slo por mi abuela -par delante de un semforo en rojo-, pero no crea que siempre se sale con la suya respecto a mi. Desech la idea de tener 
mujer e hijos hace tiempo.
         -Qu le hace pensar que yo puedo sentir algn inters sobre usted? -su indignacin era evidente.
         -Le gusta besarme -contest II con una sonrisa audaz.
         - Tambin me gustan las mazorcas de maz. Qu tiene que ver una cosa con a otra?
         Antes de contestarla, la mir de arriba abajo para volver a concentrar su atencin en el trfico.
         -Entonces es curiosa. Quiz yo tambin lo sea.
         -A qu se refiere? -se sinti obligada a preguntar.
         -Al sexo.
         Amelia volvi la cabeza y durante unos segundos se dedic a contemplar por la ventanilla los rascacielos y el trfico.
         -Me parece que usted ha olvidado todo lo que an me queda por aprender.
         -Fui un aventurero en mi juventud -admiti l-. Y en una o dos ocasiones, las cosas tomaron un peligroso cariz, pero tena un gran instinto de conservacin.
         Su tono de voz haba adquirido un dejo extrao y Amelia le miro con curiosidad.
         - y alguien le hizo mucho dao? -aadi sin pensarlo.
         -Le ha contado mi abuela algo? -su reaccin la habra intimidado si no hubiesen estado en el coche.
         -Nada acerca de su vida privada, se lo aseguro -replic, bajando la vista-. 
         -Yo estuve a punto de casarme una vez. Era un buen chico. Muy elegante, de buena familia y con mucho dinero,-sonri con amargura-. Nos entendamos de maravilla. 
Habra hecho cualquier cosa por l. Fue mi primer amor y siempre se comporto como un caballero conmigo. Quera casarse, no seducirme, as que me presento a su madre. 
Yo estaba en el segundo ao de mi carrera -Amelia observ distradamente a quien viajaba en un taxi que pas junto a ellos. 
         -Es obvio que no se cas con l -coment Worth.
         -Estaba aterrorizada. Yo era una chica provinciana. No le cansar con los detalles. Baste decir que despus de una semana en su casa, aguantando los insultos 
de su madre, comprobando lo distinto que era su modo de vida del mo, a romp el compromiso y regres a casa. Dej la universidad, no poda vivir con el recuerdo. 
Tard mucho tiempo en darme cuenta que se trataba de un fino consentido.
          -Ms tarde me enter de que se haba casado con una chica de una empresa de cosmticos.
         -Puede que las citas no le hayan salido bien... 
         -Se equivoca -le corrigi ella-. Tuve mucha suerte. i beba y haca todo lo que su madre le peda. Una vez la etapa inicial hubiera pasado, me habra muerto 
de tristeza.
         -Es muy difcil para un hombre tomar la iniciativa, dijo mirndola de soslayo-. No podemos saber qu es lo que quiere una mujer sin que se nos diga.
         Estaba sorprendida de lo fcil que le resultaba hablar con el, dando la impresin que se conocan de toda la vida.
         Por qu no?
         Apoy la cabeza en el respaldo de su asiento y se ajusto su cinturn de seguridad para estar ms cmoda. El asiento forrado era realmente confortable, el 
aire acondicionado haca que el calor asfixiante fuese soportable.
         -Me dara mucha vergenza -le sonri-. No puedo imaginarme desnuda delante de un hombre.
         -Como se imagina que las personas hacen el amor, encerradas en un armario oscuro?
         -De noche, por supuesto, y con las luces apagadas.
         -Dios mo -exclam l.
         -No es as?
         -No estoy preparado para dar respuestas sobre las formas de hacer el  amor.
         Amelia se ruboriz y desvi la vista de nuevo hacia la ventanilla. No se haba dado cuenta del giro que habla tomado la conversacin. Avergonzada, trat 
de cambiar de tema.
         -Cunto falta para llegar al lugar de construccin?-pregunt-. No recuerdo haber visto nada relacionado con una construccin. Va existen planos, o..?
         -Deje de decir tonteras -le indic l con gentileza--. Mi intencin no ha sido mortificarla.
         Su gentileza era inesperada y no fue bien recibida, la haca vulnerable y no poda permitirlo. Levant la barbilla.
         -No se preocupe. Qu me dice del edificio?
         -Es fascinante -murmur l, detenindose frente a otra seal de trafico-. Crea que yo era el nico que lo haca.
         - Hacer qu?
         -Olvdelo -extendi un brazo y le dio una palmadita en la cabeza. No se le escapo la inmediata reaccin y la expresin de pnico que apareci en sus ojos 
azules que le miraban fijamente- Por qu esta nerviosa?
         -No me gusta estar tan cerca del enemigo -replic ella.
         -De verdad? -insisti l con una sonrisa.
          El semforo ya est en verde.
         -Ms maniobras evasivas?-se burl l, pero lo obligo a concentrar su atencin en el volante y la tensin se rompi.
         El sitio de la futura construccin estaba ya muy cerca. Worth encendi la radio y ambos se dedicaron a escuchar las noticias hasta que llegaron a su destino.
         En realidad. Amelia no sabia qu iba a ver; quiz un terreno baldo ya nivelado, pero se encontr con un viejo edificio abandonado y en condiciones deplorables.
         -Donde va a construir el nuevo asilo? Debajo o encima de ste?
         -..,Primero tendremos que derribar ste y nivelar el terreno -le dijo.
         -Es muy costoso ese proceso?
         -Por supuesto. Cualquier construccin lo es -aparc el coche y la ayudo a bajar.
         -Ya lo ha comprado? -pregunt ella.
         -Cree que estara perdiendo el tiempo aqu? -le contesto Worth.
         -Tiene usted un carcter muy difcil -respondi Amelia.
         -Siga hacindolo -le dijo l, cruzndose de brazos-. Siga definiendo mis defectos. No se sienta culpable por ello.
         -Es usted odioso, insolente, arrogante, insensible...
         - Solo cuento con una hora antes de marchame para asistir a una reunin con el consejo -le indic l mirando su reloj.
         -... y cabezota -.concluy ella para complacerle.
         -Muy bien. Ahora, le gustara escuchar una relacin de sus defectos?
         -Ya los tengo -seal ella con presteza-. Soy corts, amistosa, amable, prudente, alegre y una bendicin para el mundo. Luch por no rer, pero lo absurdo 
de sus halagos le hizo sonrer.
         Se volvi de espaldas y estall en carcajadas.
         -Quere que tome algunas notas?-pregunt Amelia, adoptando un aire de secretaria eficiente.
         -Por qu? Es que debo presentar un informe acerca de usted?, pregunt l, metindose las manos en los bolsillos del pantaln.
         -Me refiero al proyecto de construccin! No me ha hecho venir para ayudarle en eso?
                  Worth levant la vista y mir a su alrededor-. Venga.
         Empez a andar calle abajo, Amelia casi tena que correr para ir a su paso.
         Se poda percibir claramente los olores de la ciudad y su ruido, y aoraba su hogar y el romper de las olas del Atlntico en las playas de arenas blancas 
de su lugar de procedencia.
         -Dnde vamos? -pregunt casi sin aliento.
         Sus altos tacones empezaban a molestarla.
         -Por qu usa esas cosas? -pregunt l dirigiendo la mirada a sus pies-. No teme romperse el cuello cada vez que se los pone?
         -Estn de moda -se defendi ella.
         -Son ridculos. La prxima vez, venga con zapatos bajos.
         -Y cmo iba yo a saber que iba a tener que embarcarme en una autntica expedicin despus de desayunar?
         -Supongo que usted esperaba limitarse a mantener una agradable charla slo interrumpida por la redaccin de alguna carta ocasional para mi abuela que sirviera 
para cubrir las apariencias-la provoc.
         -Su abuela necesita a alguien que la acompae -respondi disgustada.
         Hacia mucho calor y su enojo no la ayudaba en nada. Se apart de la frente un mechn de pelo.
         -A excepcin de la doncella, el resto del personal est en edad de jubilarse. Qu pasara si llega a caerse?
         -Usted no es enfermera -respondi l con gesto adusto.
         -Fui auxiliar de enfermera -le inform-. He hecho muchas cosas en mi vida y esa ha sido una de ellas. Adems, no necesita una secretaria que se encargue 
de sus asuntos?
         Worth se par y la contempl furioso. Sin embargo, no la contradijo.
         -Puedo darle tres o cuatro referencias sobre mi persona -aadi ella-. Dos de ellas son de sacerdotes, uno de la ciudad y otro de mi pueblo. Lo nico malo 
que recuerdo haber hecho en la vida es cruzar una calle de forma imprudente y durante la temporada turstica. Eso es considerado en Seagrove como un acto de valor, 
ms que un crimen -sus ojos azules estaban fijos en la cara de Worth-. Empezar a buscar otro trabajo maana por la maana-prometi. Slo me gustara que me permitiera 
permanecer con ella hasta que lo encuentre. Le parece justo?
         -Est bien -acept l con el ceo fruncido.
         -Es lo mejor ya que no confa en mi. Mi abuelo tampoco confiara en usted, coment Amelia con una sonrisa-. Cree que Chicago est llena de maleantes. Pas 
varios das sin hablar a mis padres cuando sal de casa para venir aqu. Me llama con cierta frecuencia para saber si he sido victima de un acto de gamberrismo. 
         -Supongo que es todo un personaje -le indic Worth.
         -Es una verdadera calamidad -acept ella-, fue pescador hasta que las circunstancias le obligaron a vender su barco. Se jubil y se dedica a hacer de todo. 
No es el mismo desde que muri mi abuela. Dice que sin ella, el mundo no tiene sentido para l.
         -De qu muri ella?
         -Un ataque al corazn. Aquello nos afect mucho a todos, trat de reprimir las lgrimas. Hacia slo un ao del incidente y todava el corazn le sangraba-. 
Mis otros abuelos, los padres de mi padre murieron hace muchos aos. Yo no llegu a conocerlos. Los maternos han sido para m mis segundos padres. Mi padre y yo 
nunca hemos podido comunicarnos de la misma forma en que mi abuelo y yo.
         -Fueron felices en su matrimonios, sus abuelos?
         -Acababan de celebrar sus bodas de oro poco antes de que ella muriera. Decidieron ir al cine para celebrarlo y volvieron a casa para hacerlo -explic con 
una sonrisa maliciosa-- Siempre haba que llamar antes de entrar a su casa. Les gustaba estar en la cama y mam los sorprendi en una ocasin haciendo el amor
         Worth sac una cajetilla de cigarrillos sin encender y se qued contemplndola.
         - Usted fuma? -Amelia no recordaba haberlo visto con uno encendido
         Worth suspir y volvi a guardar el paquete en el bolsillo su camisa-. Llevo dos semanas sin fumar.
         -Lo ha dejado de pronto?
         -Si y todava no me he acostumbrado a no tener algo en las manos.
         -Podra dedicarse a hacer punto. Me han dicho que es... -Amelia se agach pata evadir un golpe fingido de l-. Los caballeros no deben golpear a las damas!
         -Yo soy de Chicago, no del sur -la record.
         -Lo s, su acento le delata a cada instante.
         -No tengo ningn acento.
         -Si fuera a casa conmigo, vendran incluso de kilmetros a la redonda slo para orle hablar.
         -Mira quin fue a hablar de acentos -le dijo l con tono burln.
         -Pues yo no tengo acento -respondi arrastrando las palabras intencionadamente-. Al menos soy de Georgia.
         Worth hizo un movimiento de cabeza. Tena la mirada ocupada en todas partes, midiendo, calculando.
         -Qu buscamos? -inquiri ella.
         -Se lo dir cuando lo encuentre. Apunte esto.
         Empez a dictarle mientras andaba y Amelia no perdi ni una sola de sus palabras. Cuando terminaron de recorrer el solar, Amelia estaba a punto de desfallecer 
de cansancio, pero las ideas seguan brotando del cerebro de Wortls.
         El hombre volvi a contemplar el edificio abandonado y empez a mencionar los nombres de posibles contratistas, grupos de demolicin, funcionarios pblicos 
municipales, inspectores de edificios. Luego, hizo observaciones acerca del mismo terreno, empleando trminos que ella tuyo que pedirle que se los deletreara. Era 
evidente que conoca muy bien su trabajo.
         -Tambin necesitar presupuestos -murmur para s mismo-. Pedir a Reynolds que venga con los planos.
         -Tengo que pensar hasta en el ms mnimo detalle antes de embarcarme en un proyecto.
         -Me gustara que me explicara ms cosas acerca de su trabajo-exclam ella con inters genuino.
         -Si de verdad le interesa, se lo dir durante la comida.
         -Me gustara mucho -Amelia esperaba que volvieran a casa, pero la llev al muy elegante restaurante Chez Pierre, el sitio donde haba sido restada.
         -No -suplic mientras Worth la ayudaba a bajar del coche y dejaba las llaves, al portero para que lo aparcara.
         -Vamos --insisti l con firmeza-. Vamos. Nadie la reconocer.
         -Y as fue en efecto. Ni siquiera la recepcionista. Fueron llevados a una mesa apartada, junto a una ventana que daba a un hermoso jardn.
         - Qu bonito! -Exclam la joven al ver la gran variedad de flores-. -Me encantan las flores.
         -Ya lo habla adivinado.
         Ella le mir intrigada.
         -No es difcil suponer que a una mujer le gusten las flores
         -Me gusta ver crecer las plantas -confes ella suspirando-. Pero en casa no puedo hacerlo, los Kennedy son alrgicos al polen. Nunca me atrevera a poner 
flores en mi casa. Han sido muy buenos.
         -Me imagino que se refiere a sus caseros.
         - As es. Trataron de vivir con sus pensiones de jubilacin, pero las circunstancias les oblig a alquilar un apartamento. Est construido en su garaje. 
Vivo all desde que llegu.
         -Es bonito -coment l.
         -Pero demasiado pequeo -aadi riendo-, claro que tiene de que puedo ir andando hasta la orilla del lago los fines de semana.
         -Parece que extraa las playas de su tierra.
         -S. Me gustaba coleccionar conchas y contemplar el Atlntico durante una tormenta -respondi emocionada-. Pueden verse las olas hasta perderse en el horizonte.
         -Parece que es usted una de esas mujeres que se enfrenta a la furia de un huracn permaneciendo en una playa. Supongo que tambin le gusta contemplar las 
tormentas de  casa.
         -Tanto el abuelo como yo no somos temerarios. Pero si me gusta la aventura,
         -Apostara cualquier cosa a que es un signo de algo -murmur Worth pensativo.
         -Si se refiere a la astrologa, soy Sagitario.
         -Amante de la libertad, aventurera,  le gusta estar entenada y es apasionada -seal l.
         -Cma lo sabe?
         -Porque yo tambien soy Sagitario.
         -Yo habra dicho que Leo.
         -No, yo fui un regalo de Navidad. Nac precisamente el da de Nochebuena. Y usted?
         -Un da despus. El 25 de diciembre.
         -Qu coincidencia!
         -Debera haber nacido en enero -suspir ella-. Me gustan las esmeraldas, y esas son las piedras de Tauro.
         -Pero la turquesa es la mejor -coment l-. Es la piedra de los Sagitario. Yo la prefiero.
         Amelia volvi la vista hacia las manos de Worth. Eran grandes muy bronceadas, denotaban mucha fuerza. Llevaba una enorme sortija de plata con una turquesa 
engarzada en el dedo meique de su mano derecha.
         -No la haba visto -le indic ella.
         -No lleva ninguna joya -seal l, un poco sorprendido.
         -Tengo algunas, pero nunca me las pongo. Soy muy descuidada. Suelo perder las cosas.
         El camarero les llev la carta y Amelia pidi un filete y una ensalada, Worth eligi lo mismo.
         -A mi me gusta mucho la carne -le dijo l-, Sobre todo las carnes rojas.
         -Roja y casi cruda, por lo que le ha dicho al cantarero.
         -Es raro que un filete casi crudo est duro, no lo saba?
         Durante la comida la trat con toda cortesa, Su charla era realmente agradable. Le explic detalladamente todas las notas que ella haba tomado, y los 
pasos preliminares que se necesitaran para construir el edificio. Contest todas sus preguntas y satisfizo su curiosidad por completo. Amelia sinti que su escapada 
llegase al final.
         Jeannette los esperaba en la sala de la casa a su vuelta. 
         -Por fin llegis -lanz una mirada de disgusto a Worth. Te has escapado con mi nueva acompaante en su primer da de trabajo. Seguro que la has hecho trabajar 
tanto, que ahora odia el empleo.
         -Recuerda que hemos hecho un pacto -le record l con una sonrisa y dndole un beso en la frente-. Pero ya es toda tuya.
         Worth volvi la mirada hacia Amelia, que se haba dejado caer en un silln y se preguntaba si podra quitarse los zapatos sin que se lo reprocharan-. Necesitar 
esas notas maana por la maana.
         -Pens que tena que asistir a una reunin -pregunt Amelia de pronto.
         -Maldita sea! -replic l-. Se me haba olvidado. Ser mejor que llame por telfono,
         Cuando sali de la habitacin, Jeannette Carson sonri, es algo que sucede por primera vez desde hace mucho-le coment a Amelia en un murmullo-. Nunca se 
le olvidan sus reuniones. Qu le has hecho?
         -Le he preguntado cul es el proceso a seguir antes de hacer un edificio -respondi con sencillez-, Es muy interesante.
         -Siempre lo he considerado as -respondi la anciana-. Querida. Qu podemos hacer hoy? Quiz sea conveniente que nos demos        un bao, tomemos el sol 
y escuchemos msica. No he he trado traje de bao -respondi Amelia-, pero me gustara sentarme al sol -recordando el cnico comentario de Worth, pregunt-. Qu 
tipo de msica le gusta escuchar?
         -Me gustan Bruce Springsteen y Lionel Ritchie; adems de Jackson y Prince.
         -Qu bien! -Respondi Amelia con un suspiro-. 
         -T y yo vamos a ser grandes amigas! -Exclam la anciana-. Aydame a ponerme de pie y escapemos antes de que Worth vuelva a acapararte. Podrs trabajar 
en esas notas ms tarde.
         -Necesito marcharme antes de las seis -aventur Amelia.
         -Cuando t quieras. Me asegurar de que cuentes con el tiempo necesario. Ven conmigo.
         Amelia se preguntaba si sera prudente mencionar que haba prometido a Worth dedicarse a buscar otro trabajo al da siguiente. Reprimiendo un suspiro de 
tristeza, sigui a la anciana. Le costaba ms trabajo del que pensaba dejar aquella casa. A pesar de haber pasado slo dos das desde que conoci a los Carson, tena 
la impresin de que iba a dejar a unos familiares. Era extrao, se dijo, que pensara en ellos en esos trminos.
         
         Captulo Cinco
         
         Cuando Amelia lleg a casa de los Carson a la maana siguiente Worth ya se haba marchado. Mientras esperaba que Jeannette se levantara, ley en el peridico 
ofertas de trabajo, como haba decidido. l haba dejado muy claro que no quera que estuviera all. Amy no quera que discutiera con su abuela por ella. Llam por 
telfono a una oficina, pero el puesto ya haba sido cubierto, fue informada, pero todava estaba vacante un puesto de secretara y concert una entrevista para 
el. 
         Cort la comunicacin con cierta esperanza. Era una secretaria en un despacho de abogados, y pens que tal iba gustarle.
         La tarde anterior, Worth se haba marchado a su reunin sin despedirse y no haba vuelto a casa cuando ella se fue. La seora la haba convencido de que 
dejase la preparacin de sus notas para el da siguiente y se dedic a ello inmediatamente.
         Termin justo en el momento en que Jeannette hizo su aparicin. Llevaba puesto un pantaln corto y una camisa amplia.
         -Perdona, Amelia. Se me han pegado las sabanas. Worth me ha puesto una pelcula policaca en la televisin y no pude dormir hasta terminarla.
         -No duerme lo suficiente -le reproch Amelia con gentileza.
         -Dormir! -exclam con disgusto ha anciana-. Ya tengo mis aos. Quin quiere dormir a mi edad? Ya voy camino del gran sueo, bien lo sabes, Amy. Entonces 
descansare. Mientras llega el gran momento, quiero hacer todo lo que  no pude cuando era ms joven. Pienso vivir plenamente mis ltimos aos de mi vida.
         -Es usted una mujer muy fuerte, verdad? -pregunt Amelia con afecto.
         -Tan fuerte como un par de botas de combate -fue la respuesta que recibi-- Debes tener presente que fui periodista especializada en sucesos delictivos. 
se no es un trabajo para una cara bonita.
         Amelia se dirigi a abrir la puerta para salir al jardn.
         -Por que no te penes ropa ms cmoda? -Pregunt la anciana al ver que la joven llevaba puesto un vestido verde muy formal, tacones altos y que se haba 
recogido el pelo-. As pareces una ejecutiva. Ven con pantaln maana y djate el pelo suelto. 
         -No le molesta? Quiz Worth...
         -Worth no es tu jefe. Lo soy yo. Adems, nos veremos libres de l durante dos semanas. Va a construsrme un asilo -coment con una risita mientras se sentaban 
en cmodas hamacas al lado de la piscina.
         -Ser para usted? -pregunt Amelia,
         -No, pero me encantada ser duea de una de las unidades. As podra hacer lo que me diera la gana sin que Worth estuviera        vigilndome como un halcn. 
Jackie era muy diferente -murmur,  casi para s misma-. Tena un espritu libre, como el mo.
         -Su otro nieto?
         Quien te ha hablado de l?
         -Worth
         La mujer se reclin en su silla.
         -S, Jackie era muy alocado, pero Worth es amable y considerado y, cuando se le olvida quin es el que manda, es un buen compaero. Tenemos nuestras discusiones. 
Tiene un genio tan vivo como el mo, y le gusta que las cosas se hagan a su modo. Slo me gustara que se ocupara ms de si mismo. Esa empresa terminara matndole 
algn da.
         -Supongo que la empresa ocupa en su vida el lugar de una mujer e hijos -dijo Amelia pensando en voz alta.
         -As es -respondi Jeannette-. Hice de casamentera con l durante un tiempo, despus de que Connie le dejara, pero l no ha querido aceptar ningn tipo 
de compromiso. Me siento responsable.
         Amelia quera saber ms sobre el asunto, pero no deseaba ser una entrometida. Jeannette ley la pregunta en sus ojos.
         -Connie trabajaba de secretaria. Era mucho mas joven que Worth. l tena dinero y ella quera llevar una vida de grandeza.
         Worth le compr pieles y joyas y le regal un coche. Me di de cules eran las intenciones de ella, y comet el error de decrselo. Ella se puso en contra 
ma como una tigresa -aadi con una risa amarga-. Decidi que tenia que librarse de m, para tener el campo libre con Worth.
         -No puede hablar en serio -exclam Amelia.
         -No? -Jeannette analiz con cuidado la expresin de asombro joven-. No, no pens en asesinarme, pero dedic cada noche en que estbamos a solas a decirme 
que quera que me fuera de casa. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para conseguirlo. Worth no lo saba. A pesar de lo que yo pensaba de Connie, no iba a decirle 
nada a Worth. l la amaba, y yo no quera verle sufrir, sus cansados ojos se llenaron de recuerdos-- Cuando ella vio que no poda deshacerse de m, ide formas ms 
sutiles de atormentarme. Me rompa mis pequeos tesoros, haca comentarios diciendo lo mal que me vea. Lleg un momento en que ya no pude soportarlo y tuve que 
hablar con Worth -contuvo el aliento un segundo-. Pero l no me crey, Amy. Saba que Connie no me gustaba y pens que yo estaba celosa.
         -Debi de amarla mucho -coment Amelia con gentileza. Ya se imaginaba la situacin. Worth era de esos hombres que se entregan por completo, nunca a medias.
         -La adoraba, querida. Yo me senta muy herida, pero lo disimule. Le coment que me ira a vivir a otro sitio cuando se casaran -baj la vista-. La fecha 
para la boda ya estaba fijada. Invitaciones fueron repartidas. Ella se compro el vestido de novia.
         -Y luego? -Amelia la escuchaba con inters.
         -La semana anterior a la ceremonia, Connie vino a verme. No saba que Worth se encontraba en casa. Quera vanagloriarse, de mostrarme que haba triunfado. 
Lo hizo de forma tan cruel que me alter mucho, y me dio un ataque al corazn. Nunca olvidare su expresin al darse cuenta de que Worth se encontraba en la habitacin. 
Trat de justificarse, pero Worth no quiso ni siquiera escucharla. l pidi una ambulancia y fui trasladada al hospital -Jeannette mir sus arrugadas manos-. Nunca 
supe qu se dijeron, pero el matrimonio fue cancelado. Worth nunca se ha perdonado el no haber credo en m. He pasado meses enteros tratando de convencerle de que 
ya no tiene importancia, pero no ha vuelto a traer a una chica a casa desde entonces. Me siento culpable y responsable de ello, pero no hay nada que yo pueda hacer.
         -Qu fue de ella? -pregunt Amelia.
         -Lo ignoro -respondi Jeannette-. Me gusta pensar que fue devorada por los tiburones, pero no siempre se cumplen nuestros deseos, ya lo sabes. Me sorprende 
cmo se ciegan los hombros con una mujer, incluso los ms inteligentes.
         -Todos padecernos de esa misma ceguera -la replic Amelia.
         -Tienes razn -le dijo Jeannette con ojos brillantes-. Quiz yo tambin est amargada. Connie pudo haber sido mi ltima esperanza de tener biznietos. Temo 
que Worth no vuelva a entregar nunca su corazn.
         -Podra adoptar uno -insinu la joven.
         -Eres una bendicin para mi, chiquilla. No te marches -exclam la anciana con una risa franca.
         Amelia desvi la mirada. Si las cosas salan como estaba planeado, pronto se despedira. La oportuna llegada de Baxter con la comida la sac de tener que 
confesar que su estancia all estaba a punto de terminar.
         Ya eran ms de las ocho de la noche y Amelia estaba a punto de marcharse cuando Worth entr por la puerta principal. Se le vea cansado. Llevaba la chaqueta 
en el brazo y el cuello de la camisa desabrochado. La fina tela permita ver su fuerte musculatura. Su ajustado pantaln hacia resaltar los msculos de sus piernas.
         Bajo la luz de la lmpara, pareca ms moreno y su pelo negro brillaba con tonos azulados. l levant la vista de un papel que tena en la mano cuando ella 
vena por el pasillo con su chaqueta de en la mano.
         -Ha pasado en limpio mis notas? -pregunt l.
         -Como ha estado mi abuela?
         -Hablando por telfono. Ha tomado una cena ligera y esta en sus habitaciones para hablar con una amiga.
         Worth se pas una mano por el pelo en un gesto que hizo que ella recordara a Clark Gable, era evidente que estaba agotado.
         -Yo... ya he hecho lo que me pidi -aadi la joven.
         "Qu? -, insisti l despus de una larga pausa.
         -Creo que ya he encontrado otro trabajo -contest ella, fingiendo un gesto de alegra-. Es un puesto de secretaria en un despacho de abogados. Tengo una 
entrevista con ellos maana por la maana.
         -Se ha cansado de este trabajo? --le espet l.
         -Usted me pidi que buscara otro -respondi ella indignada. 
         -Mi abuela ya se ha acostumbrado a usted. Tendr que soportar sus reproches, si la dejo marcharse.
         Amelia no pareca encontrar las palabras adecuadas. Miraba lo cansado que estaba y quera acariciarle, tranquilizarle. Daba la impresin de que haba tenido 
un da muy duro.
         -Qu ojos tan expresivos! -Murmur l, acercndose ms  y alz una mano para coger la barbilla-. Sientes lstima de m? -pregunt con una sonrisa cansada.
         -Tienes el aspecto de haber sido atropellado por un tanque, indic ella con un tono muy suave.
         -As me siento. He tenido una reunin muy importante y an no he comido.
         -Ha quedado algo de carne de la cena en el frigorfico. -Ya has cenado t? -pregunt l con la mirada fija en la de Amelia.
         -Si -respondi ella.
         Haba estado a punto de contestarle lo contrario, ya que quera estar a su lado. Adems, se preguntaba si la pequea ensalada que haba tomado podra ser 
considerada como cena.
         Tengo que volver a casa. Espero una llamada telefnica. Est bien -le indic l, vindola dirigirse hacia la puerta.
         Ella se detuvo frente a la puerta y se volvi preocupada. Pareca muy solo. l la detuvo con la mirada.
         -Baxter se va a las ocho, al igual que la doncella y el jardinero. Ninguno de ellos vive aqu con nosotros.
         Ya eran las ocho y media. Amy se haba enfrascado en una animada conversacin con Jeannette y no haba encontrado la forma de escapar antes sin ofenderla.
         Worth dej caer su chaqueta y corbata en un silln del corredor.
         -Creo que puedo arreglrmelas sin cenar.
         -Puedo preparar algo -murmur ella.
         -Y qu hay de tu llamada telefnica? -pregunt l con una ligera sonrisa.
         -No quera causar problemas -contest ella, bajando la vista.
         -No lo hars. Odio tener que comer solo. Se dio la vuelta y ella le sigui hasta la cocina. Abri el frigorfico y preparo una ensalada, un plato de embutidos 
y pan tostado.
         Amelia se comi un sndwich de jamn mientras preparaba el caf. Sirvi dos tazas de humeante cal y sonri al ver los esfuerzos de Worth por manipular 
la delicada taza con sus gruesos dedos.
         Para sus manos necesita un tazn -murmuro. No son tan grandes -respondi l riendo.
         Extendi su mano libre y captur una de las de Amelia para observar la diferencia de tamaos. Los delicados dedos de ella parecan ms pequeos todava 
entre los de l. Amelia pens que sus manos eran realmente varoniles, tan bronceadas y encallecidas por el trabajo rudo, pero con las uas muy bien arregladas y 
las muecas cubiertas de vello negro.
         -Tiene demasiado vello -coment ella sin pensarlo, levantando la vista hasta su pecho y observando el cuello abierto de su camisa.
         -En todo el cuerpo. No le gustan los hombres velludos, seorita Glenn?
         Amelia trat de retirar su mano de entre las suyas, pero l la tuvo cautiva con un movimiento firme y sensual.
         -No s -respondi ella confundida.
         -Averigmoslo-coment l atrayndola.
         Cielo Santo!, qu fuerte era. Se vio levantada de su silla antes poder protestar, EI pareca un emperador romano, sonriendo, venciendo su resistencia con 
gran facilidad.
         -Seor Carson...
         Worth, dio un tirn ms a su mano, obligndola a caer sentada sus rodillas. Bajo ella, sinti la fuerza de los msculos de sus piernas,  la movi para hacerla 
reclinar la mejilla contra la  parte superior de uno de sus brazos. Amelia pudo advertir el aroma locin, olor sensual y oriental, y l ri al ver su expresin.
         -Ahora, siente -le indic l, metindole la mano por debajo de la camisa. Oprimi su mano abierta contra la espesa mata de vello.
         No era justo, se dijo ella, mirndole a la cara. Senta que su fuerza de voluntad no la ayudara nada. l mova su mano, observndola mientras la enseaba 
a tocarle.
         -Muy bien.
         -No le he pedido que me d clases -murmuro ella con voz baja.
         -No, no me lo has pedido -admiti l con una expresin de paciencia-. Pero creo que te vendra bien.
         -Contratar un gigol -prometi ella-. Djame marcharme, por favor.
         -Por qu? -volvi a llevar su mano hasta su pecho y la detuvo all-. No te he pedido nada. Todava.
         -Ni ahora ni nunca -le corrigi ella-. Trabajo para tu abuela. Mis obligaciones no incluyen satisfacer tus apetitos.
         -No creo que pudieras hacerlo, Amy -sus palabras la asombraron-. No tienes idea de cmo hacerlo, o s?
         -As es, respondi irritada-. Razn por la cual debe dar gracias al cielo. As no tendrs que preocuparte de que te persiga!
         -Por qu no? -Worth acarici sus labios con el pulgar-. Quiz me gustara ser perseguido por ti.
         -Pues yo no disfrutara-murmuro ella. Tratando de romper la presin del brazo que la sujetaba. Quieres dejar de tratarme como a un juguete nuevo?
         -No pienso en ti en esos trminos -le dijo l, conteniendo el aliento, al deshacerle el moo con una mano. Amelia trat de detenerle, peno slo consigui 
soltar unos cuantos mechones de largo pelo negro, as que desisti. Worth dej las horquillas sobre la mesa y acaricio el pelo que haba cado sobre sus hombros.
         -Parece satn -seal en voz baja-. Ya haba olvidado lo sensual que es el pelo.
         -Es que has estado saliendo con mujeres calvas? -Pregunto ella con una risa nerviosa--. Ya te has divertido bastante. Permteme irme a casa.
         La mano de Worth haba llegado a su cara produciendo efectos devastadores al alcanzar sus mejillas y detenerse en sus ojos, Sus ojos haban perdido su expresin 
alegre; ahora estaban serios, inquisitivos.
         -No pareces tener veintiocho aos, Amy. Te deseo -aadi, inclinando la cabeza.
         Antes de que ella pudiese encontrar la respuesta adecuada, la boca de Worth ya se haba apoderado de la suya. Quiso protestar, pero la verdad era que le 
gustaba. Con sus labios la oblig a abrir los suyos y permitir la lenta y rtmica penetracin de su lengua. Amelia introdujo aun ms los dedos entre el espeso vello 
pectoral y eso provoc en l un estremecimiento.
         -S-murmuro contra sus labios, Me gusta.
         Amelia abri los ojos; stos se haban vuelto tan grises como lluviosos. Volvi a contraer los dedos y l sonri con una sonrisa posesiva que insinuaba 
conquista, una  dominacin. Sin duda era un hombre que hacia que la pasin pareciera natural. Su cuerpo respondi a la creciente pasin, acercndose a l como si 
tuviese voluntad propia.
         -Lo sientes, no es as? -murmuro l.
         Con la marro libre la hizo volver hacia l, hasta hacer que su pecho se oprimiese contra el suyo. La bes mecindola para rozar sus senos una y otra vez, 
haciendo que sus pezones empezaran a endurecerse. 
         -Me gusta eso -coment l.
         Deslizo su boca por el cuello de Amelia, aspirando su aroma. Ella bajo la cara para esconderla en su hombro. Los labios de Worth acariciaron sus prpados, 
obligando a sacar la cara de su refugio.
         -Amy... -volvi a decirle antes de besarla de nuevo, en esta ocasin ya no haba ningn juego. Arque su cuerpo al de ella y la obligo a abrir los labios. 
lrdci una explosin y sensual que la hizo temblar en sus brazos.
         -Ya haba tAn45~ lo hermoso que es besar -musit contra los labios abiertos. Podra embriagarme con tu boca.
         -Por favor, sigue -se oy decirle a s misma.
         -Cmo podra detenerme cuando estoy tan hambriento?, coment l antes de volver a inclinar la cabeza. La joven abri ms la boca para que tomase lo que 
quisiera.
         -Si decidiera tomarte, respondera tu cuerpo de la misma forma? -pregunt l.
         Ella gimi y la boca de Worth, se volvi ms exigente, la presin de sus brazos empezaba a hacerle dao. Con un abandono inesperado, se acerco ms a l 
para que advirtiese la fuerza con la que lo deseaba.
         Los ojos de Worth brillaban de pasin y tena la boca apretada con firmeza. Baj la mirada hasta sus senos, y llev una mano hasta el botn superior de 
su camisa. Lo desabroch con la mirada fija en la suya en espera de una seal de protesta que le hiciera detenerse.-
         -Voy a desnudarte hasta la cintura, Amy -le indic en voz baja-, Y voy a alimentarme de ti, con la mirada y con la boca.
         Amy, temblaba de pasin, no quera negarle nada de lo que quisiera. Arqueo el cuerpo hacia l en actitud de entrega. Pero cuando Worth estaba a punto de 
quitarle el sujetador, oyeron abrirse una puerta en el pasillo.
         Sin pensarlo, Amelia se puso de pie e intento abrocharse lo ms deprisa posible los botones de su camisa.
         Worth se reclin en su asiento. Haba un extrao brillo en sus ojos que Amelia no consigui captar. Extendi la mano y cogi las horquillas con las que 
haba mantenido sujeto el moo.
         -Toma, no olvides esto,
         -Gracias. -las guard y se mir en sus ojos negros.
         Los dedos de Worth acariciaron los suyos al entregarle las horquillas.
         -Olvida la entrevista de maana. Qudate -le pidi el
         -Worth, no estoy dispuesta a acostarme contigo -le dij ella con firmeza mientras sentan unos pasos que se acercaban
         -Esta bien -acept l con facilidad.
         -Wo.. -empez  ella dirigiendo la mirada hacia la puerta.
         -No te presionar -prometi l-. No puedo ofrecerte ningn futuro Amy, y puesto que no puedo hacerlo, tampoco quiero ningn compromiso por tu parte. Creo 
que me he expresado con suficiente claridad. No necesita decirte que no.. -empIe una frase sumamente vulgar. Sonriendo con malicia al ver su expresin de enojo. 
         -Tienes una boca muy sucia -coment ella
         -La tuya es exquisita -seal l con deseo- Nunca he probado algo mas suave y apetitoso.
         -Me voy a casa -exclam ella, cogi su bolso y estuvo a punto de chocarse con Jeannette al llegar a la puerta.
         -Hola, querida -dijo la anciana-, Crea que ya te habas ido. Worth, Clara me ha invitado a jugar al bridge maana noche Puedes llevarme?
         -Por supuesto -respondi l.
         -No quiero que discutis -indic Jeannette, malinterpretando el silencio que exista entre ellos- Y no trates de echarla, Worth, de lo contrario me ir 
a un asilo.
         -Dios nos libre! Te expulsaran al cabo de tres das! -dijo Worth de excelente humor, la abuela se limit a dedicar un gruido a su nieto y sonreir.
         -Te ver maana, querida. Buenas noches. Buenas noches -replic la joven sonriente.
         En su casa, permaneci despierta largo rato, pensando en el interludio que haba pasado entre los brazos de aquel hombre. Ella hubiera deseado que el le 
hubiese abierto el vestido,        deseado que la hubiera mirado y acariciad.- Tembl al darse cuenta de que nunca haba experimentado ese tipo de deseo. Sera 
una locura por su parte haber aceptado quedarse? Worth le haba dicho que no quera ningn compromiso por su parte, pero, qu hara ella si l la presionaba? No 
podra negarse. Qu era lo que l quera? Un romance pasajero, alguien a tener a su lado, pero sobre bases no permanentes? Decidi confiar en que todo saliera 
bien. Y desde procurara relacionarse lo menos posible con Worth. l nunca la amara y ella no buscaba slo una aventura. Tendra que encontrar forma de decirle 
que slo deseaba ser su amiga, y que no quera tener una aventura amorosa con l. Haca tiempo que haba abandonado la idea de llegar a tener esposo e hijos ya que 
sus noviazgos no hallan llegado muy lejos. Los hombres buenos estaban casados y los solteros que quedaban lo estaban por razones obvias. Haba aprendido que la mayora 
de los hombres slo buscaban aventuras pasajeras. Nunca algo permanente. Ellos saban que podan disponer de todas las ventajas del matrimonio pero sin sus responsabilidades. 
Sin embargo, Amy lo quera todo: tarta nupcial, alianzas e intercambio de votos. Quizs haba dejado pasar demasiado tiempo para intentarlo, Ya era demasiado tarde. 
Se quedara soltera para siempre. Y eso qu le importaba?, se dijo irritada. No era mejor que arriesgar todo con un hombre que resultara ser un jugador empedernido, 
un alcohlico, o un mujeriego? No, supuesto que no. Con esa optimista idea, cerr los ojos y finalmente se qued dormida.
         
         Captulo Seis
         
         Amelia se dedic de lleno a su trabajo con los Carson. Su horario era extrao y en ocasiones agotador, pero se senta bien.
         Worth entraba y sala. Raras veces le peda que tomara notas o le mecanografiase una carta, as que pasaba la mayor parte del tiempo con Jeannette. La anciana 
tena un enorme repertorio de temas verdaderamente interesantes de su trabajo como periodista. Le encantaba describir a Amelia crmenes horrendos y ella la escuchaba 
con franca admiracin.
         El verano cedi paso al otoo. Amelia disfrutaba cada momento del da como nunca lo haba hecho. La mansin de los Carson tena grandes y hermosos jardines 
y, cuando no estaba ocupada en sus cosas, le gustaba recorrerlos y deleitarse con la maravillosa vegetacin. Recibi una gran sorpresa cuando Worth fue a buscarla, 
por lo general l permaneca en su despacho.
         Desde aquel ardiente intercambio, l haba guardado siempre distancias entre ellos. Pero no obstante la evitaba, y de haber sido otro, ella lo habra interpretado 
como un evidente gesto de Jeannette ya le haba hablado mucho de su pasado. Haba estado despierta durante largo tiempo, pero pronto se haba dado cuenta de que 
Worth poda encender y apagar sus emociones con increble facilidad. As que ella haba hecho frente a sus cambios de humor, reprimiendo sus propias emociones todo 
lo que le posible. Y le haba funcionado. Se haba convertido ms en un amigo que en su jefe y le era fcil tomrselo como tal, olvidando lo ocurrido el primer da 
que trabaj para I.
         -Me necesita la seora Carson? -le pregunt a Woth con una sonrisa.
         Llevaba puesto un pantaln blanco y un jersey rosa. Se haba dejado el pelo suelto, y unas sandalias ligeras protegan sus pequeos pies.
         -No, respondi l con pereza, ajustando su paso al de ella-. Sus pantalones grises y su camisa blanca, con el botn del cuello sin abrochar, le sentaban 
realmente bien.
         -Te preocupa algo, jefe?
         -No -insisti l sonriendo al mirarla.
         -Pues has vuelto a casa ms temprano,  o es que se te ha hecho tarde para ir a trabajar?
         Llevaba una hoja en la mano y la mordisqueo mientras se dirigan hacia la casa. Era un da hermoso. Los capullos estallan a punto de abrir y los pjaros 
cantaban.
         -Tengo algo para ti -le dijo l.
         -Para m? -exclam ella sorprendida.
         -S.-murmuro-. Sgueme.
         La llev a un lado de la casa y le ense una porcin recin arada de unos tres metros cuadrados.
         -Para mi? -repiti Amelia con alegra en sus ojos. Su sonrisa era ms brillante que el sol.
         -Para ti-respondi l, riendo al ver su sorpresa-. Siembra aqu lo que quieras.
         -Worth! -En un impulso, Amelia se arroj en sus brazos y le dio un fuerte abrazo-. Muchas gracias.
         -No tienes nada que agradecer -respondi l cogindola de los hombros-. Es slo una muestra de agradecimiento por el bien que nos has trado. Mi abuela 
te idolatra, lo sabas?
         -El afecto es mutuo. Es una persona encantadora-suspir Amelia.
         Cerr los ojos y reclin la cabeza contra su pecho. Le pareca lo ms natural estar en sus brazos a la sombra de los rboles. Poda or los latidos de su 
corazn, y en la sien senta su propia respiracin agitada e irregular.
         -Amelia...
         Su tono de voz presagiaba problemas y ella no estaba dispuesta a enfrentarse a ellos. Todava no se apart de l, sonrindole para evitar el rechazo. No 
le miraba a la cara. No poda hacerlo.
         -Qu puedo sembrar aqu? -se pregunt en voz alta. Worth se acerc a ella por la espalda, la cogi de la cintura y la hizo apoyarse: en su pecho.
         -El nombre del jardinero es Harry. Pide todo lo que desees.
         -No, no es necesario. Yo misma comprar lo que se me antoje.
         -Te acabo de decir que se lo pidas a l.
         -Tirano.
         Worth desliz sus manos hacia arriba hasta dejarlas justo debajo de sus senos. El corazn de Amelia dio un vuelco. l lo advirti y dej escapar una carcajada.
         -Estamos a plena luz de da -la record-. Nunca lo hara pblico; si acaso te ayuda a tranquilizarte.
         Ella saba a la perfeccin a qu se refera y se mordi un labio. A l le gustaba bromear, ya lo saba. En realidad, no hablaba en serio. Ella era joven, 
atractiva, y estaba a mano; l era demasiado varonil. Tena que recordarlo y eso hacia para mantener todo bajo control. Y as sucedi hasta que Inclin la cabeza 
y la bes en el cuello.
         Amy contuvo la respiracin y emiti un gemido, lo cual hizo que todo cambiara. Lenta, muy lentamente, l la hizo volverse, tenindola sujeta. La mir a 
los ojos con tal deseo que ella sinti como si la estuviese desnudando. Dej caer la cabeza contra pecho, casi sin aliento.
         -Lo he intentado -murmur l-. Dios sabe cunto lo he intentado-apret las manos sobre su cintura. De pronto se inclin y la levant.
         Amelia se agarr a sus hombros cuando l se dio vuelta y la llev al invernadero, que se encontraba a varios metros. Estaba vaco. Por regla general, el 
jardinero descansaba los lunes y la seora Carson dorma su siesta del medioda.
         La dej en el suelo con suma gentileza. Sus enormes manos le tomaron la cara y la mir a los ojos con intensidad. Tena la respiracin agitada y ella poda 
advertir los latidos de su corazn
         -En una ocasin vi un cuadro de un hada -murmuro Worth-. Tena el pelo negro y largo, ojos azules y un esbelto y hermoso cuerpo como el tuyo. Cada vez que 
te veo, quisiera que te desnudaras, Amy. Quiero ensearte a hacer el amor. Ese es el motivo por el cual he intentado a toda costa no hacer esto...
         Sus bocas se fundieron; primero con suavidad y luego con violencia, primero jugueteando, despus con ansiedad. Amelia se puso de puntillas y le pas los 
brazos por el cuello. Su boca respondi con la misma fuerza. No se sorprendi cuando l la acerco aun ms contra l, para hacerla sentir la tangible evidencia de 
la necesidad que senta por ella.
         -No ests oponiendo la menor resistencia -le dijo Worth, levantando la cabeza.
         -No, es verdad -respondi ella con una sonrisa.
         -Tampoco ests sorprendida? -insisti l.
         -No.
         Sus manos le desabrocharon la camisa y se deslizaron bajo la prenda para acariciar su desnuda y velluda piel. Al sentir su contacto, el cuerpo de Worth 
se puso tenso.
         -Lo siento -dijo ella detenindose.
         Worth respiraba lentamente como si estuviera luchando por mantener el control.
         Cubri sus manos con las suyas y las acaricio.
         -Est bien -respondi.
         Sus labios se posaron en su frente. Amelia segua sin hacer ningn gesto de rechazo.
         -No recuerdo cundo fue la ltima vez que me excit de esta forma.
         -Te molesta? -pregunt ella, levantando la vista para mirarle a los ojos.
         -Un poco. No, no te alejes -protest cuando ella intent alejarse.
         Amelia llev una mano hasta el hoyuelo de su barbilla. Dado que a l no pareca preocuparle, a continuacin explor su boca, luego su  amplia frente y sus 
espesas cejas.
         -Me gusta tu cara -le dijo-. Es muy personal.
         -No es atractiva -murmur l.
         -No pero s sensual -respondi sonriendo. Worth abri los ojos y la mir con ternura.
         -T eres igual.
         EIla baj la vista hasta su amplio pecho y contempl su musculatura.
         -Ya has tomado una decisin? -pregunt I.
         -Decisin acerca de qu? -pregunt ella sorprendida.
         -Acerca de si te gustan los hombres velludos o no -coment riendo.
         -Si quieres saber la verdad -confes ella--, nunca haba estado cerca como ahora de un hombre que tuviera la camisa quitada.
         -Y qu pas con aquel prometido tuyo?
         --Usaba camiseta -respondi riendo-. Ni siquiera llegu a verlo en baador. Supongo que eso le haca sentirse incmodo, no haba pensado en ello -observaba 
la cabeza y hombros de Worth con verdadero inters-. Y nunca haba visto a nadie como tu. Ni siquiera en revistas.
         Worth apret los labios, su control empezaba a desaparecer.
         -Ests jugando con fuego -murmuro-. Ten cuidado. Amelia respir profundamente, y levant la vista hasta su boca.
         -No te gustara seducirme? -pregunt-. Ya tengo veintiocho aos. Puedo morir uno de estos das sin haber sabido lo que es mujer.
         l llev las manos a su cintura y la apret con tal fuerza que la hizo gemir. Su cara estaba rgida y en sus ojos brillaba un fulgor raro.
         -Complicara las cosas demasiado -respondi l despus de un rato-. Mi abuela te necesita. Si permitiera que eso sucediera, te perdera. No miento cuando 
hablo de compromisos, Amy. No los deseo y tu quizs si.
         Tragndose su orgullo y el dolor que sus palabras le producan,.,ella consigui sonrerle.
         -Es que eres tan bueno en la cama? -pregunt con malicia.
         -Tengo bastante experiencia -respondi el-. El sexo puede llegar a ser un vicio. Es muy difcil detenerse una vez que empiezas. Nos volveramos dependientes 
el uno del otro, y no quiero que eso suceda.
         -Ya tienes cuarenta aos -le record ella en voz baja y tranquila.
         -Pues morir siendo un soltern -seal, encogindose de hombros y esbozando una sonrisa-. Amy -aadi muy serio-, hubo una mujer. No entrar en detalles, 
pero recib un golpe muy duro. Todava no me he recuperado.
         -Comprendo -respondi ella.
         Lo saba todo, pero no quera decrselo.
         -Tu abuela dice que se ha pasado toda la vida preocupndose de las apariencias y que ahora va a deshacerse de todos sus prejuicios y trabas para empezar 
a vivir de verdad. No te diriges t en sentido contrario?
         -Mira ahora quin est dando lecciones sobre el peligro de una relacin seria! -exclam l con una sonora carcajada.
         -No es eso. A mi tampoco me resulta fcil mantener relaciones pasajeras. No estoy hecha para las aventuras de una noche. No creo en las relaciones puramente 
fsicas. Quiero tener un amigo adems de un amante.
         -Pues yo puedo ser tu mejor amigo, si t quieres, Amy -le indic-. Y tu amante, si tambin lo deseas.
         -Me encantara hacer el amor contigo, Worth, pero tienes razn. Slo complicara ms las cosas -seal con un suspiro.
         -De cualquier modo -murmur l, inclinndose sobre su boca-, me gusta besarte de vez en cuando.
         La bes con lentitud, Amelia se encendi como el fuego a medida que el beso se fue haciendo ms profundo. Cuando levant la cabeza, Amelia temblaba y estaba 
sonrojada.
         -S -exclam l al verla-, as te pondras si llegara a hacerte...
         -Worth -gimi ella, tendindole los brazos.
         -No -dijo l en voz baja.
         La abraz y la meci contra l hasta que dej de temblar y los dos volvieron a respirar con normalidad.
         Amelia cerr los ojos, sintindose cansada, pero segura y protegida. Frot la mejilla contra su pecho y sonri.
         -Me gustan Ios hombres velludos -dijo en un murmullo. 
         -A mi me gustan las mujeres de ojos azules grandes y... Me temo que me gustan demasiado -se apart de ella, tomo con afecto de un mechn de su pelo-. Vamos, 
dime qu que quieres sembrar y luego iremos a comer con la abuela.
         -Est bien.
         Amelia ya se imaginaba todas las flores que no tardaran en crecer, mientras se dirigan hacia la casa. Worth iba a su lado. Le deseaba, se dijo ella llena 
de deseo. Impulsivamente, le tendi una mano, la cogi con cario y entrelaz sus dedos. Amelia no recordaba haber sido ms feliz en su vida.
         Entraron en la casa y cuando se dirigan hacia la sala, Baxter tena la cara desencajada.
         -Seor Worth -exclam sin aliento-. Es su abuela, temo que se trata de un ataque al corazn.
         
         Captulo Siete
         
         Las horas siguientes transcurrieron como en una pesadilla. Worth llam a una ambulancia y al medico de la familia. Jeannette tena la respiracin alterada, 
estaba fra y sus mejillas haban perdido el color. Sus ojos parecan haberse hundido en su delgada cara. Por su experiencia anterior, Amelia estaba casi segura 
de que le esperaban tiempos difciles a la anciana, se sent en la cama junto a ella y le cogi una mano, luego, empez a dedicarle palabras de aliento mientras 
Worth paseaba de un lado a otro de la habitacin esperando a la ambulancia.
         El sonido de una sirena anunci por fin su llegada, unos minutos ms tarde, estaba camino del hospital. Worth fue en ella y Amelia los sigui en su destartalado 
Ford. Cuando lleg, encontr a Worth en la sala de espera de la seccin de urgencias. Haba varias personas ms, todas con expresin preocupada. Amelia consigui 
sentarse entre Worth y una seora obesa que tema una criatura en brazos que no dejaba de llorar, y cogi su mano entre las suyas. En la otra mano de Worth haba 
un cigarrillo encendido el primero que ella le vea fumar.
         -Has sabido algo? -pregunt en voz baja.
         -Nada -Worth tena la mirada fija en una pared y, distante se llev el cigarrillo a la boca.
         Amelia apoy la cabeza en su hombro, agotada. Haba visto muchas situaciones como esa cuando trabajaba en el hospital, por supuesto, pero los parientes 
siempre eran para ella unos desconocidos. Este era un caso muy distinto. Quera mucho a la seora Carson.
         Mir la cara inexpresiva de Worth y sinti ganas de llorar. Pareca como si el mundo se estuviera acabando para l, y no haba nada que ella pudiera hacer 
para ayudarle. Estaba sumido en un tono privado, debatindose entre la esperanza y la desolacin.
         -Lo siento mucho -le dijo en voz baja-. Quisiera poder algo.
         -No desesperes, Amy -le dijo apretndole la mano.
         Ella cerr los ojos y apret la mano de Worth lentamente; los minutos pasaban lentamente, las personas iban y venan, subiendo la voz. Los nios lloraban 
y luego rean. Pas mucho rato antes de que un medico vestido de blanco acudiese en busca Worth.
         Worth se alej con l. EL doctor hablaba y Worth le escuchaba; su mirada era cada vez ms sombra. El mdico le dio la mano, asinti con la cabeza y se 
march.
         Worth permaneci inmvil un minuto. Luego, volvi la vista Amelia, le hizo una seal indicndole que le esperara y se fue por un corredor. Cuando volvi, 
su aspecto era todava peor.
         -Has venido en tu coche?
         -S, mi coche est fiera -Worth la sigui hacia la salida. Amy se preguntaba si debera decirle algo. Finalmente, decidi esperar hasta que ya estuvieran 
fuera del hospital.
         Worth se sent a su lado, apenas dndose cuenta de dnde se sentaba. Encendi otro cigarrillo mientras ella trataba de poner coche en marcha. Gracias a 
Dios, en esa ocasin el Ford se port bien y no tard en salir del aparcamiento.
         -El mdico no cree que se trate de un ataque al corazn, coment Worth minutos ms tarde-. Considera que lo ms probable es que se trate de una angina de 
pecho, pero no puede dar un diagnstico definitivo todava. No lo har hasta que no le hagan una  serie de pruebas, incluyendo un cardiograma que se har maana 
si se encuentra un poco mejor.
         -Oh -murmur Amelia, saba lo que eso significaba, que revelara si haba un bloqueo o una vlvula defectuosa
         El corazn de la anciana. Una lectura positiva sobre cualquiera de esas dos posibilidades podra implicar una operacin a corazn abierto. Pobre Jeannette!
         -La han llevado a la unidad de cuidados intensivos -Worth se pas una mano por el pelo-. Eso significa que slo se le podr visitar tres veces al da durante 
perodos de diez minutos Voy a volver a su lado, pero necesito cambiarme de ropa y coger mi coche.
         -Hay algo que yo pueda hacer? -pregunt ella.
         -S, puedes quedarte en casa y atender mis asuntos durante los prximos das. No puedo enfrentarme al mundo de los negocios y cuidar de la abuela al mismo 
tiempo.
         -Ir a mi apartamento para coger algo de ropa -acept sin protestar-. Si me das una lista de las personas que pueden llamar y qu es lo que debo decirles, 
yo me har cargo del resto -tard en una esquina y el viejo coche protest. Fue entonces cuando Worth se dio cuenta de dnde estaba.
         -Asi que este trasto funciona!-exclam, mirando la remendada tapicera del Ford.
         Amelia volvi la vista hacia l.
         -Calla! -le dijo-. Si lo insultas, se parar en medio de la calle.
         -Cmo no puedes insultar a algo como esto? -Pregunt incrdulo-. No saba que estuviera en estas condiciones, si no ya te hubiera comprado algo mejor.
         -No va a comprarme nada, seor Carson -le aclar-. Puedo mantenerme yo sola, muchas gracias.
         -Con sndwiches de atn y un coche que te puede dejar tirada en cualquier momento.
         -Me gusta este coche. Tiene personalidad.
         -Lo que tiene -replic l, cuando ya estaban cerca de la casa-, es un montn de aos. Cuntas veces necesitas pisar los frenos para que funcionen? -Le 
exigi, Amelia se ruboriz y sus ojos ardieron de furia- Cogers el Mercedes si tienes que ir a algn lado -le indic tajante-- Me llevar el Rolls al hospital.
         -Worth...
         -No discutas conmigo, cario -seal en voz baja y con una mirada que, viniendo de l, la oblig a permanecer callada Amelia dej su coche en el garaje 
y apag el motor.
         Worth baj del vehculo, le abri la puerta y busc un llavero en  sus bolsillos. Lo puso en su mano y le cerr los dedos alrededor.
         -No discutas-insisti mirndola a los ojos-. Est asegurado contra todo riesgo. Si le abollas el parachoques, no te reclamare nada. Ests de acuerdo?
         -No s si sabr conducirlo -confes con un suspiro.
         -Es igual que el tuyo, slo que ms pequeo.
         -Ms pequeo y mucho ms caro.
         -Y qu tiene eso de malo? -murmur l y consigui esbozar sonrisa, inclin la cabeza y le dio un beso ligero en los labios-.Vamos, te preparare la lista.
         Tardaron varios minutos en elaborar la lista de posibles llamadas. Worth tena negocios en todas partes, incluyendo un proyecto Sudamrica que esperaba 
ser inscrito y que exigira su presencia en aquel lugar una vez que se formalizara el documento
         -Y qu hay del sector norte? -pregunt ella.
         -Cuento con varios ejecutivos -la record-- La clave del xito, est en contar con subalternos eficientes y saber cunto y cundo delegar. Saldr adelante 
de cualquier forma -aadi con un  suspiro-, ese no es un problema que necesite una solucin. El de la abuela s -mir su reloj- Si no estoy all dentro de una hora 
perder el tercer turno de visita. Tienes toda la informacin necesaria? -pregunt mientras Amelia repasaba la lista cuidadosamente.
         -Creo que si -acept ella-- No tardar mucho. Slo necesito traer algunas cosas de mi apartamento.
         l asinti e inici la marcha por el pasillo
         -Worth -le llam.
         -S? -se volvi con lentitud como si llevase un gran peso sobre los hombros.
         -Es tan fuerte como un par de botas de combate-le indico-. Ella misma me lo dijo. Si fuese jugadora, apostara todo a su favor.
         -Yo tambin, Amy. Pero ya tiene setenta y cinco aos.
         -Mi abuelo tiene ochenta y tres y sigue cuidando su jardn-le anim ella.        
         -Me gustas, Amy Glenn -coment l antes de empezar a subir la escalera.
         Amelia se senta intimidada conduciendo el Mercedes, pero consigui llegar a su apartamento sin incidentes que lamentar. Inform a los Kennedy de lo que 
ocurra y de que estara ausente unos das. La pareja le pidi que no se preocupara y se ofreci a ayudarla en lo que fuese necesario.  Su amabilidad casi la hizo 
llorar. Les dio las gracias y volvi a la casa solitaria. Baxter le abri con expresin preocupada. Llevaba veinte aos trabajando para los Carson.
         -Alguna noticia del hospital? -pregunt ella al entrar,
         -No, seorita. Confiaba en que s -dijo, sintindose decada.
         -Si, seorita. Nosotros tambin -respondi el mayordomo-. Tiene un espritu indomable.
         -Es una dama muy singular -acept ella-. El seor Carson me ha dicho que se encuentra en el mejor hospital. Hoy en da se puede hacer mucho por los problemas 
cardacos -coment tratando de darle aliento,
         -La culpa la tienen esos guisos que tanto le gustan -gruo Baxter-. La cocinera se los da por complacerla y ella se lo agradece, pero no son sanos para 
una persona de corazn dbil.
         -Vaya! -Exclam ella con expresin maliciosa-- Se lo dir al seor Carson. l se encargar de ella.
         El mayordomo logr esbozar una sonrisa, pero se contuvo en el acto,
         -Seorita,  si algo ocurre cuando ya me haya marchado...-
         -Yo le mantendr informado, Baxter -le interrumpi.-. No la conozco desde hace tanto tiempo como ustedes, pero la aprecio de verdad.
         El anciano asinti con la cabeza y volvi a sus menesteres. Amelia avanz por el corredor, pero se detuvo de pronto. Cul seria la habitacin para huspedes? 
Sabia cul era la de la seora Carson y sigui adelante. Abri la puerta siguiente.
         Se asom sin entrar. En ella se encontraba una cama gigantesca y estaba decorada en tonos verdes. Incluso sin fijarse en la ropa que se encontraba sobre 
un silln, supo en el acto que se trataba de la habitacin de Worth. Cerr la puerta y se dirigi a la siguiente. Estaba decorada en tonos pasteles. Era realmente 
bonita y sin duda alguna se trataba de la habitacin para huspedes. Entr y dej su maleta encima de la cama. La maleta estaba muy desgastada por el uso y desentonaba 
con la lujosa tela del edredn, por lo que la baj y la dej en el suelo. Volvi al despacho y se sent frente al enorme escritorio de Worth.
         l no llam, pero si lo hicieron otras personas. La mayora estaban en su lista, pero una de ellas era una tal seora Cade que no se encontraba en la lista 
y que parecia conocerle muy bien. Amelia trat de hacer frente a sus preguntas mientras arda de celos.
         -Quiero que me llame tan pronto como llegue -seal con determinacin-. Siento lo de su abuela, pero es urgente. Qu diablos crea que era un problema 
cardaco? Su temperamento escocs e irlands sali a la superficie. Se produjo un tenso silencio en el otro lado de la lnea.
         -Nadie me ha hablado nunca en ese tono -fue la respuesta  que recibi,
         -Yo acabo de hacerlo -le contest Amelia tajante-. Y si quiere hablar con Worth, tendr que esperar a que l tenga tiempo para llamarla. Es probable que 
usted nunca haya tenido a un familiar debatindose entre la vida y la muerte, pero ahora l est destrozado y lo ltimo que necesita es ser molestado por una mujer 
histrica.
         -Es usted una insolente... quin es usted? -exigi la voz
         -Soy la mala de la pelcula -le dijo Amelia, dando por terminada la conversacin.
         Worth la matara, se dijo sintindose miserable, pero esa horrible mujer deba haber sido menos ruda e insensible
         Hubo varias llamadas ms que Amelia atendi lo mejor que pudo y poco despus de las nueve, el telfono dej de sonar 
         Worth lleg        treinta minutos ms tarde.
      -Y bien? -pregunt Amelia, ponindose de pie, cansada de estar sentada.
              Worth la mir, pasndose una mano por el pelo. Pareca agotado. Necesitaba afeitarse y haba nuevas arrugas de preocupacin alrededor de sus ojos y 
de su boca. Llevaba arremangadas las mangas de la camisa y la chaqueta colgada de un brazo. La arroj sobre un silln y estir.
      -Est despierta y echando ms maldiciones que un carretero -coment-. Le han dado algo para calmarle el dolor. El doctor Simpson podr decirme algo ms maana 
despus del cardiograma -con expresin de agotamiento, se dej caer en el silln en el que se encontraba su chaqueta-. Amy, me ha dicho que puede tratarse de uno 
o varios bloqueos. He mencionado la posibilidad de que sea necesario intervenirla quirrgicamente. Sus enzimas estn normales, lo cual indica que no fue un ataque 
al corazn, pero su respiracin no es regular y tiene una arritmia. Si es lo que l supone, se pondr peor y tarde o temprano sufrir un ataque cardiaco. Ya ha sufrido 
varios conatos, pero no me dijo nada por no preocuparme -aadi con una risa triste.
      -Conozco algo ese tipo de operaciones -coment Amelia-. Son de las de bajo ndice de riesgo y la mayora de los pacientes estn de vuelta en su casa despus 
de una semana.
      -Eso me ha dicho el mdico -acept l- pero van a ser unos cuntos das extremadamente largos.
      -Yo te ayudar a sobrellevarlos -se ofreci con una sonrisa-. Quieres que te prepare algo de cenar?
      -No creo que pueda comer nada, Amy.
      -Quieres caf o una copa, entonces?
              -La copa y luego el caf.
      Worth se puso de pie y se dirigi al escritorio para revisar las llamadas telefnicas. Hizo una mueca de disgusto y pregunt.
      -Cunto hace que ha llamado?
      -Te refieres a la seora Cade? -Amy evadi su mirada-. Alrededor de una hora -aadi.
      -Qu quera? -insisti l mirndola a la cara.
      -No me lo ha dicho - -respondi apoyndose en uno y otro pie-. Slo ha dicho que era urgente.
      Worth se puso de pie mientras ella le serva la copa y se la entregaba.
      -Gracias -replic con tono ausente sin levantar la vista del papel.
      -Es muy mal educada -ir espet Amelia sin poder contenerse-. Y yo tambin he sido grosera con ella. Si es amiga tuya, creo que te pedir explicaciones.
      -Hace algunos meses fue algo ms que una amiga -le aclar alejndose-.  Me har cargo de estas llamadas. Buenas noches. Amv.
      Saba exactamente que haba querido decirle. "Gracias, chica, pero qutate de mi vista; estoy ocupado". Su actitud lo indicaba.
      -Baxter pidi que le llamaras para decirle cmo est la seora Carson -coment, dirigindose hacia la puerta.
      -Baxter puede esperar -seal tajante.
      Se sent frente al escritorio y  levant el auricular del telfono. Ni siquiera alz la vista antes de empezar a marcar el nmero de la seora Cade.
      Amelia se sinti muy molesta y cerr la puerta al salir.
      Bueno. Ahora saba quin era esa mujer. Era obvio que se trataba de una de sus mujeres. Se senta vaca y tena fro. Se dirigi a la habitacin para huspedes 
y se puso un camisn de algodn. Bien, pareca que pronto se quedara sin trabajo. Si Jeanette tena que ser operada, necesitara una enfermera y no una acompaante. 
Aunque en su momento Worth la habra tolerado, e incluso haba bromeado con ella, su marcha no le quitara el sueo. En ms de una ocasin, le haba dicho con toda 
claridad que no quera ningn compromiso. Dnde encajaba esa mujer en su vida? Sera ese tipo de mujeres fras, insensibles y agresivas las que le atraan? Era 
evidente que su antigua prometida perteneca a ese gnero. Ri con amargura. Era una lstima que ella no fuese atrevida. De lo contrario, hubiera podido salir en 
camisn para tratar de seducirle.
      Seducirle. Pens en esa idea durante un minuto y despus la apart de su mente. Era inoportuno pensar en eso, teniendo a su abuela enferma de gravedad. Pobre 
Jeannette. Senta verdadero cario por ella. Iba a extraar mucho a la viejecita.
         Minutos ms tarde, estaba frente al espejo cepillndose el pelo cuando la puerta se abri de pronto y Worth apareci en la habitacin. Estaba muy preocupado. 
Se haba puesto la chaqueta de nuevo y haba una expresin de enojo en sus ojos negros, Durante unos segundos, Amelia pens que ni siquiera se haba dado cuenta 
de que ella ya se haba puesto el camisn.
         -Tengo que salir -le dijo tajante-. Te importara estar pendiente del telfono y contestar las llamadas que se produzcan? Ya he comunicado al hospital 
el nmero donde se me puede localizar.
         Los ojos azules de Amelia le acariciaron como si fuesen sus manos. Su cara estaba contrada y tena los ojos rojos. Ya tena bastante con la preocupacin 
de su abuela para que ahora viniera esa mujer a alterarle ms. Ella saba a dnde iba. No necesitaba que l se lo dijera
         -Estar pendiente -le asegur con tono fro.
         En ese momento, l se fij en lo que llevaba puesto ella, advirti un brillo de deseo en sus atormentados ojos, Esboz una sonrisa al advertir lo fina que 
era la tela del camisn, tanto que permita ver los suaves contornos de su cuerpo. Con el pelo suelto cayndole sobre los hombros, Amelia pareca un hada.
         -No s por qu, pero me haba imaginado que dormiras con pijama.
         -En realidad prefiero dormir slo con la ropa interior -le dijo con suavidad-, pero eso es cuando estoy en casa.
         -No te preocupes por m -murmur l-. Me molesta tener que romper tus hbitos
         -Ya se lo he dicho, seor Carson. No suelo dar representaciones privadas -dej el cepillo sobre el vestidor-. Algo ms?
         -S, pero no tengo tiempo -coment con una sonrisa maliciosa volviendo a mirar su cuerpo y luego la cama
         -Desecha esos pensamientos -comento con tono seco.
         -Por que?
         Ella le recorri con la mirada, lo cual le perturb, ya que frunci el ceo. Bruscamente, cerr la puerta y se dirigi hacia ella. 
         -No -exclam Amy, ponindose de pie.
         Eso empeor las cosas ya que su camisn tema un escote muy profundo y permita ver las curvas de sus senos
         Pero l sigui avanzando Slo se detuvo cuando estuvo precisamente junto a ella. Pos sus clidas manos sobre sus hombros.
         Amelia senta que su corazn lata con violencia y su cuerpo reaccionaba a su cercana. le adoraba. Su aroma masculino y el junto a ella la enloquecan.
         -Tienes que salir -le record sin aliento.
         -Lo s -acaricio su pelo.
         -Worth -le dijo levantando la vista. l la cogi por la barbilla, la mir a los ojos advirtiendo la angustia que haba en ellos, sin comprenderla.
         Worth cerr los suyos. Apoy su frente contra la suya
         -No sientas miedo de mi, Amy -le dijo en voz baja-. No quiero nada de ti, slo un poco de apoyo. Est bien? Algo que me ayude a soportar las prximas horas 
-acaricio su nariz con la suya.
         Sus enormes manos bajaron hasta la cintura de Amelia en una caricia suave. Luego, de pronto, y con un rpido movimiento subi las manos y las puso debajo 
de los senos de ella. La joven sinti la presin y empez a temblar, porque deseaba saber qu sentira si colocaba sus manos all.
         -Entonces, por qu... por que vas a su lado? -pregunt con amargura, reprochndose la forma en que su cuerpo reaccionaba ante l.
         -Vaya, vaya -murmur l-. Eso es lo que crees, Amy que voy a ahogar mis preocupaciones y frustraciones en los brazos de esa mujer?
         -No es as? -pregunt ella molesta.
         -eso sera eso como estar sentado en un criadero de ostras y mandar traer una sopa de ostras de otra parte? -pregunt l.
         -Soy una reprimida, lo recuerdas? Ni siquiera s cmo hacer el amor!
         Worth ri en voz baja, como si sus celos le gustasen.
         -Amelia Glenn, a veces cometes grandes errores. Para tu informacin, la seora Cade ya no es mi amante. Ahora es vicepresidente ejecutiva de una de mis 
subcontratistas.
         -Vicepresidente?
         -Ejecutiva -repiti l, mirando sus senos- Y ese asunto urgente tiene que ver con el provecto sudamericano. Ella tiene a su cargo las negociaciones gubernamentales. 
Acaba de regresar y tengo que reunirme con ella... y su marido -subray-, para determinar cul debe ser o nuestro siguiente paso.
         -Oh -coment Amelia, mordindose un labio.
         -Tienes fro? -pregunt Worth de pronto
         - No. Por qu? -respondi distrada.
         -Entonces debes estar muy excitada -murmur con malicia, pasando un dedo sobre lo pezn erecto.
         Amelia lanz un grito y trat de retroceder.
         -Esto no te dejar embarazada -le prometi l, poniendo una mano por su espalda para detenerla- Mira cario -le indic, incitndola a bajar la vista a su 
camisn.
         Con la otra mano desat la cinta que mantena el corpio de la prenda en su sitio y muy lentamente lo desliz dejando al descubierto los senos de la joven.
         Amelia contuvo el aliento y levant una mano para cubrirse, pero Worth la gui hasta su clido pecho.
         -Estte quieta -murmuro en voz baja.
         Baj el camisn hasta su cintura mientras ella temblaba ante la sensacin nueva de que los ojos de un hombre contemplaran su desnudez; l se apart para 
mirarla mejor, hacindola ruborizarse
         -Si no tuviese que ir a ver a trabajar -le dijo en un murmullo-, te llevara a la cama y te desnudara del todo para dejarte sentir mi boca en cada centmetro 
de tu cuerpo.
         Los labios de Amelia temblaban al igual que su cuerpo. Se senta arder por un ruego que nunca baha sentido hasta ese momento; estaba a merced de un deseo 
desconocido
         -A... aqu tambin? -pregunt ella; sealando su pecho. -Ah sobre todo -la cogi por la cintura y la levant hasta que sus senos quedasen a la altura 
de su boca. Abri los labios y acarici con la lengua uno de sus pezones.
         Amelia se ech hacia atrs, con las manos en su cabeza, y lanz un gemido. La respiracin de Worth se arder, como si su exclamacin lo hubiera excitado 
an ms. Amelia sinti que la llevaba a la cama la tumbaba en ella. De pronto se encontr sola.
         Abri los ojos y le vio de pie frente a ella, con la mirada insistente y la cara inexpresiva, contemplando su desnudez parcial.
         -No quiero hacer algo de lo que luego me arrepienta, Amy s que t no ests preparada an para ello.
         Con gran dignidad, Amelia se sent y se subi al corpio de camisn, tratando de evitar que l viese las lgrimas que se acumulaban en sus ojos.
         -Bueno, no puedes culpar a una chica por intentarlo -le dijo tono ligero- Las solteronas tenemos que buscar nuestra experiencia donde podamos.
         -No eres ninguna solterona. Eres una mujer hermosa, sensible, sensual.  Te deseo muchsimo, pero esta noche no puede ser.
         -No, tienes que trabajar -concluy por l.
         Worth estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo y se apart.
         -As es. Tengo que trabajar. Estate pendiente del telfono, por favor -sali sin mirar atrs y cerr la puerta con violencia.
         Amelia permaneci despierta hasta que oy entrar a Worth en la habitacin. Eran las dos de la madrugada. Se encontraba tan cansada, que pens que no tardara 
en conciliar el sueo. Rez por el cardiograma no revelara la necesidad de una intervencin quirrgica. Dado que Jeannette era la nica persona a la que Worth tena, 
seria algo terrible para l.
         Tendra que quedarse con l por el momento. Tal vez no la amaba tanto como para comprometerse, pero necesitaba a alguien de quin ms poda disponer? Por 
extrao que fuese, ella era la ms allegada a l aparte de su abuela.
         Haban tenido muchas ocasiones de conversar durante esas semanas y crea comprenderle. Al menos, podra proporcionarle la sensacin de seguridad, se dijo 
con amargura.
         Fue con l al hospital a la maana siguiente. Le practicaron a Jeannette el cardiograma y, aquella misma tarde, el mdico les inform de que era necesario 
operar urgentemente. La operacin iba a realnarse la maana siguiente,
         Worth fue a ver a su abuela y volvi muy inquieto. Amelia trat de hacerle comer algo, pero l se neg. Finalmente, volvi a casa para informar al personal 
de lo que ocurra y atender la correspondencia. No fue a ver a Jeannette porque Worth se lo impidi. Pensaba que poda alterar a la anciana. Amelia estaba en desacuerdo 
con l, pero no se lo dira por nada del mundo. Toda operacin tena sus riesgos y saba que las prximas setenta y dos horas seran decisivas. La anciana poda 
morir, l tena que saberlo y esperaba con ansiedad las horas de visita. Amelia no quera privarle de esos preciosos minutos con ella. As que le dese suerte y 
trat de mantenerse ocupada en la casa, atendiendo las llamadas telefnicas y preguntndose cmo sobrevivira cuando tuviese que dejar a Worth.
         Ya en la tarde, cuando Worth volvi, y la servidumbre ya se haba marchado. Amelia le haba preparado una ensalada y unos sndwiches por si quera comer 
algo. Sali al pasillo para preguntarle si le apeteca algo, pero l no advirti su presencia y se dirigi inmediatamente a su despacho.
         Ella pens que saldra pronto y sirvi una taza de caf. Record los largos y terribles das anteriores a la muerte de su abuela, la angustia de la espera, 
la proximidad de la muerte y la desesperacin de no poder hacer nada. Deba ser peor para un hombre, se dijo. Mucho peor.
         Recorri la cocina una y otra vez con expresin preocupada. Su camisa y su pantaln vaquero la molestaban. Estaba cansada y deseaba irse a la cama, pero 
no poda dejarle solo, armndose de valor, coloc la taza de caf y los embutidos en una bandeja, llam a la puerta del despacho y entro.
         Worth estaba con vaso en la mano. La mir con expresin acusadora y ojos llenos de dolor y preocupacin
         -Qu diablos quieres? -le exigi.
         -Te traigo algo de comer y por favor deja de regaarme-replic sin dejarse amedrentar por su mal humor,
         -No tengo hambre -exclam sirvindose ms whisky-. Mrchate.
         Ella dej la bandeja encima de una mesa y se sent junto a l. Llevaba puestos los pantalones de un traje y una camisa blanca con el botn del cuello desabrochado. 
Como no se haba afeitado, su aspecto era bastante desaseado
         -Te he dicho... -empez de nuevo.
         -Te he odo. Come algo y toma un poco de caf -ella cogi lataza y bebi un sorbo.
         -Maldita seas!
         -Las solteronas somos muy tercas -le indic-, pero si se nos caso, nos marchamos.
         -No s si me gustar lo que has trado.
         Cogi un sndwich y vio que era de jamn, Worth dio un sorbo al caf con la mirada perdida.
         -Qu voy a hacer si muere, Amy?
         -Una vieja ave de rapia como tu? -se burl, negndose a hablar en serio-. Saldrs adelante, lo mismo que ella hara si los papeles estuviesen invertidos, 
Pero de estar en tu lugar, yo no, me dara por vencida -aadi-- Una mujer que a los setenta cinco aos aprende break dance no va a permitir que una intervencin 
quirrgica acabe con ella.
         -Siempre eres as -le dijo l con el ceo fruncido-. Siempre valiente y optimista. Eres nica, Amy -dio otro sorbo a su caf-nunca he tenido a nadie ms 
que a la abuela y, este ultimo ao, mi mundo ha girado nica y exclusivamente a su alrededor-levant la vista y la mir a los ojos-. Ella suele hablar cuando-Worth 
estaba sentado en un silln con una botella de whisky-tiene confianza en su interlocutor. S que confa en ti. Te ha hablado de Connie, verdad?
         No poda mentir
         -Si -admiti.
         -Ella trat de advertirme y no le hice caso -le dijo mirndose las manos-. Estaba tan loco por esa mujer que no quise creer lo que me deca. Debido a ello, 
la abuela sufri un ataque al corazn. Me he sentido culpable desde entonces. Casi he vivido como un monje -se ri con amargura-. No he permitido que nadie se acerque 
a m. He tenido miedo de enamorarme.
         -Vas a seguir castigndote el resto de tus das por no creer en ella una sola vez? Ella no quiere que hagas eso, Worth.
         -Es ms fcil decirlo que hacerlo. Ya no confo en mis juicios, Amy. No tengo confianza en las mujeres.
         -Te comprendo -admiti ella.
         Le mir a los ojos y se sinti conmovida por la vulnerabilidad que vio en ellos.
         -Quisiera poder decirte algo que te ayudara, pero no encuentro las palabras adecuadas.
         -Me desespera sentirme intil. No hay nada que pueda hacer, excepto esperar -coment l mirando el contenido de su taza.
         -Y s que odias el tener que esperar -le indic ella-. Pero tienes que recordar que est en manos de los mejores mdicos, que es muy fuerte y que tiene 
mucha fuerza de voluntad.
         -Todo eso me lo he repetido cientos de veces, pero no puedo estar seguro de ello, as como los mdicos tampoco pueden estar seguros -dej la taza de caf 
sobre la mesa y dio otro sorbo al whisky
         -Eso no te ayuda en nada -le dijo Amy.
         -Tengo que elegir entre esto o una mujer -confes con risa amarga y levant la vista hacia ella-, y la nica que conozco me est prohibida.
         -Worth.
         -No quiero que hagas ese sacrificio por m -exclam, llevando un dedo sobre sus labios para hacerla callar.
         -No se trata de un sacrificio -le seal ella en un murmullo-. Te deseo.
         -Amy...
         -S que no soy hermosa-continu ella-, soy demasiado delgada y mi cara deja mucho que desear, pero tengo veintiocho aos, maldita sea, y he estado reservndome 
para el hombre y el momento oportunos -le mir con los ojos llenos de lgrimas- S que no me ofreces el consabido "y vivieron muy felices". Eso no me importa. Esta 
noche necesitas a alguien con desesperacin yo quiero ser ese alguien. Puedes pensar en m como en una medicina de mal sabor... -se contuvo con una risa temblorosa.
         -De mal sabor-se burl l. Se inclin y la bes con gran suavidad-. Eres muy atractiva, Amy Glenn, y te deseo desesperadamente, pero...
         -Djame darte un poco de confort.-murmur ella-. S demasiado bien lo larga que esta noche va a ser para ti. Me quedare tus brazos y te ayudar. Puedes 
tomarme si lo deseas.
         -Amy, corres el riesgo de quedarte embarazada -record l, dejando escapar un suspiro.
         -No hay ningn riesgo-le minti para acallar su conciencia. Pos su boca sobre la suya lentamente. Quiz nunca hubiera nada entre ambos, y quiz estuviera 
cometiendo un error, pero siempre recordara ese momento, y aquel pobre hombre atormentado podra enfrentarse a su problema al da siguiente un poco ms tranquilo, 
lo tom en sus brazos con un fuerte gemido, Worth la beso casi violencia, con hambre. Su corazn lata con tuerza contra su pecho y tena la respiracin agitada. 
Segundos ms tarde, la cogi en brazos y la llev a su habitacin.
         Amy se estremeci al mirarle. Se imagin con l en la cama, sin nada que se interpusiese entre ellos, y contuvo el aliento. Uno morena y una blanca, un 
cuerpo musculoso contra uno suave... Worth la dej encima de su cama suavemente y encendi la luz una lmpara de noche. Luego, se sent a su lado y la contempl 
durante largo rato. Desliz los dedos de su mano,  debajo del pantaln vaquero para acariciar su vientre y ella se puso tensa.
         -Te gusta? -pregunt l con gentileza al ver su expresin de temor.
         Extendi la mano. Sus dedos jugueteaban acariciando. y sus ojos no abandonaban los de ella.
         -Eres muy suave.
         -Tu mano es enorme, murmuro ella.
         Dirigi la vista a su camisa. Se la quit, dejndola caer a su lado, y contempl el sujetador de encaje.
         -Ahora esto -seal jugueteando con el broche que estaba delante.
         Worth levant la vista para observar como con suavidad abra el broche. Y, despacio, muy despacio, aparto la prenda de sus senos. Los mir con una expresin 
que ella no pudo definir, sus pezones se ponan erectos al ser contemplados.
         Los dedos de Worth los acariciaron, haciendo que su cuerpo se estremeciera por el inesperado placer que empez a invadida.
         -No s si estoy sobrio, Amy. No debera continuar,..
         -Worth, exclam ella con voz ahogada. Todo su cuerpo arda y se agitaba preguntndose por que no podia controlarse-. Por favor.
         Vio el gesto que brillaba en los ojos de Worth. Este llev la mano hasta su camisa. 
         -Sers una amante apasionada, Amy? -Pregunt riendo.- Vemoslo -abri la boca, envolvindola en su calor y Amy se estremeci y produjo un gemido por la 
sensacin que le produjeron sus dientes, luego la lengua entr en su boca mientras sus manos la sujetaban por la espalda y la levantaban para facilitar su labor.
         La boca de Worth inici un camino descendente hasta su estmago. Le quit los pantalones y las braguitas y, despus llev su boca a la parte interna de 
sus muslos. Ella gimi desde lo ms profundo de su garganta, y empez a moverse con involuntarios movimientos sensuales.
         Worth la toc en sitios que hicieron que las  lgrimas afloraran sobre sus ojos. Amelia se entyrgo a la almohada, preguntndose si lograra sobrevivir. 
El placer creca y a ahogaba.
         Abri los ojos cuando l levant la cara para mirarla. Ella saba que los ojos los tena llenos de lgrimas. Senta la boca lastimada mirada de Worth a 
recorri, detenindose en lo Inquietos movimimientos.
         Enderezndose, se llevo las manos a su camisa abierta y se la quito, dejando al descubierto su pecho, luego se desprendi del resto de sus ropas. Los ojos 
de Amelia le recorran como si fuesen manos, llenos de curiosidad. Woth dijo que su abuela apreciar la fuerte musculatura de su bronceado pecho, su estomago plano, 
sus caderas estrechas y sus poderosas piernas. Era exactamente tal y como ella le haba imaginado, la imagen de una estatua que cierta vez haba visto en un museo 
uno que la habla hecho ruborizarse. Pero Worth no era una estatua. Era de carne y hueso. Mientras le mimaba, el volvi a su, lado y sinti el calor de su cuerpo.
         Worth la bes con suavidad y ternura mientras sus manos volvan a buscar sus senos, en un silencio slo roto por las agitadas respiraciones y el violento 
latir de los dos corazones. Desliz sus dedos hasta su estmago para luego deslizarse a sus muslos, acariciando  la piel aterciopelada.
         La estimul hasta hacerla gemir de pasin.
         Volvi a llevar los labios hasta sus senos, su ombligo, sus muslos. Ella se agitaba convulsivamente con movimientos que denotaban que haba perdido por 
completo el control.
         Despus, Amelia sinti el peso de su cuerpo encima de ella, y se mir en el fondo de sus negros y atormentados ojos.
         -Por favor-murmur con la voz quebrada, los ojos hmedos y las manos clavadas en sus hombros. Por favor.
         Worth pas las manos por debajo de su cabeza, con la mirada fija en la suya, tan cerca que Amelia poda ver las manchas del iris.
         -Por favor -volvi a suplicarle ella, con una necesidad que nunca haba sentido.
         -Despacio, cario-murmur l. Con una mano acarici sus muslos, acomodndola, calmndola. Descendi sobre ella muy lentamente, tena la mirada fija en su 
cara para saber al instante si la estaba haciendo dao.
         Pero fue fcil. Un pequeo titubeo, una ligera presin; ella estaba tan excitada que no sinti el menor dolor. Amelia hara cualquier cosa, todo el dolor 
slo incrementara el deseo que senta por el.
         -Te... quiero -exclam ahogada. Sus ojos suplicaban, su cuerpo peda el de l-. Worth. Worth!
         l volvi a descender sobre ella, sonriendo y conteniendo Su propio deseo, sorprendida por a intensidad de su pasin. Amelia temblaba y tena los ojos tan 
llenos de deseo que le excit an ms.
         Amelia ajust su ritmo al de Worth.
         l la cogi de las muecas y coloc sus manos a cada lada de su cabeza. Ella esboz una sonrisa cuando increment el ritmo. Senta el placer que le proporcionaba 
al verla mover la cabeza de un lado a otro, y or los pequeos gritos que escapaban de su garganta.
         Quera ser gentil con ella, pero su pasin era demasiado intensa. Con un gruido, cerro los ojos y se dej perder en ella, sintindose caer en las olas 
que de pronto le ahogaron.
         Amelia lloraba. l contuvo el aliento y, tenso, la mir a la cara. Intent relajarse y slo entonces se dio cuenta de que la tena cogida por las muecas. 
La solt y, con gentileza, llev las manos a su cara, hacindola mirarle.
         -Amy -le dijo en voz baja.
         Ella le mir con sus ojos tan azules como el cielo.
         -Te he hecho dao, pequea? -frunci el ceo, acariciando sus labios hinchados-. No quera ser tan rudo.
         -Hacerme dao? -Consigui decirle sin aliento-. Yo... Worth -titube--. Es... es normal sentirse as la primera vez?
         -Has disfrutado? -pregunt l sintiendo que perda la respiracin. La vio ruborizarse y ri-. Dios mo. La primera vez...
         -Quiz se deba a que he pasado demasiado tiempo sin conocer a un hombre -Ie dijo con mirada interrogante.
         -No empieces a pensar que hay algo malo en ti -seal l con gentileza.
         Le apart el pelo de los ojos, deleitndose con el placer que le produca sentir su cuerpo bajo el suyo.
         -He ido muy despacio, Amy. Te enloquec antes de poseerte, eso es todo. Y has sido muy afortunada -aadi.
         -Slo dur un segundo -coment ella mirndole a los ojos-. Pero cre morir.
         -Muerte de placer -respondi l-. S, yo tambin la sent. Una dulce locura-le bes con suavidad-. Duerme aqu conmigo.
         -Creo que ya lo he hecho -murmur ella.
         -Eso ha sido amar -respondi l-. Duerme en mis brazos y, cuando hayamos descansado, volveremos a amarnos.
         Qu extrao que lo llamara as, se dijo Amelia adormecida, sabiendo que para l no era ms que una satisfaccin fsica, solo sexo. Ella, sin embargo, lo 
haba interpretado como una salvaje unin, una comunin de almas, una fusin espiritual. Le vio moverse a su lado y quitar el edredn. La cama estaba dispuesta a 
recibirlos. Ella se enderez y le mir con descaro, vindole sonrer al darse cuenta de su admiracin.
         -Y decas que no podras hacerlo con la luz encendida -la record con una sonrisa maliciosa.
         -Casi no sabia lo que estbamos haciendo -admiti ella-. Nunca haba imaginado que sera as. Adems, estuviste todo el tiempo mirndome -le indic ruborizndose.
         -Tenia que hacerlo. Necesitaba saber si te haca dao. Tema que no te atrevieras a decrmelo.
         -Oh -baj la vista hasta su pecho-. Durante toda mi vida he temido este momento. Imaginaba que sera muy doloroso... -ri en voz baja-. Y no me he dado 
cuenta de lo que ocurra hasta que ya todo haba pasado.
         -Lo s. Dios mo, nunca haba tenido a alguien como t-murmur y la sonrisa desapareci de sus labios-. He hecho cosas que nunca haba hecho antes. Tus 
ojos me incitaban a continuara cuando intentaba contenerme. Me has invitado, me has posedo con la misma fuerza con la que yo te he posedo a ti -la miro casi sin 
respiracin, gozando de su exquisita desnudez.-- Esperaba que te quejaras y luego simplemente me toleraras. En lugar de ello, me has devorado, me has hechizado. 
No creo que pueda olvidar nunca esta noche.
         -Me alegro -respondi, adorndole con la mirada-, porque yo tampoco podr olvidarla.
         -No hay remordimientos? -pregunt l con toda seriedad.
         -Ninguno.
         -Gracias a Dios! Si estoy ebrio. Amy, no quiero volver a estar nunca sobrio -la acarici con las manos, fascinado con su suavidad.
         Empez a respirar despacio, pero eso no le ayud en nada. Volva a ocurrir.
         Los ojos de Amelia brillaron con una nueva luz.
         Ensame -le dijo en un murmullo antes de besarle.
         Worth dej escapar un gemido ronco y sus manos se posaron en sus caderas.
         El amanecer lleg de pronto y demasiado rpidamente. Amy despert, sintiendo una rara incomodidad Inmediatamente mir a su lado y vio que Worth se haba 
marchado. Worth. Contuvo la respiracin. Worth!
         Se enderez y al instante advirti en su cuerpo una serie de seales que le recordaron bruscamente lo ocurrido. Haba hecho el amor con l. Y no slo una 
vez. Se ruboriz y se mordi un labio. Ahora qu? Todo haba cambiado y, como l haba dicho, no haba forma de dar marcha atrs. Mir el reloj y se sorprendi 
de que ya fueran las diez de la maana. La intervencin quirrgica todava no haba finalizado. Salt de la cama, recogi sus ropas y se march a su habitacin.
         Se duch y visti, y sali corriendo sin siquiera desayunar.
         La servidumbre se habra enterado de dnde haba pasado la noche. No saba como se enfrentara a ellos, o a Worth. Tampoco a su abuela, si es que Jeannette 
sobreviva. Tena que hacerlo. Tena que vivir, por el bien de Worth. Sentira l lo ocurrido? Esperaba que no. Pasara lo que pasara, al menos le quedara su recuerdo. 
Le adorara, para bien o para mal, durante el resto de sus das.
         
         Captulo Ocho
         
         Worth estaba solo en una de las salas de espera de la unidad de cuidados intensivos, fumando como un carretero. Amelia le acarici con la mirada. Se haba 
puesto un jersey azul y un pantaln negro. Estaba ms atractivo que nunca, y ahora saba qu haba debajo de sus ropas. Se ruboriz al recordarlo.
         l levant la vista y la mir. La joven esperaba que le sonriera o le tendiera la mano, pero no fue as. La mir con expresin atormentada, y lo nico que 
Amelia consigui leer en sus ojos fue remordimiento.
         Se acerc a l con paso lento, intentando no parecer demasiado deprimida al verle en ese estado. Se sent a su lado. Por nada del mundo le permitira saber 
cunto deseaba que lo de la noche anterior fuese slo un principio. Ahora se daba cuenta deque haba sido una debilidad momentnea por su parte, provocada por un 
exceso de alcohol, demasiadas preocupaciones y su propio abandono. No pensarla en ello. No era el momento oportuno.
         -Alguna noticia? -pregunt en voz baja.
         -Se trata de una intervencin muy larga. Durar varias horas.-la mir con gesto interrogante. Estuvo a punto de decirle algo, se contuvo y se encogi de 
hombros-. Llegu en el momento que entraba en el quirfano. Estaba despierta y ansiosa de que todo empezara. Me pidi que te dijera que no se te ocurriera buscar 
otro trabajo. No est dispuesta a morir y dejarte desamparada
         Amelia ri y sinti que los ojos se le llenaban de lgrimas. Aquella actitud era tpica de la indomable anciana. Baj la vista y se contempl las manos.
         -Aun, creo que debo disculparme por haberte seducido -le dijo entre dientes.
         -Fui yo quien se ofreci -le record-. Tena que haber una primera vez, No crees? -aadi con tono evasivo-. Despus de todo, ya tengo veintiocho aos. 
Podra ser la primera y la ltima vez. 
         Busc sus ojos con la mirada llena de tristeza. Porque slo haba sido una noche y la esperaban cientos de ellas sin l a su lado.
         A Worth no le tranquilizaron sus palabras y haba una expresin de disgusto en su cara.
         -Ya est hecho -le dijo ella cruzando las piernas---. Las lamentaciones no serviran de nada.
         La cara de Worth se endureci al orla decir eso, pero ella haba vuelto la vista a otra parte y no advirti que l haba malinterpretado sus palabras.
         Amelia tena que apartar la ente de aquel asunto. Mir hacia la puerta de entrada, pero ello solo sirvi para recordarle el motivo por el que se encontraban 
all. Ese tipo de operacin ya no era tan peligroso como antes, pero Jeannette tena muchos aos. Su situacin seria crtica amante va-nos das- Worth fumaba como 
un desesperado y ella saba que lo hacia a causa de los nervios. Nunca hubiera imaginado que poda llegar a aquel estado, pero quizs fuera slo una mscara, semejante 
a la que ella se pona cuando tena miedo o estaba preocupada. Pareca invencible sin embargo, era evidente que Jeannette era su taln de Aquiles. Qu sera de 
l si su abuela mora?
         Pasaron das horas ms y al fin, apareci una enfermera con cara sonriente.
         -Seor Carson? -Pregunt y Worth se puso de pie-. Creo que se alegrar de saber que la operacin de su abuela ha sido todo un xito. Ya se le ha quitado 
el oxigeno y respira regularmente. Pronto la trasladaran a la sala de recuperacin. Si est pendiente, la ver pasar.
         -Bueno, bueno-coment Worth riendo suavemente y gui un ojo-. Y yo aqu encaneciendo prematuramente.
         -Se pondr bien -le asegur la enfermera.
         -Gracias-le dijo l.
         Cuando la joven se alej, Worth lanz un suspiro de alivio. Amy le sonri, y los ojos se le llenaron de lgrimas de alegra.
         -Realmente es tan resistente como un par de botas de combate-sealo con voz entrecortada por el llanto
         -Ya empiezo a creerlo -replic l.
         Minutos ms tarde, Jeannette pas junto a ellos en una camilla. Estaba muy plida y permaneca inmvil, pero gracias a Dios estaba viva.
         El mdico iba a su lado. Se detuvo y llam a Worth para explicarle cmo haba ido todo
         -Dice el mdico que tendrn que pasar setenta y dos horas antes de que pueda estar seguro de que todo va bien -inform a Amelia, tendindole una mano para 
ayudarla a ponerse de pie--Pero la intervencin ha sido todo un xito y ella est respondiendo a la perfeccin. El mdico parece optimista.
         -Ahora ella querr aprender a jugar al tenis -le dijo Amelia con una ligera sonrisa. La o murmurar algo acerca de eso hace unos das.
         -Dios mo!-exclam l en una carcajada. Slo te pido que te abstengas de darle aliento.
         -No seas aguafiestas -se burl ella-, Le regalar una raqueta!
         -Qu te parece si comemos algo? -pregunto l-. Creo que me sentara muy bien un sndwich. Me acompaas?
         -Por supuesto.
         Pero si Amelia esperaba que pudieran hablar, estaba muy equivocada. Worth se obstin en no tocar temas personales. Habl de poltica, de un sinfn de temas 
de actualidad, incluso de su proyecto en Sudamrica. Amelia advirti que lo ocurrido la noche anterior le incomodaba. Quiz temiera que ella quisiera un compromiso. 
Pero ella le demostrara lo contrario. El que hubiera cometido un error una vez no significaba nada. Poda mostrarse tan indiferente respecto al asunto como l, 
por lo que sonri y charl con l con naturalidad, aunque su corazn estaba destrozado.
         Ms tarde, cuando Jeannette fue trasladada a la sala de recuperacin se permiti que los dos la visitaran. La anciana no pronuncio palabra, deba de estar 
an bajo los efectos de la anestesia. A su alrededor haba otros pacientes inconscientes y mdicos y enfermeras pasaban a su lado haciendo miles de comprobaciones.
         Worth cogi la mano frgil y plida de su abuela entre las suyas.
         -Vas muy bien, abuela, mantente firme, slo te pido eso. No recibi respuesta pero Amelia estaba segura de que Jeannette le haba odo y comprendido
         Ya haba oscurecido cuando al fin salieron del hospital, despus de que Amelia consiguiera convencer a Worth de que poco o nada poda hacer ya all y de 
que podra ser localizado inmediatamente en caso de urgencia. Acept que Amelia le preparara algo de cenar y se meti en su despacho a trabajar
         -Tengo muchas cosas pendientes -dijo tranquilo. No tienes que cerrar tu puerta con llave, si te preocupa eso.
         Parpadeando Amelia se enfrent a su mirada.
         -Lo de anoche fue algo pasajero -le dijo cortante-- T necesitabas algo y yo tambin. Estamos en paz.
         -Tienes razn, respondi con un tono burln-. Pero me alegro de que te entregaras a m, sin importar las razones que tuvieras. Me ayud a pasar una noche 
terrible -se sac las manos de los bolsillos y encendi un cigarrillo. Esta noche me limitare a beber. Es ms seguro.
         Amy quera abofetearle, pero dadas las circunstancias, sera un acto demasiado cruel. Se dio la vuelta para marcharte.
         -Entonces me ir a dormir. Me despertars si sabes algo?-pregunt al recordar el estado en que se encontraba Jeannette. 
         -Por supuesto. Buenas noches, Amy.
         -Buenas noches.
         Amelia se puso su camisn de algodn y se meti en cama. Apag la luz y record la noche anterior, lo cual hizo que su cuerpo ardiera de pasin. Dio vueltas 
en la cama durante un tiempo que le pareci eterno.
         Hizo cuanto pudo por relajase y poder dormir, pero no tuvo xito. Mir el reloj que haba dejado en la mesita de noche y vio que eran las dos de la maana. 
Con un suspiro, dirigi la mirada hacia la ventana para contemplar la luna Se pregunt cmo estara Jeannette y si el amanecer les traera alegra o tristeza, la 
enorme casa pareca vaca sin su duea. Worth lo estara pasando peor. Quiz estuviera concentrado en su trabajo. Eso le mantendra ocupado. Tena razn; el acostarse 
juntos era muy arriesgado y debera estarle agradecida por su consideracin. Slo peda que su cuerpo no estuviese tan atormentado. Hasta un da antes, nunca haba 
conocido la pasin. Pero era evidente que la pasin causaba adiccin, porque ya casi haba amanecido cuando al fin pudo dormirse.
         A la maana siguiente, Worth se march al hospital para permanecer en la sala de espera hasta que pudiera ver a su abuela
         -Creo que ser mejor que regreses a tu apartamento -le dijo mientras desayunaban, con expresin cansada-. Ya puedo hacerme cargo de todo.
         -Es que ests preocupado por las habladuras de la gente?-le dijo ella disgustada.
         -No es mi reputacin la que me preocupa -replic l con una mirada penetrante. Tu generosidad va a meterte en problemas uno de estos das, das demasiado 
de ti misma.
         -sta es la primera vez que alguien me acusa de eso -respondi ella con amargura
         -No me mentiste la otra noche, verdad? -pregunt l de pronto con mirada especulativa- No hay ninguna posibilidad de que te hayas quedado embarazada?
         -Por supuesto que no -le minti con firmeza, sintindose mal porque ella ya haba pensado en lo mismo.
         Ni ella ni l haban tomado ninguna precaucin. En aquel momento haba pensado que bien vala la pena correr el riesgo, pero ahora ya no pensaba lo mismo. 
Se sinti culpable, avergonzada y vaca. Adems, no saba cmo iba a vivir.
         -Si.., cuando la abuela vuelva a casa -l cambi de tema-. Te gustara hacerte cargo de ella?
         -No soy enfermera -respondi ella...
         -Lo s, pero fuiste ayudante de enfermera. Puedes hacerte cargo de ella. Ella te quiere mucho. 
         -Djame pensarlo, por favor
         -Por supuesto. Debo marcharme -le dijo despus de mirar su reloj-- Te ver despus.
         -Espero que todo salga bien -concluy ella en voz baja.
         -Yo tambin -respondi cansado, y toda su preocupacin se reflej por un instante en sus ojos.
         Se march sin decir una palabra ms.
         Amelia volvi a su apartamento, pero tom la costumbre de acudir al hospital a diario, para estar all mientras Worth se haca cargo de asuntos urgentes 
que haban empezado a acumularse en su despacho. Dos das ms tarde, Jeannette ya haba abierto los ojos, y estaba sentada en su camilla. Al tercer da ya estaba 
lista para ser trasladada a una habitacin privada en el pabelln de cardiologa.
         -Es usted una persona muy fuerte -le dijo Amelia sonriente mientras la ayudaba a tomar un zumo.
         Worth se encontraba en su despacho.
         -Te lo dije, no es as? -respondi Jeannette muy satisfecha de s misma. Quiso herir, pero se llev una mano al pecho.
         El hueso pectoral haba tenido que ser separado y el mdico la haba dicho que tendran que pasar por lo menos seis semanas antes de que soldase, quiz 
ms. Si su mejora continuaba, podra volver a casa el viernes siguiente. Pero tendra que guardar reposo absoluto durante un largo periodo.
         -Gracias a Dios que cuento contigo, querida -coment la anciana con sinceridad.
         Amelia trat de sonrer, pensando en cunto deseaba poder marchase de la casa para no tener que ver a Worth todos los das despus de lo ocurrido entre 
ellos. Pero se senta atrapada. Cmo poda dejar a Jeannette.
         -Estaba Worth muy preocupado? -pregunt la anciana, todava muy plida.
         -As es -respondi ella-- Primero pens que era invencible. Pero se derrumb al verla en ese estado. Crea que iba a perderla Todos estbamos muy preocupados 
y-aadi con una sonrisa-. Baxter en especial. Tenamos que llamarle todas las noches. Carolyn mantiene todo en orden y la seora Reed ya ha sido advertida de que 
no debe darle ningn alimento con mucha grasa por mucho que se lo pida.
         Jeannette mir furiosa a su secretaria.
         -Esa es una maniobra muy sucia!
         -Pero de ella depende su salud -fue su respuesta-. rdenes del doctor. Quiere vivir muchos aos, no es as? -brome.
         -Bueno.., si puedo seguir con el break dance y jugar al tenis, por qu no? -murmuro la anciana de mal humor.
         -Yo le comprar la raqueta. Se lo prometo.
         -Eres una buena chica, coment Jeannette, dndole una palmada con la mano.
         Amelia pudo haber redo por su comentario. Si, haba sido una buena chica. Pero qu era ahora? la amante rechazada por Worth.
         Se haba cansado de ella muy pronto, se dijo con amargura. Despus de todo, no quera complicaciones en su vida privada. Lo ltimo que necesitaba era una 
pobre chica provinciana de Georgia que conduca un destartalado Ford. No le ayudaba en nada recordar que haba sido ella quien prcticamente se haba arrojado en 
sus brazos.
         Haba dejado las llaves del Mercedes sobre su escritorio y haba vuelto a usar su viejo coche, desafindole en silencio a que se lo prohibiera. Pero aparentemente 
l ni se habla fijado ni le importaba. Por qu iba a importarle? Ya haba conseguido de ella lo que quera. Amelia deseaba confortarle, pero l necesitaba una mujer, 
segn sus propias palabras, y ella haba confundido lo que haban compartido con un indicio de cario. Los hombres no necesitaban querer para hacer el amor a las 
mujeres. Ella deba haberlo recordado. Nunca deba haber permitido que ocurriese. Todo haba sido por culpa suya Los remordimientos eran cada vez mayores. No obstante, 
su mayor estupidez haba sido el no tomar precauciones. Qu hara si estaba embarazada?
         Su corazn le dio un vuelco. Qu hara? record en ese momento que aquella noche perteneca a su periodo frtil. Cerr los ojos, murmurando una oracin.
         -Por favor, Dios, perdname que arruine la vida de tantas personas.
         Sus padres nunca la perdonaran si estaba embarazada. Vivian en una poblacin pequea en la que todos se enteraran y la vergenza nunca los abandonara. 
Por otra paste, ella trabajaba en Chicago. Cmo podra mantener a un hijo, cuando apenas poda mantenerse  ella misma? No podra seguir trabajando con Jeannette, 
llevando en su seno hijo de Worth.
         Se mordi un labio hasta casi hacerse sangrar... No, se dijo con determinacin, no tena sentido asustarse. Miles de mujeres tenan relaciones. Muchas de 
ellas no se quedaban embarazadas. Quiz hasta fuera estril. Muchas mujeres lo eran. Por qu preocuparse pues por algo que tal vez nunca llegara a ocurrir? Se pas 
una mano por el pelo. La anciana asinti y ella sali en busca de un refresco. Todo saldra bien, se dijo.
         
Captulo Nueve
         
         Amelia permaneca con la seora Carson durante casi todo el da. Worth iba y vena conforme sus actividades se lo permitan, peor teniendo dos proyectos 
en las manos, era poco lo que se dejaba ver durante el da. Bromeaba con Jeannette y haca todo lo posible porque estuviera cmoda, sin embargo, slo hablaba con 
Amelia cuando era inevitable.
         El viernes en el que el Rolls fue a recoger a su abuela al hospital, lo cual dio lugar a un gran revuelo entre las enfermeras. Jeannette no qued conforme 
hasta que todas tuvieron la oportunidad de subir l para apreciar lo lujoso que era.
         Worth acomod a su abuela en la habitacin, en una cama de hospital que haba alquilado para su recuperacin. Adems, haba una gran cantidad de ramos de 
flores que le gustaron mucho a la anciana.
         Amelia la dej sola un momento para acompaar a Worth hasta el porche. Ya haba empezado el otoo y haca un calor muy agradable, soplaba una ligera brisa 
y los pjaros cantaban.  Amelia record los tiempos felices de una semana antes, sin atreverse a mirar a Worth para que l no pudiera ver la tristeza que se reflejaba 
en sus ojos.
         Worth se meti una mano en el bolsillo de su pantaln beige, pareca ms moreno y fuerte que nunca, un mechn de pelo negro haba cado sobre su frente 
y sus ojos estaban entornados. Amelia, por su parte, llevaba un vestido sin mangas y sandalias.
         -Voy a estar fuera del pas un par de meses. Tengo que ir a Colombia a ver algo del nuevo proyecto. Es demasiado importante como para delegarlo en alguien.
         Amelia sinti que su corazn se rompa. Viva slo para verle, no lo vera ms.
         -Cundo te marchas?
         -El lunes por la maana. Vuelve a ocupar la habitacin de huspedes. La abuela te necesitar por las noches.
         -Lo s.
         l le levant la barbilla para mirarla a los ojos.
         -Sigue atormentndote, verdad? Todo por tu estricta educacin y conciencia puritana. Deb controlarme aquella noche, pero la preocupacin me tena medio 
loco y estaba algo ebrio. Sigues odindome?
         -T no me obligaste-replic ella-. Estabas preocupado por Jeannette y yo lo saba.
         -Y Tuviste lstima de m-aadi l con frialdad-. Tu tierno corazn, va a causarte serios problemas uno de estos das.
         Como si se hubiese entregado a l slo por consolarle, se dijo ella sintindose miserable. Pero cmo poda negarlo? La nica forma de hacerlo seria admitiendo 
que estaba enamorada de l. Ello significara su inmediato despido. Si le daba muestras de querer atarse a l, se deshara de ella.
         -Lo que creo es que, hasta cierto punto, yo fui la egosta-coment ella.
         -No sabes cunto dese... -se interrumpi y mir la hora-. Si no me doy prisa, llegar tarde. Cudala. Tratar de volver a tiempo para la cena.
         Ella no respondi. Era evidente que l no esperaba que lo hiciera. Subi al Mercedes y se march.
         Ms tarde, Amelia le dijo a Jeannette que tena que ir a su apartamento a recoger su ropa, y se dirigi hacia el garaje para coger su destartalado coche. 
Para su sorpresa, el viejo Ford ya no estaba all.
         En su lugar se encontraba un coche japons pequeo, nuevo, con un gran lazo en el techo, haba una nota.
         Amy, no discutas. Sbete y condcelo. Tu Ford ya est en la chatarrera. Considera este regalo como una muestra del agradecimiento por todo lo que has hecho 
por nosotros. Worth.
         Amelia grit y patale por su atrevimiento, y pens en su fiel coche, pero se dio cuenta de que seria intil. No sabia donde estaba. Con un suspiro, abri 
la puerta y subi. Las llaves estaban en su sitio. Olvidando todo por completo, emprendi la marcha.
         Esa noche se lanz al ataque contra Worth en el momento en que este entr en la casa. La seora Carson ya haba cenado y descansaba tranquila, con una campanilla 
a su lado por si necesitaba algo. Descorazonada, Amelia intentaba comerse una ensalada. Eso no es cena -gru l. A ver la ensalada.
         Arroj su chaqueta sobre una silla y se sent en otra. Baxter se asom por la puerta y volvi a la cocina en busca de un buen trozo de carne para l.
         -S lo es y quiero que me devuelvas mi coche.
         -Para qu lo quieres? Seguramente, lo habrn desarmado ya.
         -No aceptare ningn regalo de ti -le espet con ojos que echaban chispas-. No quiero que me pagues por lo de aquella noche!
         La expresin de Worth era indescriptible. Pareca que su comentario le habla herido profundamente.
         -sa no era mi intencin -le contest cortante, mirndola a ojos con intensidad-. Te lo juro, Amy.
         Amelia mir su ensalada. Se senta realmente mal.
         -Agradezco tus buenas intenciones -le dijo despus de un rato-, pero no quiero tu ayuda, Worth.
         -Podas haberte matado con ese trasto -le espeto-. Cualquier mecnico te dira que he hecho, lo mejor que poda hacer. Muerta no sers de ninguna utilidad 
para la abuela!
         As que se trataba de eso. l no estaba preocupado por su bienestar. Slo se preocupaba por una empleada que le era til. Debi haberse dado cuenta de ello 
desde el principio.
         Est bien. -Respondi, molesta por haber sido tan ingenua-.Usare el coche nuevo mientras siga trabajando para tu abuela, pero no lo considerare como mo.
         -Eres muy terca -gru l, en el momento en que Baxter entraba en la estancia.
         -Quiere caf, seor?
         -Por favor, Baxter. Ya ha cenado mi abuela?
         -Si, seor. Ha cenado bien y ya est dormida.
         -Est bien -tercio Amelia-- He ido a vera para asegurarme.
         Baxter llev a cafetera y Amelia levant su taza para que le sirviera. Worth y ella terminaron de cenar en silencio.
         -No piensas cambiar de opinin acerca del coche? --pregunt l con voz baja.
         -No.
         -Estoy en deuda contigo por todo lo que has hecho -insisti.
         -Me quieres regalar un coche; qu es lo que normalmente regalas a tus mujeres de una noche? -pregunt con fingida inocencia.
         La reaccin que obtuvo fue asombrosa. Worth dej su taza con tal fuerza sobre la mesa que la rompi, la mir furioso y sali del comedor sin decir palabra
         Baxter entr al or el ruido y ahil la boca sorprendido al ver la taza rota. Amelia no poda hablar. Las lgrimas le impedan hacerlo. Empezaron a fluir 
mientras trataba de dar un sorbo al caf. Baxter era demasiado educado cmo para hacer preguntas, pero le dirigi una mirada de compasin mientras recoga los restos 
de la fina porcelana para llevarlos a la cocina. Ella no pudo levantar la vista. El llanto le impeda ver.
         Se fue directamente a su habitacin cuando termin su caf, all permaneci encerrada. Dado que Worth se encontraba en casa, l poda hacerse cargo de su 
abuela ti ella necesitaba algo. Se ech en la cama y dej que las lgrimas fluyeran con libertad. As dio salida a la tensin a la que haba estado sometida durante 
la ltima semana, a causa de un amor descubierto en el momento en que ya lo haba perdido. Llor por su estupidez y las posibles consecuencias que podran arruinar 
su vida entera. Ante todo llor porque se senta herida. Pareca que Worth la evitaba.
         Esa opinin se fortaleci en los das siguientes. El sbado y el domingo fueron terribles, ya que Worth permaneci en casa todo el da. El tratar de que 
su abuela no advirtiera la tensin que exista entre ellos fue tan difcil como el evitar a Worth. Pero Amelia lo consigui. As era mejor, segua dicindose. Worth 
ya no la quera. Ahora no era para l mas que un estorbo, alguien que slo le causaba remordimientos.
         Cuando el lunes por la maana anuncio al fin que se marchaba Colombia. Amelia no saba si llorar de tristeza, o de alivio. Worth se despidi de su abuela. 
Amelia estaba en esos momentos, junto a la cama de la enferma.
         -Puedo ser localizado en el Sheraton de Bogot en caso de una urgencia --inform a las dos mujeres-.All siempre sabrn dnde estoy cuando salga.
         Amelia asinti sin pronunciar palabra, "Por favor, Dios mo, no permitas que empiece a llorar", suplic. "No le permitas que vea cunto dao me ha techo". 
Se cogi las manos para evitar que le temblaran y se oblig a sonrer a pesar de que lo nico que deseaba era llorar.
         --Que tengas buen viaje -le dese. Worth la mir a los ojos y ella advirti en los suyos algo nuevo.
         La mirada de l la recorri de la cabeza a los pies y se detuvo un instante en su boca.
         -Cuida de la abuela y de ti misma --aadi con un tono diferente.
         -T tambin -respondi ella con una sonrisa, hay Serpientes en la jungla; las normales y las de dos piernas. Cudate.
         -Ve con cuidado con los traficantes de droga, querido -le advirti Jeannette con expresin preocupada-. Los hay en todas partes, pero all abundan. No te 
expongas a ningn riesgo.
         -Descuida --dijo Worth riendo- Se inclin y le dio un beso -- No vuelvas a hacernos esto -le indic.
         -Descuida -repiti la ancianita- . Amelia me cuidar bien. No te preocupes. Llmanos una vez por semana para que sepamos de ti.
         -Lo har -volvi sus ojos hacia Amelia y le dijo -. Acompame Amy
         -Preferira despedirme aqu si no te importa -le coment con un titubeo desacostumbrado en ella y con una dbil sonrisa.
         -Si me importa -replic l-. Vamos.
         Con una mirada de desesperacin hacia Jeannette, que observaba el juego verbal con curiosidad, Amelia se puso de pie y le sigui al pasillo. Worth dijo 
algo a Jeannette y cerr la puerta.
         Amelia anduvo a su lado hasta la entrada. Cuando llegaron al primer escaln del porche se detuvo.
         -Y bien? -pregunt con frialdad.
         A esa distancia, a la joven le pareca an ms fuerte. Percibi el aroma de su locin y sinti su respiracin en su cara. Le odi por las sensaciones que 
despertaba en su cuerpo y en su mente.
         -No puedo irme sabiendo que me odias -le dijo l eligiendo cuidadosamente cada una de sus palabras-. Perdname por mi reaccin de la otra noche.
         -No te preocupes. Ya lo he olvidado -le respondi por fin.
         -No es verdad, gru l, acaricindole la barbilla y los labios con el pulgar-. Quiero que sepas que no te considero como la aventura de una noche. Nunca 
pens en ello de esa forma. Lo hace parecer como algo sucio, y no lo es.
         Amelia quera preguntarle por qu le molestaba, pero se detuvo.
         -No ha tenido consecuencias - le indic, encogindose de hombros-. Adems, ya ha terminado todo.
         -De verdad crees eso? -sus ojos se endurecieron un poco y contuvo la respiracin- Despdete de mi de la forma apropiada.
         La cogi por la cintura y la acerc a l. Se inclin y empez a besarla, pero el instinto de conservacin de Amelia estaba despierto. Se apart de l con 
violencia, temiendo dejarse llevar si aquellos firmes y clidos labios se apoderaban de los suyos.
         La expresin de Worth la sorprendi. Vio asombro y un sbito tormento en sus ojos antes de dejar caer su mano. La mir fijamente, con mirada acusadora, 
como si le hubiese herido profundamente.
         -No lo hagas -murmuro ella en voz baja, con los ojos muy abiertos.
         -Por qu no? -pregunt.
         -No necesito ser compadecida -le dijo, sintindose miserable-. Ni tampoco tienes por qu sentirte culpable por lo ocurrido. Los dos sabemos que ya has conseguido 
de mi lo que queras. Soy un desecho, como mi coche -levant la mirada. A no ser tu abuela, supongo que ya te habras desecho de mi hace varios
         Worth se estremeci y su mirada se endureci.
         -Est bien, Amy. Eres muy duea de tener tus propias opiniones, por equivocadas que estn. Tendrs tiempo suficiente para pensar en ello mientras ste fuera. 
Quiz mi ausencia consiga lo que yo no he podido.
         Su mirada la busc con tal intensidad que hizo que el corazn Amy diese un vuelco. Luego, se alej, sin decir una palabra ms ni volverse. Meti su maletn 
en el coche, se sent al volante.
         Ni siquiera se despidi. Amelia permaneci en los escalones, llor al verle partir. Las lgrimas corrieron por sus me1tllas, brillando bajo la luz del sol.
         -Adis Worth -murmuro.
         Tard varios minutos en volver al lado de Jeannette. La anciana le brind una sonrisa triste al verla entrar en su habitacin.
         -Ahora dime cul es el motivo de tu discusin con Worth -le dijo.
         -Me ha regalado un coche --replic Amelia-. Ms bien, ha intentado regalarme un coche -se corrigi.
         -Ah, entonces se trata de eso -coment la mujer con un gesto.
         -No quiero su caridad. Usted me gusta. Estoy aqu porque quiero, no porque quiera ser consentida.
         -Eres independiente y orgullosa, Amy -sealo Jeannette-. Y me gustas, yo tambin soy independiente y orgullosa. Aborrezco que me atiendan y me cuiden.
         -A mi no me importa cuidar de usted -coment Amelia sonriendo--- As que no me haga sentir como su carcelera. Pngase bien, mi querida seora, y yo la ayudar 
a escapar de su carcelero.
         -Perfecto!-exclam la anciana feliz. Parpade y bostez-. Estoy muy cansada. Worth pareca estar peor que yo. Estaba muy preocupado por m?
         -Demasiado -contesto Amelia. Se sent a su lado en la cama-. La quiere muchsimo.
         -Si, yo tambin le quiero mucho. Siento que esto le haya afectado tanto. Me preocupa, Amy. Qu va ser de l cuando muera?-pregunt en voz baja. No puedo 
vivir siempre. Ya no tengo ninguna ilusin. Worth nunca se casara. Nunca tendr biznietos --la cara de la seora pareci envejecer por la tristeza- Estamos al final 
del camino. La familia terminara con l -suspiro con amargura-- Oh, Amy, se quedar tan solo -Me duele tener que morir dejndole as --la anciana la miro con intensidad-. 
Amy has pensado alguna vez en l como hombre?
         Amelia tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no dejarse llevar, le dirigi una sonrisa-
         - De vez en cuando -confeso con cierto inters-. Es muy atractivo.
         -He observado que l te nota mucho -dijo Jeannette con un tono inesperado. Constantemente. Me gustara que sintieras algo por l porque creo que l siente 
algo por ti.
         Amelia luch por no ruborizarse.-Por supuesto que si. l se haba acostado con ella y recordaba lo maravilloso que haba sido.
         Pero, no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida con ella. Slo se senta culpable.
         De verdad cree usted eso? - pregunt Amelia, pero no pudo mirarla a los ojos,
         -Worth ha pasado la mayor parte de su vida solo.-coment. Acomod su cabeza en la almohada-. Incluso siendo nio. Nunca tuvo amigos. Ms tarde, se alist 
en el ejrcito y estuvo en Vietnam. Al volver haba experimentado un cambio radical. Bebi mucho durante un ao y estuvo a punto de convertirse en un alcohlico, 
hasta que le convenc de que buscara ayuda. Dejo la bebida y no ha vuelto a tocarla, excepto algn trago de vez en cuando. Luego, las mujeres, una diferente cada 
noche hasta que lleg Connie. Sus padres murieron y l saba que Jackie era mi favorito, cuando Jackie muri, empec a dedicar mi atencin a Worth.
         Est acostumbrado a un amor de segunda mano, Amy. Supongo que cuando Connie le traicion, l pens que era su ltima oportunidad. Se ha encerrado demasiado 
en si mismo este ltimo tiempo. Y yo tengo culpa de ello,
         --No diga eso, exclam Amelia. Yo he estado luchando por arrojarte en brazos de Worth. Eres una persona muy dulce, Amy. Das demasiado de ti misma. Worth 
necesita a alguien como t que le d sentido a su vida. Si se fijase en ti...
         Ya lo haba hecho, pero Amy no poda decirlo.
         -Quizs cuando vuelva de Bogot, las cosas hayan cambiado-murmuro Jeannette pensativa. Sus palabras resultaban profticas. Pasaron semanas enteras en que 
Amelia no dej de adelgazar y sentirse cada da ms dbil, a la sexta semana sin de desayunar  adquiri la certeza de que sus temores estaban fundamentados. Las 
pruebas que le fueron practicadas en una clnica lo confirmaron. Estaba embarazada.
         
         
        Captulo Diez
        
         Aun cuando ya se lo imaginaba, Amelia se sinti desfallecer.
         Haba conseguido mantener la calma delante de Jeannette, pero, qu iba a hacer ahora? Worth no le haba dicho nada personal desde que haba salido de viaje. 
Si tena que hablar con ella, lo haca con tanta brevedad que casi resultaba peor. Ahora pareca odiarla, as que cmo poda decirle que estaba embarazada?
         Jeannette necesitaba a Amelia ms que nunca, pero tarde o temprano tendra que marcharse, cuando ya no le fiera posible disimular su estado. Y luego qu? 
No soportaba la idea de que el llegara a enterarse. No quera saber cmo reaccionara al pensar que le haba atrapado. Ya tena la impresin de que era un estorbo 
para l... una amante despechada que se interpona en su camino.
         Sus pensamientos la atormentaban. No saba qu hacer. Amaba a Worth. Parte de su ser brincaba de emocin al pensar en el beb. Pero su parte ms sensata 
estaba aterrorizada. Pens en su incapacidad para mantener a otra persona, en todos los problemas implcitos que conllevaba ser una madre soltera, en la vergenza 
de sus padres por su embarazo fuera del matrimonio. Qu complicacin. Y todo por una noche de debilidad!
         La nica persona con la que podra haber hablado era con Marla Sayers, pero Marla se encontraba fuera de la dudad. Haba ido con Andy a visitar a su madre. 
Amelia se haba relacionado muy poco con su amiga desde que trabajaba para los Carson. Marla estaba ocupada cuando Amelia tena tiempo libre y a la inversa. Ahora 
Amelia deseaba haberse esforzado ms por mantener viva esa amistad. Necesitaba contar con alguien. En ese momento, record algo que ya no deseaba que sucediera. 
Worth le haba dicho en una ocasin que l quera ser su mejor amigo. Empez a llorar. Lloraba por cualquier cosa. Perdi el apetito debido a sus constantes mareos. 
En ocasiones, se senta tan cansada que ella misma se asustaba. Tena ganas de dormir das enteros. Su aspecto fsico tambin empez a cambiar. Los senos la aumentaron 
y empez a perder la cintura. Mientras tanto, se preguntaba qu hacer.
         Las llamadas de Worth se haban reducido a una por semana y afortunadamente no haba dicho nada de volver. Fue Jeannette quien hizo que todo saliera a la 
luz.
         Mientras Amelia le lea una carta una noche, le pregunto sin ningn prembulo:
         -Ests embarazada, Amy?
         La carta cay de sus manos. Amelia busc en vano una respuesta. Pero, qu poda decirle?
         -Si -replic en un tono desesperado, mirndose los pies. Llevaba puesta una camisa suelta y el pantaln desabrochado; se senta enorme a pesar de que slo 
estaba de dos meses y medio. Era increble que Worth ya llevara fuera tanto tiempo.
         -Ya hace muchos aos de ello -murmuro la anciana-. Pero todava recuerdo cuando llev a mi hijo en mis entraas. Fue mi mayor felicidad. Pero no lo es para 
ti, verdad?
         -No s qu hacer -respondi, negando con la cabeza-. Mis padres se escandalizarn. Son personas de profundas creencias religiosas. Viven en un pequeo pueblo 
y no me educaron para ser una  libertina.
         -No me parece que lo seas, Amy -fue la respuesta que recibi-. Debi ocurrir poco antes de que vinieras a trabajar para mi. Amas al padre?
         Amelia hizo un movimiento de cabeza afirmativo, pero no se atrevi a levantar la mirada.
         -Y l que dice?
         -l no lo sabe -dijo con labios temblorosos-. Tengo la impresin de que ya no me necesita, roe algo de una sola noche. Yo estaba loca por l y me necesitaba, 
pero dej de desearme con la misma rapidez. La situacin clsica. Supongo que senta pnico al darme cuenta que haba llegado a los veintiocho aos y todava estaba 
sola y sin un marido. Bueno, sigo sin marido -aadi levantando la vista-. Pero dentro de muy poco dejar de estar sola.
         Ests segura de que ese hombre no quiere casarse contigo y reconocer a su hijo? -pregunt Jeannette despus de morderse un labio.
         -Es probable que niegue que es suyo -replic ella-. Me odia. Ya slo soy un estorbo para l.
         -No parece ser un hombre digno de ti-exclam la anciana-. Estars mejor sin l, pero, qu vas a hacer, Amy?
         Buscar otro trabajo, lo siento, pero, como comprender, no puedo quedarme aqu.
         -No soy tan vieja como para no poder soportar a un nio -le dijo Jeannette disgustada.
         -Por supuesto que no -trato de aplacarla Amelia-, pero Worth no lo aceptara. Usted sabe. l y yo discutamos por todo ltimamente. Rechaza el solo hecho 
de tenerme presente. Siempre ha sido as.
         -Lo s. Crea que las cosas entre vosotros mejoraran con el tiempo, bien lo sabes-admiti la seora-, pero pude advertir que algo no iba bien entre vosotros 
el da que se march.
         Y la situacin empeorar si supiera que estoy embarazada--aadi Amelia. Tena que evitar que Jeannette le hablara del nio, pero sin dejarla saber por 
qu-- Agradecera que no se lo dijera. Quie... quiero marcharme antes de que l vuelva.
         Entiendo -dijo Jeannette de pronto, con los ojos llenos de tristeza haciendo que el corazn de Amelia se acelerara. La anciana suspir-. Crees que su opinin 
acera de ti cambiara si se entera, no es as? Pero, querida, l no es un ogro, y es consciente de que las personas son seres humanos y por lo tanto pueden cometer 
errores. Quiz puedas darle la oportunidad...
         No -respondi Amelia-. No puedo permitir que l lo sepa. Por favor, promtame que no se lo dir.
         -Esta bien, cario. Lo prometo.
         Volver a mi casa cuanto antes -coment Amelia adelantndose-. No se lo dir a mis padres todavia, pero me ire a mi casa a meditar. Tengo que darme tiempo 
para ello. Todava no es muy evidente mi embarazo. Mis padres estn tan ocupados que no se darn cuenta. Cuando ya no pueda ocultarlo, estar trabajando en otra 
parte.
         La anciana estaba desolada.
         -Te extraar mucho, Amy. Hay algo que yo pueda hacer? Incluso en el aspecto econmico...
         -No -Amelia se levant de pronto y abraz a la anciana con afecto, procurando no hacerla dao-. La quiero, Jeannette Carson-le dijo con una dbil sonrisa-. 
Nunca la olvidar.
         -Yo tampoco -murmur Jeannette
         Amelia sali sin volver la vista. Esa misma noche llam a sus padres, finalizo su contrato de alquiler con los Kennedy y sac un billete para la maana 
siguiente
         Le fue difcil dejar la casa y sus recuerdos, sabiendo que nunca volvera a ver a Worth. Tena el corazn destrozado y despedirse de Jeannette le result 
muy doloroso. Aun cuando tena suficiente servidumbre y la anciana le prometi que contratara una enfermera que la cuidase por las noches, Amelia senta remordimientos 
por marcharse, sin embargo, ya no quedaba otra alternativa. Lo peor, o lo mejor, dependiendo del punto de vista, ya haba pasado. Ahora tena que hacer varios arreglos. 
Despus de todo, no estara tan mal. Slo se preguntaba si su nio aceptara las decisiones que tomara. La criatura tendra que vivir sin un padre, y ese era un 
estigma que nunca haba esperado que ninguno de sus hijos tuviera. Era irnico que cuando Worth tena la edad de necesitar un hijo y ella estaba a punto de darle 
uno, l no pudiera enterarse de ello. Sinti una tristeza amarga por los dos.
         Jack y Peggy Glenn rondaban los cincuenta aos. l era alto y delgado y tena el pelo negro, y ella era rubia, de baja estatura y ojos azules. Eran muy 
diferentes, pero resultaba evidente el amor que exista entre ellos. Amelia siempre haba envidiado la devocin que sentan el uno por el otro, y siempre haba esperado 
encontrarla tambin. Ahora estaba embarazada, pero no por amor. Su estado se deba al dolor y la pasin de un hombre, nada ms.
         Me alegro tanto de tenerte de nuevo en casa -comento Peggy mientras preparaban la cena esa noche.  Te hemos extraadlo. Has vuelto para quedarle?
         -No lo s -admiti Amelia-. No estoy segura. Slo necesito un poco de tiempo para m misma. Podramos decir que me encuentro en una etapa de indecisin.
         -No nos has contado mucho acerca de tu ltimo trabajo. Trabajabas pata una anciana, verdad?
         -S, una anciana encantadora. Ya la echo de menos.
         -Entonces, por qu la has dejado?
         Amelia luchaba por encontrar una objecin adecuada.
         -Deja a la chica en paz -intervino su padre con un gesto de disgusto fingido-. Ya est en casa, no? Y Eso es suficiente -paso un brazo por los hombros 
de su hija-. nete a m, pequea. Yo te proteger de la inquisidora.
         Peggy ri y le amenaz con un cucharn.
         A partir de ese momento ya no hubo ms preguntas. Amelia se adapt a la nueva rutina. Ayudaba a su padre a preparar las comidas y a arreglar la casa, mientras 
Peggy se dedicaba a su trabajo. En sus ratos libres extraaba a Worth con desesperacin y pensaba en el pequeo ser que llevaba en sus entraas y en como se las 
arreglara para sacarle adelante. Tambin se preocupaba por
Jeannette. Le haba resultado muy difcil dejar a su amiga.
         Fue a ver a su abuelo, que se encontraba recogiendo conchas en la playa, al finalizar su primera semana en casa. Se acerc a l con pereza. Se haba puesto 
una amplia camisa de flores y llevaba el pelo suelto.
         -Ya era hora de que volvieras a casa -comento el abuelo, contemplando un caracol que acaba de coger-. Crea que vendras a verme antes. Yo si he ido a verte.
         -Durante cinco minutos, entre dos juegos de pelota del domingo -le acus ella-- He estado muy ocupada. Alguien tiene que cocinar para mam y pap
         El viejo ri. Limpi el caracol con su camisa y le dijo:
         -Ya se lo has contado?
         --Contarles, qu? -pregunt ella asombrada.
         -Lo del nio.
         Amelia se qued helada. Su abuelo era muy perceptivo. Se pregunt si se lo habra dicho alguien o simplemente lo habra adivinado.
         -Lo he adivinado por tu expresin -aclar l adelantndose a su pregunta-. La he visto muchas veces y s reconocer los signos. Recuerda que tu abuela y 
yo tuvimos seis. Tu padre tambin lo hubiera advertido si no estuviera tan embebido con tu madre. Ellos nunca se fijan en ti. Yo si.
         -Siempre he pensado que tu eres la nica persona que me quiere de verdad por m misma -le dijo con cario.
         -Eres mi nieta favorita. Siempre lo has sido. La mejor de mis quince nietos. Fuiste la nica que acudi a mi lado  cuando tu abuela muri. Responde, vas 
a decrselo?
         --No puedo -respondi-. Son como dos nios. 
         -Y qu hay del padre?
         -Me odia -Ie confes con un suspiro.
         -Crees eso? -pregunt l. Levantando la vista-. Te apuesto diez a uno a que no es as; de otra manera, por qu hubiera venido?
         -Venido? -Amelia frunci el ceo y volvi la vista en la misma direccin que su abuelo.
         De pronto, se sinti enferma. Ella slo conoca un hombre que fuera tan grande. Levaba puesto un traje gris y pareca tan amenazador como un toro a punto 
de embestir al torero.
         -Supongo que le conoces -le dijo su abuelo riendo.
         -Me temo que s -respondi Amelia atemorizada.
         -Buenos das-dijo el anciano al recin llegado-. Hace muy buen tiempo para pescar, quiere probar suerte?
         -Eso depende de la presa -respondi Worth con frialdad.
         Sus ojos reflejaban su furia y estaban fijos en la cara ruborizada de Amelia.
         -Creo que pasear un poco playa abajo -dijo el abuelo guiando un ojo a Amelia-. Grita si me necesitas. Pngale una mano encima -advirti a Worth en tono 
amenazador- y sabr por qu dicen que nosotros los de Georgia, somos tan impulsivos -se alej silbando una meloda y bajndose su gorra de capitn sobre los ojos.
         Amelia Ie sigui con la mirada. Le habra gustado que se hubiera quedado.
         -Supongo que es tu abuelo -coment Worth.
         -As es, como est tu abuela? -pregunt ella sin levantar la vista de sus limpios zapatos.
         -Enferma -le dijo-. As que no pudiste soportarlo. La carga de una invlida fue demasiado para ti.
         -Ese no fue el motivo por el que me fui.
         -Por supuesto que s.
         Se llev la mano a un bolsillo y sac un cigarrillo. Lo encendi, sin apartar la vista de ella un solo instante.
         -Estuviste a punto de engaarme, Amy. Realmente crea en ti, pero todo era una farsa. Dejaste a mi abuela sola en la casa antes que ella pudiera moverse, 
y saliste corriendo en el momento que yo te di la espalda.
         -No sal corriendo -le aclar ella. Le dije que me marchaba y por que.
         -Ni siquiera me dijo que te habas marchado. No me he enterado que te habas ido hasta que he vuelto. Eres una farsante. Eres como el resto de las de tu 
sexo, slo a la caza de lo que puedan atrapar.
         -Rechac tu coche!, no es as? -le gir Iterada eso asustaba. Si perda al nio, nunca
         -Mrchate, Worth, djame en paz!
         -Ni lo pienses -seal-. Vas a volver conmigo, seorita Glenn. Podrs presentar tu renuncia con un mes de antelacin, y luego te irs si lo deseas, pero 
no desaparecers cuando se re antoje.
         -No volver contigo -musito.
         -Por supuesto que s. O quieres que les explique a tus padres cul es nuestra relacin? -la desafi, dando una larga calada a su cigarrillo mientras la 
vea palidecer.
         -Por qu quieres que vuelva? T me odias.
         --A mi abuela le gustas -replic l con voz cortante-. Se esta muriendo. Se ha dado por vencida y todo porque t la abandonaste. He pasado demasiadas horas 
de agona como para permitir que ella se deje morir. Vas a volver a casa conmigo para ayudarme a conseguir que recupere las ganas de vivir.
         -No puedo! -repiti ella.
         Sus ojos se llenaron de lgrimas al levantar la vista.
         Amaba sus duras facciones, cada uno de sus rasgos. Su corazn se estaba rompiendo en mil pedazos, y l estaba demasiado ciego como para verlo.
         -Est bien. Entonces hablar con tus padres, dijo y se dio la vuelta.
         Ella le agarr de una manga y le dijo con desesperacin.
         -No puedo volver a Chicago - murmuro.
         -Por qu no? Tu conciencia te lo impide? -la desafi.
         -T eres el que siente remordimientos de conciencia. Verdad?-le dijo ella bajando la vista-Ya... ya tengo otro trabajo.
         -Cunto lo siento. Vamos, te ayudar a recoger tus cosas.
         -No         es posible que ella haya recado por mi causa -gimi ella. La destrozaba con la mirada- Ella es lo nico que me queda en la vida, no voy a permitir 
que se muera sin luchar. Si te necesita a ti para seguir con vida te tendr.
         -Sin importar lo que me pase a m? -pregunt Amelia.
         -Qu puede pasarte a ti? -exclam l sin mirarla a los ojos, emprendiendo la marcha hacia la casa. Ya no significo nada para ti, pero pensaba que ella 
si te importaba.
         -Y as es.
          -Pues vaya una forma de demostrarlo!
         Amelia no se molesto en contestarle. Dado su estado de nimo en ese momento, no servira de nada. Le sigui el paso arrastrando los pies. Le gustaba andar, 
pero ahora se cansaba con mucha facilidad. Cuando llegaron a la casa, estaba tan plida como el papel.
         -Hola, querida! -exclam Peggy desde el prtico. Veo que le ha encontrado, seor Carson.
         -En efecto -replic. Tir su cigarrillo y lo enterr en la arena con un zapato-. Y bien? -pregunt a Amelia-, se lo digo o no? Amelia subi los escalones, 
evitando la mirada de su madre.
         -Tengo que volver a Chicago -le dijo a su madre-. La seora Carson ha empeorado.
         -Cunto lo siento! -comento Peggy, mirando el rostro grave de Worth.
         -Yo tambin -aadi Jack, dando un apretn a su hija en el hombro-. Ya empezaba a acostumbrarme a tenerte de nuevo en casa.
         -Volver antes de lo que crees -inform Amelia, dando un beso a su padre-. Ser mejor que vaya a hacer mi maleta -no volvi la vista hacia atrs.
         Worth condujo un coche alquilado hasta el aeropuerto de Savannah sin apartar la vista de la carretera. Cruzaron la hermosa ciudad surea con sus bonitas 
casas y. gran cantidad de plazas y altos rboles. Amelia adoraba su arquitectura y en otras circunstancias habra disfrutad del viaje, pero el hombre que conduca 
no era el mejor de los compaeros para comentar el recorrido, y no hizo ningn intento por entablar conversacin. Qu poda hacer?, se preguntaba una y otra vez.
         El viaje en el avin la mataba, lo saba muy bien. Apenas haba despegado el aparato cuando las nuseas la obligaron a correr hacia los lavabos. Se lav 
la cara con una toalla de papel hmeda y volvi a su asiento.
         -Ests bien? -la interrog Worth con el ceo fruncido.
         -He tenido una gripe -le minti-. No me encuentro bien.
         -Tienes que tomar alguna medicina? -pregunt l mientras la estudiaba.
         Amelia la llevaba consigo, pero no le gustaba tomar medicamentos. Tema que pudieran hacer dao al beb, a pesar de que tanto el mdico como el encargado 
de la farmacia le haban asegurado que no haba ningn peligro.
         -No me gusta tomar pastillas -le respondi en voz baja.
         -Te gusta ms vomitar? -replic l.
         Echando chispas por los ojos, se volvi en su asiento.
         -Odio a los yanquis -le dijo con frialdad.
         -No fue eso lo que me dijiste la noche anterior a la intervencin quirrgica de mi abuela -respondi l sosteniendo su mirada.
         Amelia cerr los ojos. No quera recordar. Sac una pastilla de su bolso, teniendo buen cuidado de que Worth no viese el prospecto, ya que en letra grande 
se especificaba que se trataba de un medicamento contra el mareo en las primeras etapas del embarazo. La trag con ayuda de un sorbo de caf.
         -Te encuentro rara -le dijo Worth despus de un rato.
         -No he comido -le indic tajante-. Cmo esperas que me sienta? Estaba paseando por la playa para ver si mi estomago se asentaba y tan pronto como te vi 
se volvi a revolver.
         Worth sonri a su pesar.
         -Dios mo, parece que han pasado siglos desde que te vi por ltima vez!
         -De verdad crees eso? Yo confiaba en que pasaran aos antes que tuviera que volverte a ver. Me refiero a aos luz -aadi con un tono glacial.
         Furioso, Worth encendi un cigarrillo.
         -Te importara apagarlo?-le desafi-. Me siento bastante mal.
         -Ests haciendo las cosas  ms difciles. Coment Worth despus de apagar el cigarrillo con un gesto de disgusto.
         -T tambin. Siento lo de Jeannette, la quiero mucho, pero no me puedo pasar toda mi vida en Chicago, en especial si tengo que estar cerca de ti. Te odio.
         Worth no movi ni un msculo. Pareca haber dejado de respirar. Cogi una revista de la bolsa que haba en el respaldo del asiento de delante y empez a 
verla, como si nada en el mundo pudiera preocuparle.
         Amelia se reclin en su asiento con lgrimas en los ojos. Se senta,  enferma, sola. Qu hara si l adivinaba lo que le pasaba? Qu le dira a Jeannette? 
Nunca se haba sentido tan intil. Y a l no le importaba. Eso era lo que ms la dola. No le importaba.
         De haber visto los ojos negros que estaban fijos sin leer en la revista, quiz hubiera cambiado de opinin. Estaban tan atormentados, que habran intensificado 
sus lgrimas.
         Horas ms tarde, Worth conduca a su casa. A su lado, Amelia estaba adormilada, tanto por la pastilla, como por la larga travesa, pensaba meterse en la 
sauna, pero estaba segura de que Worth no se lo permitira.
         Se haba sentido muy mal cuando se despidi de Jeannette, y ahora las dos se veran obligadas a vivir la misma escena.
         Qu hara para poder marcharse por segunda vez?
         Worth sac su maleta del maletero y lo cerr.
         -Toma -le dijo arrojndole la pequea maleta de fin de semana-. Sirve de algo.
         Amelia la dej caer con toda intencin, temiendo que el esfuerzo por atraparla pudiese perjudicar al nio. Cay sobre los escalones y los frascos que llevaba 
en su interior se hicieron aicos.
         -Dios mo, disclpame - contest l tajante, inclinndose para recogerla-. No me haba dado cuenta de que estuvieses tan dbil que no pudieras llevarla. 
Abre la puerta entonces.
         Amelia le obedeci sin mirarle.
         Algo ms -le dijo l detenindose en el exterior, con mirada amenazadora-. No te hagas ninguna ilusin de quedarte mas tiempo que el estrictamente necesario 
para que ella se recupere. No quiero que te quedes aqu. Cuanto antes salgas de mi vida para siempre mejor, fuiste una diversin muy interesante en aquel momento, 
pero ya me he cansado de ti. Me estorbas.
         -El sentimiento es mutuo.-coment ella en un murmullo.
         La acompa hasta la puerta de Jeannette y se detuvo antes de abrirla.
         -Pasa. Dejar tus cusas en tu habitacin.
         Amelia abri la puerta y Jeannette levant la vista. Pareca tener ms edad y se la vea cansada, dbil y con la palidez de la muerte.
         -Oh, Jeannette -exclamo Amelia, corriendo hasta la cama.
         La anciana le tendi ni brazos.
         Mi querida nia-murmuro. Cunto te he extraado. Te ha obligado l a venir? Por que estas aqu? Cmo ests? El viaje ha debido ser terrible para ti.
         -Si -Amelia asinti con la cabeza apoyada contra el pelo plateado de la anciana- Pero ahora me alegro de haber venido. Qu es lo que le ha pasado a usted?
         -No tengo apetito-le dijo Jeannette con voz cansada-. Ya no tengo deseos de vivir. Te lo dije antes de que te fueras, querida, ya no tengo ningn aliciente 
por el cual vivir.
         -Pero tiene que hacerlo -le dijo Amelia, sentndose en la cama y cogindole una mano. Worth ya ha vuelto.
         -S. Est en casa diez minutos al da. Y cuando est aqu, maldice como un carretero y da voces a la servidumbre... no s qu le ha pasado, pero el cambio 
ha sido terrible.
         -Y qu hay de la enfermera qu iba a contratar? -pregunto Amelia.
         -Odio a las enfermeras. Levant la vista para mirarla. Te he extraado. Lo pasbamos muy bien las dos juntas.
         -Yo tambin le he extraado, respondi Amelia con una sonrisa-, pero no se cuanto voy a poder vivir aqu, hasta que l considere que ya es suficiente. Temo 
que llegue a darse cuenta.
         -Deberas decirle. Te entendera. La culpa no es toda tuya. El hombre tambin tiene que aceptar su responsabilidad. Sabes que es imposible quedarse embarazada 
sola; incluso Worth tendra que comprenderlo.
         -Embarazada?
         El hombre que estaba junto a la puerta se haba quedado terriblemente plido. Sus ojos recorrieron a Amelia mientras su mente trabajaba velozmente. Sus 
nuseas, la ropa suelta. La forma en que haba evadido la maleta que el le haba tirado, su deseo de no acompaarle en el viaje. Cerr los ojos.
         -Cielo Santo! - . Murmur-. Y yo te he obligado a venir, poniendo a la criatura en peligro. Qu he hecho?
         
        Captulo Once
         
         Amelia le contempl sin decir nada. Pareca deshecho por lo que acababa de saber de forma tan inesperada, pero cmo se senta acerca del nio? Atrapado, 
disgustado... cmo? Sus grandes ojos azules le observaban con cuidado, como un cazador. Worth la miraba fijamente, como si la viese por vez primera.
         -Lo siento -, le dijo Amelia con voz temblorosa-. Yo no quera volver aqu, t lo sabias. Si t no hubieras ido, nunca te habras enterado.
         -Dios mo! -Exclam---. Ese es el motivo por el cul te marchaste?
         -Por supuesto que ese es el motivo --intervino Jeannette mirndole disgustada. Amelia tema que la despreciaras si ti enterabas. Me hizo jurarle que guardarla 
el secreto antes de marcharse.
         Amelia luchaba por buscar las palabras apropiadas. Se mova inquieta en la cama.
         -Le he dicho a tu abuela que el padre no sabe nada - dijo Amy, tratando de crear la impresin de que el padre de la criatura no era l. No quera delatarle.
         Le suplic con la mirada que siguiese adelante con su juego, que evitase a su abuela la preocupacin de un escndalo.
         -No quiero que e l se entere. EI nio es mo. Lo tendr y lo cuidar yo sola.
         -No hars tal cosa -le dijo Jeannette-. Te quedars aqu y yo te ayudar y si a Worth no le parece bien, puede mudarse a otra parte -aadi, dirigiendo 
una mirada fulminante a su nieto-. Un nio en la casa podra mantenerme viva muchos aos mas. Adoro a los nios.
         Por fin, Worth consigui moverse del marco de la puerta y entr en la habitacin. Se pas una mano por el pelo, hacindolo caer en desorden sobre su frente. 
Amelia baj la vista hasta la cama para que los recuerdos no la atormentaran.
         -Es asombroso que trates de protegerme despus d la forma en que yo te he tratado -dijo Worth en voz baja.
         Se dej caer en la silla que estaba junto a la cama y miro a Amelia mientras Jeannette frunca el ceo. Cogi la mano libre de Amelia entre las suyas y 
miro a su abuela.
         -Tengo algo que confesar -le indic-. Yo soy el hombre que Amy trata de proteger. Acud a su lado en busca de consuelo la noche anterior a tu intervencin 
quirrgica, abuela, y gracias a una generosidad mal entendida, ella se entreg a m. El nio es mio.
         -Worth! -exclam Amelia con tono lastimero-. Cunto lo siento!
         -Se necesitan dos... - dijo l apretndole la mano.
         La cara de Jeannette brillaba de felicidad, sus ojos adquirieron nueva vida y contuvo el aliento.
         -Entonces ese nio ser mi biznieto? -exclam Jeannette.
         -Me temo que s --respondi Worth con mal humor fingido. Dirigi la mirada hacia la cara avergonzada de Amelia-. No existe ninguna otra posibilidad de que 
el padre del nio sea otro.
         Los labios de Amelia temblaban. Baj sus ojos llenos de lgrimas a su regazo y las lgrimas cayeron sobre la mano de Worth.
         -No -murmur l-. No llores. Todo saldr bien.
         -Por supuesto que s, cario -aadi Jeannette con gentileza.
         Extendi la mano y acarici la cabeza de Amelia-. Worth y yo nos haremos cargo de ti. Un nio -dijo en un suspiro.
         Ya no era la anciana derrotada que Amelia haba encontrado unos minutos antes. De pronto, algo acudi a su mente:
         -Pero, Santo Dios, Worth, no estis casados!
         -Lo estaremos esta semana -respondi l, con tono imperturbable; se puso de pie- y no te niegues -indic a la joven que estaba a punto de protestar- Si 
lo haces, te juro que llamare a aquel fotgrafo que te hizo la foto con el impermeable para darle un informe que le har ganar el Premio Pulitzer y enviar una copia 
a tus padres, Amy. Hablo en serio. Te casaras conmigo, lo quieras o no.
         -Maldito seas! -exclam furiosa Amelia.
         -As que esa es la forma en que la hiciste volver contigo-murmur Jeannette mientras estudiaba la cara de su nieto. La amenazaste con decirles a sus padres 
lo que haba pasado entre vosotros, verdad?
         -Era la nica manera de hacerlo -confes l con un suspiro-.Amelia y Jeannette intercambiaron significativas miradas. Worth se acerc a la ventana y descorri 
las cortinas.
         -Es curioso -dijo l con una sonrisa- Puedo hacer clculos mentalmente, puedo pelear y vencer a mis competidores en la lucha por un contrato, puedo levantar 
enormes rascacielos, pero cuando se trata de personas, tardo mucho en conocerlas -se volvi lentamente y mir a Amelia de arriba a abajo con gesto apesadumbrado-. 
Amy, hoy te he dicho cosas terribles. Espero que algn da llegues a perdonarme por lo que he dicho y por lo que te he hecho. Si te sirve de consuelo, la situacin 
tampoco me gusta a m.
         As que no quera al nio, pens ella. Bueno, eso ya Io sabia, o no? Se sinti envejecer por instantes.
         -Por qu no vas a acostarte -le dijo Jeannette con dulzura- Ya me siento mejor. Incluso me atrevo a decir que tomara una cena monstruosa ahora que ya 
tengo un aliciente. S hacer punto, lo sabas? Har cien preciosos patitos y gorritos--. Oblgala a descansar, Wortfl -pidi a su nieto-. Necesita mucho descanso.
         -Y mndame a Baxter, quiero que me compre unos sellos -anunci-. Tendremos que poner un anuncio en los peridicos anunciando vuestro matrimonio, Amy debe 
llamar a sus padres...
         Con un gesto, Worth le pidi que salieran de la habitacin dejando que Jeannette siguiera pensando en todos los detalles.
         Amelia se apart de l inmediatamente y se dirigi a la habitacin para huspedes. Al ver la cama, los recuerdos volvieron a su mente, reviviendo aquella 
ocasin en que haba estado con Worth en el mismo sitio.
         Su maleta y sus pertenencias estaban en el armario, nica nuestra de su presencia. Percibi el aroma a perfume y supo que provena de los frascos rotos, 
de su bolsa de cosmticos.
         -Te comprar nuevos artculos de tocador -le dijo Worth--. Siento haberte tirado la maleta con ellos. De haber sabido que estabas embarazada, nunca lo habra 
hecho.
         -No te molestes en tratarme como si fuera de cristal -le dijo ella con tono cortante. Se sent en la cama y se recost con un suspiro. Estoy tan cansada... 
-murmuro antes de cerrar sus ojos.
         -Cansada, enferma y alterada, y todo por mi culpa -coment l en voz baja.
         Se inclin y le quit los zapatos, luego le cubri las piernas con una manta. De pronto, se sent a su lado, y Amelia abri los ojos.
         -No te har, dao -le dijo con gentileza. Pos una mano sobre su cabeza y le apart el pelo de la cara-. Me arrepiento de todo.
         Amy cerr los ojos para que no viese sus lgrimas. Podra haber tolerado su enojo, pero su ternura la derrotaba
         Trataba de impedir que te enteraras-dijo con la voz quebrada.
         -Lo s -respondi l-. Abre los ojos, Amy -le dijo tocando sus labios con la mano.
         Cuando le mir, reconoci que estaba mirndole con una expresin inexplicable.
         -Por qu no queras que supiera lo del nio? -pregunt con gentileza.
         -Porque no sabia cmo reaccionaras, ni siquiera saba si aceptaras que el nio era tuyo -respondi inquieta.
         -Es qu has perdido la razn? -pregunt l-. Cmo poda ser de otro hombre?
         -Podras haberme acusado de haber mantenido relaciones no solo contigo -murmur ella.
         -Por supuesto. 
         -Con quin?
          -Con Baxter.
         Amelia apret los labios.
         Worth sonri levemente.
         -Has dado a la abuela una importante razn para vivir. Ahora ya tiene un motivo por el cul luchar.
         -S, ya lo he advertido -respondi, alguien que se alegra de todo esto.
         -Y t no? -pregunt l con gentileza. Es que no deseas el nio?
         -Por supuesto que s, pero t no.
         -Y eso? -exclam extraado.
         -No queras ningn compromiso. Recuerdas? -grit, incorporndose para verle mejor-. "No quiero ataduras", me dijiste, "slo un interludio placentero".
         -Y yo que pensaba que te habas entregado a m slo por lstima.
         -Sent lstima de mi misma por ser tan estpida y...
         Worth la oblig a callar, posando sus labios sobre los de ella. Amelia trat de echarse hacia atrs, pero l la detuvo colocando una mano en su cuello.
         -No -murmur l-. No te muevas.
         -Worth, no lo hagas, por favor...
         Pero sus labios la dejaban indefensa y antes de haber podido hacer acopio de la fuerza de voluntad suficiente para resistirse, la vieja magia empez a apoderarse 
de ella. Sinti que su boca se suavizaba, abrindose a sus labios persuasivos. Sinti que su lengua jugaba sobre sus labios, insistente. De pronto, sus brazos la 
atrajeron en un abrazo clido y ferviente.
         -Oh, Worth -gimio.
         Los brazos de Amelia subieron a su cuello y su boca respondi hambrienta. En un instante todo el mundo haba empezado a girar alrededor.
         -Mi hijo -murmuro Worth contra sus labios, hacindola reclinarse sobre la cama-. Llevas a mi hijo...
         Amelia se dej ahogar en besos suaves y ardientes, arqueando su cuerpo cuando l empez a acariciarle los senos. La joven abri los ojos cuando l levant 
la cabeza; sinti fro se dio cuenta de que Worth ya le haba desabrocharlo el vestido. La miraba, apreciando los cambios que su incipiente embarazo ya le haba 
efectuado a su organismo.        
          -Muy hermosa -murmur l con una sonrisa, apreciando lo que estaba a su vista.- Tus pechos han crecido.
         -Estn hinchados -Le dijo ella apenada.
         -Eso est ms oscuro - seal l, trazando el contorno de un pezn.
         Baj la vista a su estomago,  apreciando su ligera hinchazn encima de la braguita tipo bikini que ella llevaba. Titube antes de acariciarla, como si temiera 
hacerle dao. La mir a los ojos.
         -Un nio! -exclam sin quitarle la vista de encima-. Nunca he hecho el amor conectndolo con esto -confes-. Nunca pens que un nio pudiera ser consecuencia 
de ello.
         -Los hombres nunca piensan eso, verdad? --pregunt ella con gentileza-. Crees que las mujeres encuentran a los nios en el jardn, entre las flores?
         -No -respondi l sonrindole. Su cara irradiaba ternura, ya no era amenazadora ni fija.
         -Siento haberme ido con tanta rapidez -le dijo-. Jeannette me prometi que contratara a una enfermera, y yo estaba muy asustada...
         -Lo supongo -replic l, inclinndose para besarla en la frente-, Yo me march como un lobo para lamerme las heridas. Pens que podra olvidarte, por eso 
no quera hablar contigo cuando llamaba por telfono. Cuanto lo siento! Podas habrmelo dicho todo, si las cosas no hubieran estado tan tirantes entre nosotros.
         -Dices que te marchaste para lamerte las heridas? 
         -Heridas? -pregunt ella, asombrada por su inesperada confesin.
         -No me dejaste besarte cuando nos despedimos -coment l-. Te alejaste de m como si te molestara.
         -Oh, no! exclam ella reteniendo el aliento. No me molestabas! Pensaba que me odiabas; sabia que si permita que me besaras, sucedera lo mismo que hace 
un minuto y caera hecha pedazos, permitindote adivinar que todo era una farsa.
         -De eso se trataba? - pregunt l. No era ms que un escudo?
         -No era ms que orgullo. No me queras y yo lo saba. No quera obligarte a nada.
         -Qu no te quera? -Worth ri con amargura. Como si lo que estaba escuchando le resultara divertido. Mir su desnudez-. Te deseaba tanto! -su pecho se 
alz con fuerza- Perd un acuerdo por no poder con concentrarme. Me iba a la cama con el recuerdo de tu boca en la ma, y me despertaba llorando porque quera darme 
la vuelta para despertarte con un beso y no estabas all. Me he sentido vaco durante semanas, meses cuitean, y- esperaba que al volver a casa pudiera convencerte 
de que no habas sido una medicina que tom para aliviarme. Pero cuando volv me entere con que ya te habas marchado.
         -Worth, permteme decirte algo que quiz tranquilice tu conciencia -le dijo acaricindole el pelo con un gesto de compasin. Despus de todo, quizs en 
cierto sentido l hubiera sufrido tanto como ella-. Yo tambin te deseaba. No me obligaste.
         -Pens que me odiabas, coment l entrelazando sus dedos en los de ella-, me odio por la forma en que sucedieron las cesas.
         -Yo tambin estaba preocupada por Jeannette -le indic ella-- No tanto como t estoy segura, pero comprenda a la perfeccin la situacin por la que estabas 
pasando. Saba que no eras completamente dueo de ti mismo, pero no me import. Y me diste ms placer que el que jams imagin. Me enseaste que todava no era demasiado 
vieja para ser mujer.
         -Eres la mujer ms apasionada que he conocido en mi vida, Amy!-murmur l. Sacudi la cabeza al volver a mirar la piel rosada que haba descubierto-- Qu 
hermoso cuerpo tienes, seorita Glenn! -Sus dedos trazaron la ruta hasta su abdomen- Vas a permitirme disfrutar de tu cuerpo cuando nos casemos, Amy? Querrs dormir 
conmigo?
         Esa era una maravillosa idea que la hacia temblar de placer.
         -Si me deseas, respondi ella.
         -Claro que te deseo -le dijo riendo-Y tratare de reducir mis viajes todo lo que me sea posible para seguir contigo todas las incidencias del embarazo --mir 
su cuerpo desnudo por ltima vez y volvi a abrocharle el vestido. Descansa un poco, querida. Te ver despus.
         Amelia se ruboriz ante el pensamiento de estar con l, de dormir en sus brazos. Los dos estaban muy heridos por lo ocurrido en los ltimos meses, pero 
le amaba. Y l la deseaba. Quiz todava hubiera alguna esperanza.
         La boda se celebr una semana despus, en un juzgado de paz. Una Jeannette temblorosa, un radiante Baxter, actuaron como testigos de la breve ceremonia, 
Worth pareca entusiasmado y Amelia se senta sorprendida y complacida por la facilidad con que l haba aceptado su nuevo estado de vida. Estaba tan atento y gentil 
con ella que el mismo Baxter empez a sonrer. Una maana, Worth le llev el desayuno a la cama y no quedando satisfecho con lo que ella haba comido, la oblig 
a comerse todo, dndola de comer l mismo. La ternura con la que la trataba, la hacia sentirse feliz.
         Decidieron no emprender ningn viaje de bodas, porque Worth no quiso que Amelia volviera a subir a un avin, a pesar de las protestas de ella en el sentido 
de que ya estaba bien. Debido a eso, Jeannette decidi pasar unos das con una amiga que viva en la ciudad y no acept ser disuadida de su empeo. Necesitaban tiempo 
para ellos solos, les dijo, y los hizo callar. Ya se senta bien y quera salir de casa. Parti temprano por la tarde. Worth y Amelia cenaron juntos y se dedicaron 
a ver una pelcula de video. Se trataba de una historia de amor, algo que ella nunca imagin que le gustara a l. La pelcula era una romance de enredo y Amelia 
estuvo todo el rato rindose.
         -La vi en Nueva York y tuve que alquilarla -le dijo Worth-. La herona me recuerda mucho a ti. Impulsiva, aventurera y, muy, muy hermosa.
         -En realidad me considero simple, coment Amelia. Ruborizndose por el cumplido.
         -En realidad; ests embarazada -replic el, mirndola con adoracin.
         Se encontraban juntos en un sof pequeo de la enorme sala. Las puertas y las cortinas estaban cerradas y las luces apagadas. A excepcin de la imagen del 
televisor y el ruido producido por el video mientras la pelcula se rebobinaba, la habitacin pareca un desierto oscuro.
         La respiracin de Worth se hizo audible. Acarici el cuello de Amelia con gran suavidad. Luego inclin la cabeza y entonces pos sus labios sobre los suyos. 
Amelia le dej hacer.
         -Te deseo -murmur l junto a sus labios-. Quiero poseerte en este momento.
         Amelia abri la boca cuando l empez a acariciarla, con manos tiernas y amorosas.
         -Worth, los criados...
         -Ya son las nueve y se han marchado -volvi a besarla.
         Su respiracin era muy agitada y se podan or los latidos de su corazn. Amy gimi antes de hacer su beso mas intenso.
         -Oh, Amy, no puedo ms, djame... permteme -le dijo reclinndola contra los cojines.
         -Worth, eres tan grande... -protest ella sin aliento al sentir el peso de su cuerpo excitado.
         -No te har dao -murmur l-. No le pasar nada al nio.
         -Lo s -contest ella riendo-. Pero cario, este sof es demasiado pequeo!
         -Vuelve a llamarme as -murmur l mientras sus manos se encargaban de desabrocharle el vestido.
         -Cario -le complaci.
         No tard en quitarle la camisa, y contuvo el aliento al sentir el vello de su pecho entre sus manos. Le acarici con abandono, encendida por la larga abstinencia, 
por los recuerdos de su pasin anterior.
         -Cario, yo tambin te deseo. Te deseo tanto, Worth.
         -Te dar mi cuerpo -murmur l, quitndose el cinturn-. Todo, en un momento. Ha pasado tanto tiempo. Tengo hambre de ti, Amy.
         Los brazos de Amelia le envolvieron cuando l se movi buscando espacio suficiente para poseerla con un movimiento dulce, y lento.
         -S -exclam tembloroso y feliz, ella dej escapar un gemido-. Si! Dios mo! Me haces arder...!
         Amelia quiso repetirlo, pero estaba tan excitada que no pudo articular palabra. Cerr los ojos y dej que la tensin creciera y creciera hasta que salt 
como un resorte y la lanz a las exquisitas llamas del xtasis.
         l temblaba. Ella volva lentamente al mando de la realidad, sintiendo el pesado latir de su corazn, su respiracin agitada, la humedad de su piel en la 
suya, su peso formidable. Acaricio sus hombros y le sonri a la vez que apoyaba la cabeza en su cuello.
         -Worth -murmur adormilada.
         -He perdido el control -respondi l-. Perdname...
         Le mordi con delicadeza y ri al ver que l se estremeca.
         -Yo tambin lo he perdido, as que no tienes por que disculparte.
         -Adoro verte en este estado -coment l contemplando sus ojos azules llenos de satisfaccin-. Le habr pasado algo al nio? -pregunt de pronto.
         -No -le dijo ella sonriendo cuando el llev su mano a su abdomen. Con sus largos dedos la apret ms contra ella-. Simplemente, tendr que tener cuidado 
durante las ltimas seis semanas.
         -Ya ests casi de tres meses, no es as?
         -Casi. Dentro de un mes y medio empezara a moverse -aadi y ri al ver su expresin de asombro-. No lo sabias, Worth? Suelen dar patadas. En un principio 
slo sern pequeos movimientos, pera ms tarde podremos distinguir sus pequeos pies y manos. Worth!
         Worth tena los ojos llenos de lgrimas. Lanz un rugido y escondi la cara en su garganta. Ella le abraz asombrada.
         -Sali a relucir mi ascendencia italiana -murmur l sin sentirse avergonzado. Mordisque su cuello-. Me emociona mucho el pensar en que voy a ser padre 
-respir profundamente.
         -Realmente quieres al nio? -pregunt ella con gentileza.
         -Por supuesto que s. Le querr con locura, Amy.
         -Yo tambin --cerr los ojos al volver a acercarle contra ella-- Ser alguien de mi propio ser en quien poder volcar mi amor. Mis padres cuentan, pero se 
aman tanto que ya no hay lugar para otro ms.
         -Me di cuenta --acept l. La bes en la oreja, la sien, los ojos-. Yo slo he contado con la abuela y siempre he sido el segundo -suspir-. Hubo una mujer 
que dijo amarme y slo quera apoderarse de lo que tena. Yo tambin he sido desafortunado en el amor, Amy.
         Amelia le acarici la cabeza.
         -Worth... yo... -trag con dificultad, buscando las palabras adecuadas mientras su cuerpo permaneca extraamente inmvil-.
         -Te importara mucho si... bueno... si yo... algn da... llegara a enamorarme de ti?
         Worth empez a respirar de nuevo de forma irregular.
         -Crees que podras hacerlo? -murmur titubeante-. He sido muy cruel contigo.
         -Slo porque yo te hice dao sin saberlo -Amelia le bes en el cuello-. Oh, Worth -murmur- si me dejas amarte, creo que sera la mujer ms feliz del mundo!
         Un sonido extrao escap de la garganta de l. Desliz su boca por la mejilla de Amelia hasta encontrar sus labios y la bes con entera sumisin. Su cuerpo 
temblaba y ella advirti en sus mejillas una humedad que no vena de sus propias lgrimas.
         Permitirte -repiti l con un gemido-. Cielo Santo. No sabes qu es lo que siento por ti? No puedes verlo, orlo, sentirlo?
         -Levant la cabeza y la mir a los ojos con un hambre que ni una mujer ciega podra dejar de advertir-. Amy, yo tambin te amo! Te amo tanto!
         Amelia le atrajo a sus brazos, de sus ojos brotaban ardientes lgrimas mientras le besaba, saborendole, adorndole con su boca, sus manos y su cuerpo. 
Era un sueo convertido en realidad.
         -Ahora hazme el amor -murmur ella con la voz quebrada, mordisqueando la boca de Worth-. Tmame sin reservas, no nos detendremos ante nada, querido.
         El le tomo la cara entre sus manos y pos sus labios en los suyos.
         -S -murmur.
         La hizo parte de l, la observ estremecerse contra l, contemplndolo, sintindolo.
         -As es el verdadero amor -le indic y todo volvi a empezar.
         Ya pasada la medianoche, la llev a la habitacin, dejando sus ropas esparcidas por la sala y el video todava encendido. Todos se enterarn de lo que hemos 
hecho -le dijo Amelia adormilada.
         -Todos son humanos y tambin estn casados -la record-. Djalos que ran un poco. Esta es mi noche de bodas y todo me importa un bledo. Nadie puede esperar 
que sea prudente en una noche como esta.
         -Si hubieras tenido alguna prudencia, yo la habra hecho desaparecer -brome ella con mirada soadora-. Worth, de haber seguido Jeannette mejorando, de 
todos modos habras ido a buscarme?
         -Por supuesto. Sabes bien que no estaba muy enferma -confes-- , slo se senta sola y yo tambin. No poda vivir sin mi corazn, por lo que fui a buscarlo 
a Georgia para traerlo de nuevo a casa -la apret ms contra su pecho-. Nunca lo dejar escapar de nuevo.
         -Me alegro. Y el nio? De verdad no te importa? La dej sobre la cama con expresin divertida.
         Bueno, djame demostrarte qu es lo que pienso del nio-abri las puertas de su armario y de l cayeron una gran cantidad de osos de peluche, guantes y 
bates de bisbol, muecas, juguetes mecnicos y mil cosas mas-. Ahora -le dijo con los brazos en jarras-, todava tienes duda?
         -No, querido -respondi ella riendo-- Ya no me queda ninguna.
         Le tendi los brazos y Worth volvi a su lado mientras la luz brillaba en los ojos de un oso de peluche. El juguete pareca rerse cuando la luz fue apagada, 
sumiendo a la habitacin en una clida y secreta oscuridad, llena de amor y nuevas promesas.
         
Escanado por Marialuis y corregido por Talla
         
         
         
         
         
         
         
         
